Madre y abuela a la vez

Pili supo que esperaba mellizos después de que su hija Ruth le anunciase su embarazo. La vida las puso de parto a la vez y las ha llevado a la misma habitación


redacción / la voz

«Mamá, ¿eres consciente? Yo embarazada, tú embarazada. Solo faltaría que nos pusiésemos de parto las dos a la vez», le dijo Ruth a su madre, Pili, cuando ella cogió aire y se lo contó. «Recuerdo el día que me enteré, estábamos tomando caldo en casa de mi abuela -dice Ruth Lendoiro, de 21 años-. Noté a mi madre rara, la vi muy seria. Me dijo: ‘‘Luego vienes a casa conmigo, ¿vale? Que tengo que contarte una cosa’’. ‘‘¿Que estás embarazada?’’, se me ocurrió. Y ella me dijo: ‘‘¡Sí, pero lo peor es que son dos! ‘‘. Lo peor entre comillas, porque no se lo esperaba. Mi reacción fue un ataque de risa. A veces no sabes si reír o llorar».

A Pili Loureiro le costó verle la gracia. «Los mellizos fueron un regalo, una sorpresa», cuenta esta mujer de 40 años que fue madre y abuela al mismo tiempo. Cuando se enteró de su estado de buena esperanza, ya tenía a dos hijos criados y aún daba el pecho a Vida, que tiene 15 meses. «No pensé que pudiese ocurrir», confiesa.

Pero la Vida se puso grande y quiso más. Y encargó dos niños de una vez: Francisco y Javier. Ellos han traído al mundo de la mano a su sobrina pequeña, la recién nacida Sofía, 3 kilos y 700 gramos de belleza tras un parto natural por el que a su madre no le han dado «ni un punto».

Hace casi diez meses que el amor se entendió con el azar para gestar esta historia. Y el fruto cayó en una habitación del Hospital Teresa Herrera, de A Coruña, donde se han reunido cinco generaciones de una familia. Con naturalidad, con ese ruido a vida que comienza. Y crece hasta rebasar los límites de la 450, la habitación en la que afrontaron juntas el posparto Pili y su hija Ruth.

Horas antes de dar a luz, Ruth estaba de visita en el hospital. Había ido a ver a su madre y a sus hermanos mellizos, que han dividido el nombre del padre. «Lo propuso el ginecólogo. El padre se llama Francisco Javier. Pues uno Francisco y otro Javier», dice Pili. Pili hija, la primogénita de Pili Pereira, abuela de Ruth. 

«La historia de mamá se repite»

Entre el Rosario y el Pilar se decidió la suerte de esta madre y esta hija unidas a muerte por la vida. Ruth salía de cuentas el 7 de octubre y el 12 era el día D para Pilar. «En honor a mi nombre, ¿ves?», dice esta mujer todo sonrisa. «No sé cómo voy a hacer, criarlos va a ser duro, muy difícil. Pero solo mirarles la carita lo compensa todo», relata ante la mirada de Javi, su marido, de 47 años, parado de larga duración dispuesto a «trabajar en lo que salga». Tanto él como Gabriel, el marido de Ruth, viven la crianza al pie del cañón. Como Pilar madre, que sacó sola tres hijos adelante, se quedó viuda con solo 20 años y hoy es lo que dice su nombre, un pilar en esta familia «que no acaba».

Tras sufrir lo suyo, Pilar Pereira se volvió a casar, la vida le devolvió a lo grande a su amor de la infancia («mi primo Luis, ya jugábamos de niños a ser marido y mujer») y le dio una hija más. «Para escribir un libro. Porque con mi hija Pili y mi nieta Ruth se repite la historia de mi madre, que tuvo mellizos a la vez que una de sus hijas se preparaba para dar a luz», cuenta refiriéndose a Natalia, Natalia Blanco, la gran matriarca a la que nada detiene a sus 89 años. «¡Mi madre es un traste! Pero quién nos diera a nosotras llegar así a su edad», dice sobre la tatarabuela su hija, Pilar madre (madre de Pili, abuela de Ruth, bisabuela de Sofía y de los mellizos Francisco y Javier). 

«La vida no deja de llegar»

¿Cómo es esto de vivir entre niños, y de ver a la abuela de 89 dar la bienvenida al mundo a tres tataranietos a la vez? «Uff. Es difícil de explicar -comparte Ruth-. La vida no deja de llegar. La vida no se acaba. Es que mi bisabuela, además, ¡está mejor que yo!». Sigue llegando gente a la familia y a la vez no se va nadie.

Pili, que dejó el domingo el hospital, fue la primera en pisarlo para salir con la vida en brazos, una vida en cada uno. Dio a luz el día 6, por cesárea, «porque Javier venía de cabeza, pero Francisco, de culo». Su hija Ruth la siguió días después, como si de la barriga aún le tirase el cordón umbilical de su madre. Ingresó por urgencias la noche del sábado, se fue a casa a las diez y volvió a la una. Sofía estaba a punto de llegar. «Yo supe que estaba de parto en cuanto le vi la cara, le dije: ‘‘Ay, Ruth, no sé yo si llegarás a mañana’’», dice su madre, Pili, que recuerda a la enfermera «desencajada, hablando sola, diciendo ‘‘pero ¿cómo, que tu hija sube del paritorio a esta habitación?’’». Sí. Tras Vida, el sueño de un padre hecho realidad, la vida dijo sí. Tres veces más.

«Es extraño y superbonito ver nacer a un hijo y a un hermano a la vez»

«No sé cómo decirlo, todavía no doy crédito. Es algo extraño y superbonito ver nacer a un hijo y un hermano a la vez», asegura Ruth, a la que esta mañana tenían previsto dar el alta en el hospital. «Aún me cuesta asimilarlo, expresar lo que sentí al ver por primera vez la cara de mis hermanos mellizos cuando Sofía estaba a punto de nacer», cuenta esta chica de 21 años que compartió habitación de posparto con su madre. La relación de Ruth con la pequeña Vida es especial, en parte porque a estas hermanas las separan 20 años, pero es fuerte la unión: «Vida es mi niña. Es mi otra niña -relata Ruth con emoción-. Con decir que a veces hasta me llama mamá. Ella y mi hijo Aarón se están criando juntos. A veces se matan [risas], pero se quieren muchísimo. Es genial».

«Al decirme que venían dos niños, casi caigo como un plomo. Me eché a llorar»

Impactó en el hospital y sigue provocando un lío en la familia a la hora de aclarar parentescos. Por ejemplo, «a ver, si Ruth es mi hija y Aarón mi nieto, mi hija Vida qué es de él», plantea con un humor a prueba de sorpresas Pili Loureiro, que ha sido madre y abuela casi a la vez, con dos días y unas horas de diferencia.

Su hija Ruth sintió enseguida a la vida crecer dentro. «Supe que estaba embarazada antes incluso de la primera falta. Tenía un presentimiento». Lo confirmó y no esperó a darle la noticia a su madre, Pili. «Me dijo: ‘‘Mamá, estoy embarazada’’ -cuenta Pili-. ‘‘Pero qué pronto, ¿no?’’, le dije. ‘‘¿Cómo no esperaste un poco más?’’. Se lo dije pensando en mí, que la había tenido a ella tan joven, a los 20 años. Pensé que sería mejor que disfrutase y se esperase un poco más. Pero a la vez fue una gran alegría para mí, así que pensé: ‘‘Pues a lo hecho pecho. Y ojalá le venga una niña’’».

Feliz de convertirse en abuela por segunda vez gracias a Ruth, Pili tardó en abrir los ojos y oírse por dentro: «Es cierto que tenía pérdidas, pero como estaba dando el pecho no creía que pudiese estar embarazada. No lo pensé. Me sentía bien, activa, no tenía ni sueño». Hasta pasadas las Navidades; el 12 de enero, recuerda, empezó a encontrarse mal. «Y dije yo: ‘‘Vaya herencia me deja mi madre, ay, este ardor de estómago...’’». Entonces vivía inmersa en la crianza de Vida, su pequeña hasta que los mellizos Francisco y Javier la hicieron mayor. «Vida es un sueño de su padre. Él le decía a sus amigos: Si algún día tengo una hija, la llamaré Vida». Y se cumplió. Los mellizos han llegado hace solo cinco días, en una suerte de capricho de la genética. «Por parte de mi madre hay gemelos, por parte de mi padre también. Las primas solían bromear: ‘‘A ver a quién le toca el mochuelo, a ver...’’. ¿Y a quién le fue a tocar? A la que menos lo buscaba, ¡a Pilita! A mí todo esto me parece un chiste», dice entre risas su madre, Pilar, con el pequeño Javier en brazos. 

«Todo pasó en cinco meses»

La vida giró para Pili en solo cinco meses. Porque fue casi al quinto mes de gestación cuando a ella la pudo la duda. «Empecé a preguntarme: ‘‘¿No será que estoy embarazada?’’ Fui a la matrona y me tranquilizó. Pero me sentía mal, volví al médico y entonces lo vio: ‘‘Piliña, estás embarazada, ¡y vienen dos!’’. Mira, menos mal que estaba una camilla, porque si no caigo como un plomo. Me eché a llorar».

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