Con 100 años, Facebook y WhatsApp

La ourensana Marina Díaz aprendió a manejar el ordenador hace apenas una década y hoy lo usa a diario


ourense / la voz

«Nunca pensé que sentada aquí pudieras solucionar prácticamente todo». Así de encantada se muestra Marina Díaz Rodríguez con las nuevas tecnologías. Esta ourensana, que hoy cumple cien años, se maneja sin ningún tipo de dificultad con su teléfono móvil. «El wasap es de lo mejor; es lo que más uso. Envío mensajes a mis hijos, hablo con una amiga, con familiares. Es algo muy útil porque hasta si te encuentras mal puedes avisar en el momento a alguien... El único inconveniente es que este teléfono es muy pequeño, las teclas son una lata», añade mirando a sus hijos como dejando caer que un móvil nuevo no sería un mal regalo de cumpleaños.

Marina tiene una sonrisa un tanto socarrona y un optimismo envidiable. «No sé. La verdad es que yo siempre fui así; todo me caía bien. Y por otro lado yo creo que tuve una vida buena», justifica cuando se le pregunta por su excelente humor. Madre de tres hijos -en realidad tuvo cuatro, pero una falleció con apenas un mes-, trabajó la mayor parte de su vida como comerciante. Tuvo, junto con su marido ya fallecido, tres negocios en la ciudad. El último lo cerró hace tres décadas, cuando se jubiló.

A Marina no le gusta demasiado que la adulen. «Todo lo hago bien, todo lo hago bien; para vosotros siempre es lo mismo», recrimina a sus hijos que le recuerdan que también se maneja estupendamente con el ordenador. «Mira a ver lo que vas a poner en el periódico; que tampoco parezca que soy yo aquí una cosa extraordinaria», advierte.

Lo cierto es que esta ourensana descubrió el mundo de las nuevas tecnologías cuando tenía 90 años y se animó a acudir a un curso de iniciación orientado a mayores. «Algunas, más jóvenes que yo, lo dejaron, pero yo seguí», relata para argumentar por qué se maneja con tanta soltura. El portátil, que tiene ubicado en una habitación en la que está rodeada de fotos de familia y que da a un balcón, le sirve sobre todo para comunicarse con familiares y conocidos. Aunque tiene Facebook, asegura que lo usa más para ver lo que otros escriben que para aportar ella contenidos. «Lo que más utilizo es el correo. Ayer escribí a unos familiares y hoy ya tengo la respuesta», señala con un tono que delata lo mucho que le sorprende esa agilidad. «Antes, una carta desde Brasil tardaba en llegar un mes o más», anota. Marina lo sabe bien porque de allí le llegaban cartas muy esperadas: las de su padre. Ella es, por nacimiento, brasileña. «Nací allí como pude nacer en otro sitio. Mis abuelos maternos se fueron de emigrantes allí y también allí se casó mi madre con un coruñés», explica.

Pero Marina no disfruta todo lo que quisiera de su habilidad con las nuevas tecnologías. «La pega es que la mayoría de mis amigas no usan ni el wasap ni el ordenador. Solo lo hace una que tiene ochenta años y lo usamos para quedar, para comentar cosas. Mis amigas de siempre ya no están. Las que tengo son mucho más jóvenes que yo», aclara.

Y es que esta centenaria recién estrenada dedica buena parte de su ocio a cultivar la amistad. Afortunadamente, goza de buena salud y sale prácticamente a diario, apoyada en su bastón, a pasear por la ciudad y tomarse un café con sus compañeras. Viajera empedernida que ha recorrido buena parte del continente americano y el europeo -además de otros destinos más lejanos como Egipto-, hoy se conforma con la escapada veraniega hasta A Coruña para disfrutar del mar desde la casa de uno de sus hijos. «No veo mucha tele, los telediarios y poco más; me gusta más leer y el ordenador», señala esta ourensana que hoy entra en el privilegiado club de los centenarios.

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