El Centro Gallego de Argentina redescubre sus tesoros

La icónica institución bonaerense custodia obras de Seoane y Castelao


Buenos Aires

Más de 130 pinturas, 52 estatuas y esculturas, tallas de madera, joyas, una biblioteca con más de 20.000 volúmenes dedicados en gran parte a Galicia, fotos, vídeos, cartas y archivos conforman el inigualable patrimonio cultural que el Centro Gallego de Buenos Aires reunió a lo largo de un siglo de historia. Técnicos del Banco Ciudad los estudian estos días para catalogarlos, determinar su valor económico y orientar al centro en su gestión.

Es el equipo que tasó las donaciones de los ciudadanos en 1982 en solidaridad con los soldados de la guerra de Malvinas y que ahora dirige una nieta de gallegos de Luíntra, en la Ribeira Sacra, que cumple «emocionada» el encargo de las pericias técnicas sobre un patrimonio del que se siente parte. Cristina Alonso es jefa de tasadores del Banco Ciudad, nació en el Hospital del Centro Gallego y asegura que este trabajo es «muy interesante» y necesario porque «pone en valor obra que no estaba inventariada» con firmas mayúsculas como las de Luis Seoane, Castelao, Laxeiro, Fernando Álvarez de Sotomayor, Manuel Colmeiro, Carlos Maside, el pintor uruguayo Juan Manuel Blanes, con una obra de gran tamaño con un valor de mercado superior a los 300.000 dólares, o el reconocido artista argentino Benito Quinquela Martín, con un aguafuerte «descubierta en un rincón» que habría sido donada por el propio autor.

«Hay tres Seoanes, distintos. Muy bellos. Es obra original, que está colgada y bien conservada», añadió Alonso. El valor de alguno de ellos ronda los 20.000 dólares. Pero no todos han corrido la misma suerte. «Se encontraron cuadros muy deteriorados» y dibujos «que por su estado de conservación pierden su valor» y se descarta una restauración, que sería más costosa que el valor de la propia obra, explicó la técnica. Aún están peritando las pinturas. A continuación se valorarán, esculturas, tallas, alhajas y la biblioteca.

El interventor judicial del Centro Gallego de Buenos Aires, Martín Moyano Barro, declaró esta semana que encontró cuadros por los suelos y conviviendo con las palomas cuando asumió el pasado mes de abril la responsabilidad de reflotar una entidad sentenciada a muerte. «Lo encontré abandonado y me pareció muy triste», confesó. Fue él quien tomó la decisión de contratar al Banco Ciudad para saber «qué hay, cuanto vale» e incluirlo en los balances contables, a pesar de que reconoce que «el centro de gravedad» de su gestión está en el servicio de salud del centro.

Moyano Barro se ha propuesto profesionalizar la gestión del hospital y separarla de la mutua y su instituto cultural. Y aunque sabe que levantará ampollas en la colectividad, acaba de anunciar el traslado de parte de los bienes artísticos del centro a las cajas fuertes del banco para preservarlos de las obras de remodelación que se harán en la entidad emblema de los gallegos en Argentina. El interventor asegura que traerá los cuadros de vuelta para mostrarlos al público en general dentro de la programación de La noche de los museos, el próximo 29 de octubre. Sin embargo, hay quienes miran con recelo estos movimientos y reavivan el debate en torno a la suerte del patrimonio de la emigración, unido, en la mayoría de los casos, al destino de las asociaciones que los custodian. El Centro Gallego fue intervenido por la justicia argentina en el año 2012 para evitar su quiebra tras años de administraciones irregulares.

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