«Las madres estamos abocadas hoy al surrealismo doméstico»

Las entregas literarias de Inés Rey llenaron de humor cada día la sección de «Al Sol», al ofrecer una visión desdramatizada de la «experiencia extrema» de la paternidad


Es abogada y madre, y hoy termina sus vacaciones (solo se las dieron en el bufete). Tiene dos hijos, sí, Roque, de 4 años, y Helena, de 2. No hay trampa ni cartón. Es Inés Rey (1982), y durante mes y medio creó un espacio diario lleno de humor (¡Madre mía!) en las páginas de Al Sol, que hoy, como agosto, termina. Su última entrega [al pie de esta página] confirma cómo, desde la exageración didáctica, podría decirse, ha relatado las tribulaciones que acompañan la experiencia de la maternidad y la crianza de hijos, que son universales si se despojan de ciertas licencias literarias. «Yo no soy especial, me pasa lo que le pasa a todo el mundo», insiste.

Comenzó a escribir en su perfil de Facebook sus «aventuras y desventuras de una madre», tres o cuatro entradas semanales con el mismo espíritu humorístico, «a veces más largas, a veces más cortas». Cuando surgió la posibilidad de escribir para el periódico, fue «la limitación de los 1.500 caracteres» lo que más le costó.

En origen, lo suyo fue terapéutico. Su hijo nació con una enfermedad coronaria, felizmente superada, había sido un embarazo de riesgo, ella ingresó casi un mes antes y acabó con una cesárea de urgencias, y el bebé, recluido un mes en la uci de neonatos. «Acumulaba mucha tensión, no sabía cómo iba a acabar todo, por no hablar de la depresión posparto. Aquello me hizo desmitificar la belleza maravillosa, esa idea impecable, de la maternidad. ‘Tengo que salir de esto de alguna manera’, me dije. Había que buscarle el lado divertido y empecé a ver que solo llevando la realidad al extremo se podía acercar a la ficción, y resultar graciosa. Fue una catarsis. Y percibí un creciente feedback, gustaba, la gente comentaba, y se identificaba con las experiencias vividas».

-Esa visión deformada la ha trasladado ahora a las vacaciones...

-Me subleva esa exigencia de la madre perfecta. Tienes que estar ideal, triunfar profesionalmente, que los niños estén perfectos...

-Ah, la conciliación.

-No tuve baja de maternidad porque soy autónoma. Mi madre paseaba a los niños cerca de mi trabajo y los subía cuando tocaba lactancia. Les daba la teta en la sala de juntas. Claro, tienes que llegar a todo, y entonces petas.

-¿Hasta dónde exageró?

-El 90% es real. Algunas historias ocurrían, y las contaba. Por ejemplo, la escena de la playa en que Roque le tira una piedra a su hermana. Solo una cosa excede lo real: el comportamiento de mi marido está exagerado.

-¿Seguro?

-Si pude escribir y tomármelo todo a risa es porque los niños tienen un padrazo. Es el contrapunto para mis neuras, la paciencia infinita. Sin Jorge, sería imposible. Menos parirlos, ha hecho de todo.

-¿Y su suegra y su madre?

-[Ríe] Se lo han pasado muy bien.

-Pero la caricaturización...

-Las madres estamos abocadas hoy al surrealismo doméstico. Con cuatro abuelos entregados, el apoyo familiar ha sido decisivo.

-La conciliación, de nuevo.

-Con 12 o 14 horas de jornada laboral, yo no podría tener dos hijos sin el respaldo de los abuelos.

-¿A los políticos les preocupa?

-Los poderes públicos no tienen ni idea de la problemática de la crianza de los hijos. Cosas que en muchos países europeos hace años que han resuelto... Aquí en España seguimos como hace 30.

-Dígame una medida concreta.

-La clave está en racionalizar los horarios de trabajo. No tiene ningún sentido estar en una oficina de 8 de la mañana a 8 de la noche. Es absolutamente improductivo. Lo ideal es que la gente pudiera disfrutar de un tiempo libre de calidad, más allá de tener hijos o no. No tiene sentido que el prime time empiece en la tele a las diez de la noche y que vayas al gimnasio a la nueve de la noche.

-Y además ser padres...

-Hay mujeres que renuncian a la maternidad hasta los 40 años para poder labrarse una carrera profesional, y cuando sus hijos son adolescentes ellas tiene 60 años. De padres mayores nacen hijos sobreprotegidos. ¡Hay que fomentar la maternidad a los 30!

-La educación da para otra serie.

-Hay que educar a los niños con más naturalidad. No tienen que ser siempre perfectos. Son niños. Yo soy estricta, marco los límites, pero no soy una dominatrix.

-Con todo ese desvivirse, ¿la paternidad compensa?

-Merece la pena absolutamente.

Con ellos es todo diferente. Y he sido madre porque he querido.

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