¿Qué pasa en Europa con el «burkini»?

Ayuntamientos franceses, italianos o en España, como Gerona, han prohibido la polémica prenda


redacción / la voz

A Europa se le ha abierto un nuevo frente: el burkini. Una prenda femenina nacida en Australia en el 2003 para ir a la playa o a la piscina que algunas musulmanas utilizan y que las cubre prácticamante de cuerpo entero salvo manos, pies y cara. Algunos ven en ella una extensión veraniega del burka o el niqab asociado también al papel secundario y de dominada de la mujer musulmana. La inestabilidad política que sembró el atentado islamista de Niza ha hecho que muchos municipios quieran regular ahora el uso de esta vestimenta -relacionada con el islamismo radical- para el ocio estival en arenales y piscinas.

La polémica estalló cuando un parque acuático de Marsella ideó un día del burkini para el 10 de septiembre, que finalmente se suspendió. Y mientras, en Sisco, en la isla francesa de Córcega, se vivió un episodio violento cuando los lugareños sacaron fotos en burkini a las mujeres de magrebíes. El resultado fue la prohibición municipal del burkini y el incremento de la tensión entre ambas comunidades.

Cannes, muy cerca de Niza -todavía de luto por el último atentado islamista-, ha sido de los primeros en prohibirlo. E incluso en suelo español ya han aparecido bandos impidiendo su uso. En Marruecos, hoteles y clubes acuáticos privados lo prohíben. Pero, ¿es legal su prohibición? ¿Es una extensión del pensamiento islamista? Los vetos se amparan en las competencias de las administraciones locales sobre el baño.

«Significa esclavitud para la mujer»

El jefe del ejecutivo francés, Manuel Valls, de origen español, comprende la ola de prohibiciones del burkini que se suceden en su país. Y comparte con sus detractores que esta prenda «no es una nueva gama de trajes de baño, una moda. Es la traducción de un proyecto de contrasociedad, fundado principalmente sobre la esclavitud de la mujer». Sin embargo, discrepa sobre la necesidad de prohibirlo, aunque sí advierte que Francia es un país laico y que todo símbolo de religiosidad extrema no cabe en suelo francés.

La paranoia a nuevos atentados ha empujado a algunos ayuntamientos costeros a erradicar toda posible huella del islamismo más radical, y el burkini es, para muchos, un símbolo. Así, el consistorio de Cannes ya lanzó su ordenanza al respecto, e incluso ya ha habido diez expulsiones en los arenales de esta ciudad turística de la Costa Azul, que se expondrán a una multa de poco más de 30 euros. El alcalde de Cannes, David Lisnard, aseguró que estos trajes de baño pueden «alterar el orden público», y añadió que representan el «extremismo islámico». Y se le han sumado otros, como el regidor de Villeneuve-Loubet, situado en el mismo litoral que Cannes y Niza.

La polémica llegó también a Italia. Desde ya hace seis años, el pueblo de Varello prohíbe expresamente el burka y el burkini. En Bélgica, ha comenzado el debate sobre tema, con la diputada flamenca Nadia Sminate de origen magrebí, solicitando en el Parlamento su prohibición por considerarla «un horror». ¿Y en España qué? Un parque acuático de Gerona incluyó entre las prendas no permitidas en sus instalaciones los famosos burkinis alegando motivos de «seguridad».

«Vetarlo es discriminatorio»

Son también muchos los que están en contra de erradicar el burkini de los espacios públicos de ocio. Principalmente, los musulmanes, que consideran su veto un ataque a sus libertades. Muchas creyentes son partidarias de que cada una «elija la prenda que quiere llevarse a la playa», dice Amira, una joven tunecina que no usa esta prenda pero que la respeta.

En Francia, epicentro del debate, la Liga de Derechos Humanos dice que su prohibición supone «en estigmatización de una categoría de franceses, que se han transformado, por sus creencias, en sospechosos». Es «ridícula y discriminatoria», creen muchos ciudadanos. De igual manera piensan los colectivos contra la islamofobia o el sociólogo Michel Wievorka, que alerta de las consecuencias de vetar el burkini por la visión negativa que tendrán los musulmanes de las democracias occidentales. También el portavoz del partido comunista galo, Olivier Dartigolles, criticó las palabras de Valls «porque así entra en el juego de los terroristas».

En Italia, a pesar de que existen poblaciones con leyes prohibitivas, el ministro del Interior se manifestó contrario a su prohibición, asegurando que es una medida «inapropiada» e incluso «peligrosa» que puede fomenar el odio. En Barcelona, el concejal Gerardo Pisarello defendió ayer la libertad de que las mujeres se bañen en las playas de la capital catalana «como quieran». Si Europa veta el burkini, ¿no habría que limitar también el acceso con neoprenos o la reciente moda del facekini en China?, se preguntan miles de foreros en las redes sociales, verdadero hervidero de opiniones a favor y en contra de una prenda que, en el fondo, tiene un uso minoritario entre los bañistas.

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