«Deberíamos aprender de los magos y aplicarlo en la consulta y en la escuela»

Autores de «Los engaños de la mente», ambos neurocientíficos investigan las ilusiones ópticas y la consciencia

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A Coruña / La Voz

 Stephen Macknik y la coruñesa Susana Martínez Conde son pareja también en el trabajo. Ambos son tetracatedráticos en la Universidad de Nueva York. Miembros de la CorBi Foundation de A Coruña para la investigación biomédica de excelencia, acaban de impartir un curso en la ciudad para jóvenes investigadores.

-Las redes se revolucionaron con un vestido bicolor que no todos vemos igual. Como catedráticos, entre otras, de neurología y oftalmología, ¿si la realidad es una, por qué no vemos lo mismo?

-STEPHEN: Todo lo que percibimos es una función de la luz reflejándose en los objetos. Nuestro cerebro debe interpretar esa información y determinar qué es lo que estamos viendo, la forma, tamaño, color... La ilusión del vestido es fascinante porque mucha gente tiene una percepción muy potente de una interpretación frente a otra. Lo que hace especial al vestido es que parece azul bajo luz blanca, pero la fotografía se tomó bajo una mezcla de luz azul y amarilla. Evolucionamos en condiciones de luz natural hasta que existió la artificial. La única fuente era la luz amarilla del sol y la azul del cielo de día. Así que el sistema visual evolucionó para descontar la iluminación dorada y azul. En el vestido, su color es muy ambiguo porque la fuente de iluminación es ambigua y lo puedes ver dorado y blanco si interpretas que está a la sombra, y lo ves negro y azul si interpretas que está bajo iluminación directa del sol. Por qué unos lo ven de una forma y otros de otra, no se sabe.

-SUSANA: No sabemos por qué existe esa división, no es hombres frente a mujeres, o científicos frente a artistas.... pero esos dos colores resultan críticos. No hubiera funcionado con otros colores, funciona con azul y amarillo. Es un ejemplo de lo que llamamos constancia del color, que es lo que explica que los colores nos parezcan siempre los mismos bajo distintas condiciones de iluminación. Hay una minoría que ve el vestido de las dos formas. Pero la mayoría lo vemos solo de una y aunque conozcamos la explicación, no podemos verlo de otra.

-Sin embargo, con la Gioconda, todos la vemos a veces sonriente y a veces triste.

-SU: Se trata de una ilusión que descubrió Margaret Livingstone, que fue la directora de tesis de Stephen. Se dio cuenta de ese carácter tan elusivo de la sonrisa: parece que está ahí, pero cuando la quieres examinar desaparece. Se dio cuenta de que tiene que ver con la posición de la mirada. No tenemos la misma resolución en toda la retina. La central es muy alta y la periférica, baja. Cuando miramos la boca directamente, con la visión central, es muy leve y casi desaparece, pero cuando usamos la visión periférica, mirando al pelo pero prestando atención a la sonrisa, el sombreado que utilizó Leonardo hace que se alargue. Es una ilusión que tiene que ver con la calidad de nuestra visión central, la técnica de Da Vinci -y otro debate es si era consciente de que utilizaba el truco, parece que sí porque existen otros cuadros con el mismo efecto-, y también la forma en que interactuamos, hacia dónde miramos. Es uno de los temas centrales de mi investigación, cómo los movimientos de los ojos y dónde dirigimos la mirada afectan a la percepción. No podemos considerar nuestro sistema visual y los movimientos de los ojos de manera independiente, es todo un conjunto porque según miramos, la forma de mirar, afecta a lo que vemos y al mismo tiempo lo que percibimos también afecta a cómo vamos a dirigir la mirada.

-Tratándose de científicos, ¿cómo se les ocurrió la idea de investigar con los magos?

-SU: Ya trabajábamos en las ilusiones al ser una herramienta para ver cómo el cerebro construye la percepción, y conocíamos que muchas de esas ilusiones proceden del mundo del arte, de forma intuitiva. Por ejemplo, Da Vinci ya conocía este mecanismo que hasta hace relativamente poco no se explicaba desde el punto de vista científico. En el 2006 nos ofrecieron coorganizar el congreso de la Asociación para el Estudio Científico de la Consciencia, que iba a ser en Las Vegas. Pensando en qué podíamos hacer para darle una proyección no solo académica, viendo casinos con espectáculos de grandes magos como Copperfield, dimos con la idea. Reunimos a cinco de gran renombre para trabajar en consciencia. Hicieron pequeños trucos y explicaron por qué pensaban que funcionaban. Así comenzamos una conversación sobre qué nos podían decir los trucos sobre los mecanismos de percepción.

-¿No les culpan de «destripar» los trucos y matar la magia?

-No creas. Una minoría de magos se han preocupado, pero curiosamente ninguno de los españoles. La magia es un arte muy académico, tiene mucho de preparación. La magia en España es tan potente en la parte teórica que este encuentro ha sido siempre muy natural. Además, puedes saber cómo funciona el truco, pero si el mago es bueno, no vas a ser capaz de verlo.

-O sea, la magia de la magia sigue a salvo.

-SU: Te puedo revelar ahora mismo un par de trucos pero eso no quiere decir que puedas identificarlo durante el espectáculo. Sabiéndolo de antemano, no sabrás el momento. Por otro lado, hemos visto, y cualquier mago te dirá lo mismo, que cuanto más aprendes de la magia, más la disfrutas y más te intriga. Para nosotros, como neurocientíficos, todavía la hace más interesante.

-Más allá del espectáculo, trabajan en la aplicación de sus investigaciones en la hiperactividad o el alzhéimer, ¿cómo?

-ST: Sí. Imagina que un terapeuta de neurorehabilitación pudiera gestionar la atención y cognición de un paciente como Tamariz en un juego. Aunque el paciente tuviera un declive cognitivo le forzaría a prestar atención con todos los recursos que le restasen durante un momento específico. Y esto sería una mejora para la terapia. También podrías llevar esto al aula. Cualquier intervención en la escuela, cada clase, va a tener un punto importante que recordar y los niños pueden estar cansados, distraídos... si los maestros pueden hacer que focalicen la atención, mejora el sistema escolar.

-Habrá que llevar a los magos al colegio.

-ST: Deberíamos aprender cómo los magos son capaces de hacer lo que hacen y aplicarlo a toda una serie de campos, como a la consulta y a la escuela.

«El cerebro interpreta lo que recibe. En ese sentido, lo real no existe»

Sostienen Macknik y Martínez que en cierta medida, el cerebro nos miente: «Interpreta la información que recibe. En un sentido, lo real no existe. No existe realidad que podamos conocer. Todo lo que interactuamos en el mundo es una función de asimilación de la realidad que llamamos consciencia», dice Martínez.

-Perdone, ¿dice que no existe realidad que podamos conocer?

-ST: No existe una realidad que podamos conocer pero simulamos una probabilidad de esa realidad.

Nuestro cerebro constantemente realiza una estimación probabilística de lo que existe.

-SU: Nos engaña, pero no quiere decir que veamos lo que queremos ver. El cerebro interpreta, pero no al gusto de cada uno. Pasa en muchas ilusiones, aunque sepas que son de una manera, no puedes verlo; aunque intelectualmente sepamos qué está sucediendo, no puedes percibirlo.

-Y en esa interpretación, ¿influye la mochila cultural y vivencial de cada uno? ¿o es pura biología?

-ST: Es una mezcla. Tenemos mecanismos biológicos que tienen un cableado, un hardware, regiones del cerebro especializadas en ver caras. Pero se desarrollan en base a la experiencia y solo procesamos y reconocemos bien caras que tienen orientación normal, no invertida. Es la famosa ilusión de la Thatcher. Nuestro cerebro está preparado para verlas como solemos, no al revés. Así que mucho de lo que percibimos tiene que ver con aquello a lo que hemos estado expuestos y con lo que el cerebro piensa que es más probable que nos vayamos a encontrar. Pero también nuestras expectativas cognitivas juegan un papel.

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