CArballo / La Voz

«A min dáme máis medo a xente que mira para min que os propios cabalos», son palabras de Pablo Pereira, aguerrido aloitador, amante de los equinos y uno de los promotores de la Rapa das Bestas del Campo de Areosa, en el Monte Faro (Vimianzo). Ayer el calor obligó a retrasar el pasado por el aseo del ganado que durante todo el año vive libre en el mítico monte soneirán. «Non queremos que os animais sufran», decían los directivos de la Asociación Cabalar Monte Faro, que además de cuidar con esmero de los potros en el monte, lleva todo el año preparando el acontecimiento, que tuvo sus prolegómenos el sábado con el paseo de las ejemplares por Vimianzo para admiración de lugareños y visitantes.

Así que el termómetro bajó unos grados, los animales pasaron al curro para el tratamiento de peluquería. No obstante, antes hubo que regar el recinto para evitar que el polvo ahogase a los equinos y contrincantes. El calor ahogaba al público, que incluso sudaba con solo imaginarse el esfuerzo de hombres y bestias. Una pelea sin cuartel por unos instantes de inmovilidad mientras las tijeras rebajaban las melenas de las yeguas para hacerles más llevadero el verano. El Campo de Areosa está rodeado de árboles, pero ni así corría el viento.

En esta ocasión hubo más aloitadores que nunca. Llegaron de Pontevedra, Lugo y otros lugares, que se sumaron al ya tradicional equipo local, reforzado este año por tres mozas que quisieron sumarse al grupo rapador. Unas 25 personas se introdujeron en el curro para reñirle a las reses sus crines. Sus frentes sudorosas daban fe de la pelea. La atractiva jornada de playa restó algún público a este espectáculo de siglos. Aun así, en la comida se repartieron unas 600 raciones de carne de ternera y cerdo, a la brasa, y potro, en guiso. Un ejército de colaboradores hicieron posible tal despliegue gastronómico que se repite cada año.

No era un buen día para restregarse por el suelo con unos équidos, pero las gradas de Areosa se llenaron de gente que disfrutó como siempre de una rapa limpia, sin daños en ambos bandos. Esta mañana, los ejemplares regresarán libres a los prados ya desparasitados y con las crines peladas. La Asociación Cabalar consiguió recuperar la cabaña caballar de Monte Faro, que se había eliminado hace un lustro por la falta de rentabilidad y los ataques de los lobos. En la manada que regresará al monte van quince potras para seguir regenerando la recría. «Agora que queden tranquilos todo o ano», sentenciaba el presidente del colectivo, Manuel P. Castiñeira. Pero no fue sin haber sudado tinta todos.

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Vimianzo vivió la Rapa das Bestas más sudada que se recuerda en la localidad