La piel rusa del Apóstol Santiago

Un investigador del Camino descubre que una iglesia de Moscú afirma tener una reliquia del santo que en el 2005 le habrían entregado en Roma al patriarca Kirill


Santiago / la voz

A lo largo de los siglos, son muchas las localidades europeas que han asegurado poseer reliquias del Apóstol Santiago. Templos de Angers, Toulouse e Isère, todos ellos en Francia, fueron incluso más lejos y afirmaron disponer del cuerpo mismo del santo, disputándole sin ningún éxito ese mérito a la propia Compostela. Esas historias, mezcla de verdades y mitos, tienen parada obligada en Pistoya (Italia), Jerusalén (Israel) y Madow (Reino Unido), pero nunca habían llegado hasta el corazón de la Rusia ortodoxa. Sin embargo, es precisamente allí, en la lejana Moscú, donde el compostelano José Rúa Pérez, investigador jacobeo y miembro de la Asociación de Amigos del Camino, ha hallado la más reciente y sorprendente de las reliquias: un trozo de piel que la moscovita iglesia de Santiago afirma tener desde el 2005.

El templo en cuestión se encuentra, explica Rúa Pérez, «saliendo de la estación de metro de Kurskaya y caminando poco más de cinco minutos hasta una calle que lleva el significativo nombre de callejón del Apóstol Santiago». A doscientos metros de allí está una iglesia ortodoxa dedicada al patrón de España y de Galicia, y cuyos orígenes datan de 1620. «Primero fue una construcción en madera que luego se trocó en otra de piedra. El campanario se erigió en el siglo XVIII y todo el edificio fue ampliado en 1806 y 1831, hasta que el régimen soviético cerró el templo al culto e instaló allí un taller mecánico», añade el experto.

Tras el fracaso del régimen comunista y el desmoronamiento de la URSS, el templo fue devuelto a los creyentes en 1991 y se hicieron obras que lo han dejado en buen estado. Fue aquí, en un reciente viaje a la capital rusa, donde por casualidad encontró Rúa Pérez el relicario instalado en el 2007 y que asegura contener «un fragmento de una reliquia del Apóstol Santiago Zebedeo, traída de Roma en el año 2005 por iniciativa del responsable del departamento de Relaciones Eclesiásticas Internacionales [de la iglesia ortodoxa rusa], el metropolita Kirill, actual patriarca de Moscú y toda Rusia». Así lo afirman -explica el experto- tanto la página web de esta iglesia como un libro que se puede adquirir allí mismo.

«Cuando contemplé el relicario no salí de mi asombro. Le pregunté a uno de los dos diáconos de la parroquia sobre el contenido preciso y la clase y la naturaleza de la reliquia allí guardada y venerada, y me respondió que se trataba de un trozo de piel», afirma José Rúa Pérez, un amante de la historia jacobea y que es autor del libro Guía del Camino de Invierno. De Ponferrada a Santiago por Valdeorras y la Ribeira Sacra (A Pena D’auga Edicións). «Mi asombro crecía. Como se iba a celebrar un bautizo y se esperaba la llegaba del párroco, les esperé y también le pregunté a él, obteniendo la misma respuesta», añade.

La reliquia salió de Roma, pero no se sabe quién se la dio a Kirill
La reliquia salió de Roma, pero no se sabe quién se la dio a Kirill

Son muchas las preguntas que se hace el compostelano miembro de la asociación Amigos del Camino: «¿Qué autoridad eclesiástica en Roma le dio al metropolita Kirill una reliquia del Apóstol Santiago el Mayor? ¿Cómo llegó a Roma esa reliquia y desde dónde? ¿Es realmente una reliquia o un objeto o sustancia erróneamente tomada por tal?». 

El hueso de Atón

Las únicas reliquias que la Iglesia católica ha autentificado al más alto nivel como pertenecientes al Apóstol Santiago el Mayor, también llamado Zebedeo porque este era el nombre de su padre, son las guardadas en la propia catedral compostelana y un pequeño hueso, concretamente la apófisis del mastoideo derecho, que el arzobispo Diego Xelmírez quiso regalar -entre 1138 y 1139- a su admirado Atón, el obispo de Pistoya (en la Toscana, Italia). El obsequio llegó junto a una carta en la que le explicaba su valor. Era inmenso. No en vano fue el último fragmento extraído de las reliquias del santo y el único documentado con certeza que se conserva fuera de la catedral compostelana.

La historia quiso además que el hueso de Pistoya fuese fundamental para verificar por segunda vez la autenticidad de los huesos guardados en la catedral de Compostela. Fue en 1884, siendo papa León XIII, y pocos años después de que los restos del Apóstol fuesen redescubiertos tras tres siglos perdidos.

Los restos del santo fueron escondidos en 1589, año en el que el pirata inglés Francis Drake atacó las costas gallegas en un intento de invasión de España tan humillante y desastroso para Inglaterra como el que un año antes había probado el rey Felipe II con la Armada Invencible. La amenaza pasó de largo, pero los huesos de Santiago no volvieron a aparecer. Estuvieron perdidos 290 años, hasta que en 1879 pudieron localizarse gracias al empeño del cardenal Miguel Payá y Rico y al buen saber de López Ferreiro. Las excavaciones hallaron las reliquias de Santiago, pero estaban junto a las de sus discípulos, Teodosio y Anastasio. ¿Cómo saber cuál de los tres era el Apóstol? El pequeño hueso de Pistoya dio la solución: el cráneo en el que encajó era el de Santiago.

El cráneo de la catedral armenia de Jerusalén y la mano que llevó el culto jacobeo a Inglaterra

Además de los restos completos del Apóstol que alberga la catedral de Compostela y del pequeño hueso maxilar que el arzobispo Xelmírez regaló al obispo de Pistoya, Atón, son muchos los lugares que afirman contar con reliquias del santo patrón de España y de Galicia. Sin embargo, solo hay dos con tradición suficiente como para tener un puesto de honor entre los mitos relacionados con Santiago.

Uno es la mano del Apóstol que, según la leyenda, se llevó de Galicia la emperatriz Matilde, esposa de Enrique V de Alemania e hija de Enrique I de Inglaterra. Cuenta la tradición que obtuvo la reliquia tras su peregrinación a Santiago en 1125, que hizo para rogar al Apóstol que velase por la alianza que su matrimonio había establecido entre Inglaterra y Alemania.

Esta peregrinación es hoy más que discutida, pero lo que sí es cierto es que esa mano atribuida a Santiago el Mayor llegó a la abadía de Reading, en Inglaterra, y que fue consagrada después por el mártir arzobispo Thomas Beckett, hecho que explicaría la rápida difusión que tuvo en la Gran Bretaña el culto al Apóstol. Hoy en día, la famosa mano está en la iglesia de culto católico de San Pedro de Marlow, situada en Buckinghamshire.

La otra reliquia se encuentra en Jerusalén, en la catedral de Santiago del patriarcado armenio. Allí, en una capilla lateral, la Iglesia apostólica armenia dice que está guardado y enterrado el cráneo de Santiago el Mayor, algo que choca frontalmente con todo lo que considera auténtico la Iglesia católica, ya que si la cabeza del Apóstol no está en la capital de Galicia los restos no serían auténticos, porque están completos. Y tampoco lo sería el hueso de Pistoya, que proviene del cráneo conservado en Compostela.

«No hay noticias de que desde Jerusalén los armenios, cuya iglesia no está sujeta a la obediencia papal, hayan enviado a Roma algún tipo de fragmento del supuesto cráneo de Santiago que, posteriormente, el patriarca Kirill hubiese trasladado a Moscú, y tampoco se conoce que desde Marlow se enviase a Roma un fragmento de la supuesta mano de Santiago», asegura el investigador que ha descubierto que una pretendida reliquia del Apóstol se exhibe como tal en Rusia. «Por tanto, continúa el misterio», añade. No para la Iglesia católica, para la cual solo hay dos restos verdaderos del santo, los de Compostela y el hueso venerado en Pistoya.

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