Lisboa descubre su corazón gallego

Triunfa una ruta guiada por la huella galaica en la capital portuguesa


Lisboa

Lisboa le debe mucho a los millares de gallegos que la han poblado desde el siglo XVII transmitiendo sus costumbres y dejando en ella una impronta viva en los barrios de la ciudad. Coincidiendo con el Día das Letras Galegas y con el viaje de Antonio Rodríguez Miranda, secretario Xeral de Emigración, al Centro Gallego de la capital lusa, el departamento de Estudios Galegos de la Universidade Nova organizó una visita para descubrir la impronta galaica en sus siete colinas y «romper con los estereotipos negativos de la presencia gallega», como explica Isaac Lourido, lector de dicha Universidad y organizador de la ruta. «Queremos mostrar que Lisboa no sería la misma sin nuestra presencia. Los gallegos no solo fuimos los aguadores que construimos el acueducto de las Aguas Libres y vendíamos el agua en los chafarices», insiste. «Nuestra influencia se mantiene en la gastronomía, en la arquitectura, en la sociedad y en la cultura de esta urbe cosmopolita», sentencia Lourido.

La ruta parte de la imponente sede del Centro Gallego, en la Rúa Julio de Andrade, cedida en 1988 por el multimillonario Cordo Boullosa, en uno de los lugares más desconocidos de Lisboa, junto al Jardín del Torel y con unas vistas que quitan el hipo. «Hemos tenido tanta acogida -señala Isaac- que haremos más visitas». Los 30 participantes bajan por las empinadas escaleras que comunican la colina con As Portas de Santo Antão, paralela a la avenida da Liberdade, donde hay numerosos establecimientos de gallegos. Parada obligatoria delante del Gambrinus, uno de los restaurantes más lujosos y lugar de encuentro de políticos y empresarios lusos. Un ejemplo más, dice Isaac Lourido, «del empuje gallego. Muchos comenzaron siendo camareros y después propietarios de negocios que se mantienen abiertos varias generaciones después». Añade algunos platos típicos de la gastronomía lisboeta, como el bacalhao con grao, bacalao cocido con garbanzos, berza y patata, «se debe a los gallegos».

Antes de llegar a la plaza del Rossio otra parada en la taberna más antigua de ginginha, licor de guindas, de Lisboa y fundada por un gallego en 1840. A pocos metros está el Teatro Nacional Dona María, en el que actuaron actores gallegos. En el Café do Gelo, también en la misma plaza y aún abierto, destacados intelectuales gallegos participaron en las tertulias del siglo XIX con Fernando Pessoa o Almeida Garret.

A calçada dos galegos

Una de las calles de restaurantes más concurridas de turistas, la Calçada do Duque, que sube desde la estación del Rossío hasta el Largo do Carmo, se llamó inicialmente Calçada dos Galegos, confirma Lourido. «Aquí en O Carmo culminó con éxito la Revolución de los Claveles y hubo capitanes gallegos», avanza el coordinador de la visita. La ruta continúa por el concurrido Barrio Alto hasta la Rúa da Rosa, donde en 1908 se abrió la primera sede del Centro Gallego. «Fue aquí -indica Lourido entre risas- donde se fraguaron muchos matrimonios entre gallegos y lisboetas porque nos integramos perfectamente donde vamos, y Lisboa no ha sido la excepción».

La visita continua en la populosa Bica, donde los aguadores gallegos, del sur de la provincia de Pontevedra, vivían en pequeños pisos y hacia la señorial Rúa Garret, en el Chiado, en la librería Bertrand, que perteneció al millonario gallego Cordo Boullosa, fundador de Galp. De allí a la Rúa da Magdalena, sede del Centro Gallego hasta 1988 y a continuación a Martim Moniz, el Chinatown lisboeta, donde se fundaron hoteles y restaurantes gallegos tan prestigiosos como el Ramiro. La última parada de la ruta se encuentra en la Facultad de Medicina, en Campo Santana, donde está la cabeza del gallego João Alves, el asesino de las Aguas Libres que mató a 60 personas tirándolas del acueducto.

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