Incontinencia, el tsunami que viene

El progresivo envejecimiento de la población obliga a la sociedad y a los gobiernos a afrontar una enfermedad que se agrava y que ya afecta a 50 millones de europeos


Berlín / La Voz

El acelerado envejecimiento de la población, sobre todo en Europa, con una esperanza de vida que en algunos países ya alcanza los 82 años, convierte la incontinencia en un reto para un futuro ya próximo, tanto para la sociedad como para los gobiernos, desde el punto de vista sanitario, financiero y social. Actualmente, esta enfermedad, que en muchos países aún no se acepta como tal, ya afecta a 50 millones de europeos y a 400 millones de personas en el mundo. Esta situación y sus posibles soluciones fueron analizadas esta semana en el Foro Global sobre la Incontinencia (GFI) celebrado en Berlín, con expertos de todo el mundo ante 300 representantes de 30 países.

Actualmente, la incontinencia afecta ya al 25 % de las mujeres y el 10 % de los hombres mayores de 65 años. Es una enfermedad ensombrecida y, a veces, acompañada por otras crónicas, como el alzhéimer, el ictus, la diabetes melitus o las demencias. «La sociedad envejece y a todos nos incumbe gente mayor saludable», decía Mattias Abrahamsson, introductor del GFI. El sufrimiento no es exclusivo de los que la padecen, sino también de los millones de cuidadores, sobre todo los informales [familiares y personas próximas, y mucho más baratos] y formales, cuya situación se complica si carecen de la formación adecuada.

Lo que dejaron claro muchos ponentes es que la incontinencia no es una prioridad para muchos gobiernos, y menos en tiempos en crisis. Las diferencias entre países son abismales, lo que se agrava en algunos casos por los tabúes y la falta de difusión del problema y sus posibles soluciones. Ante la falta de prestaciones, los usuarios afrontan las carencias con sus propios recursos.

El ideal de que las personas mayores puedan vivir el más tiempo posible en sus propias viviendas y de forma digna es una aspiración común de la mayoría de los ponentes, aunque surgen dudas sobre la formación y la capacidad de los cuidadores [no educan a nadie para esta situación], así como la tendencia de que muchos ancianos carecerán de familiares cerca. Lo resumió muy bien el belga Jan De Maeseneer, de la Universidad de Gante: «Envejecer es un éxito, pero la incontinencia es un desafío».

Ni las ciudades ni los pueblos están pensados para el incontinente. John Dunne, presidente de Eurocuidadores, indica que hay que concienciar a la sociedad sobre la realidad, cumplir el derecho a la dignidad y a igualdad de los pacientes, más y mejor información, que cada persona pueda elegir la solución más adecuada, infraestructuras y entornos amigables con el incontinente y mejorar la investigación porque cree que es muy limitada. «La conciencia es la parte clave», dice. El profesor británico George Crooks propone «gritar con una voz más alta» porque, como apunta el canadiense Samir Sinha, director de geriátrico y miembro de la Universidad de Toronto, esta enfermedad «no es un tema políticamente atractivo». Lamentablemente, como se apuntó a la conclusión del foro, la incontinencia no es un mal que pare haya o no elecciones ni se oculte tras una frontera u otra.

«La educación y la formación de los cuidadores es fundamental»

Adrian Wagg
Adrian Wagg

Adrian Wagg, profesor de la Universidad de Alberta en Edmonton (Canadá), e Iam Milsom, profesor de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), fueron dos de los principales especialistas que intervinieron en el Foro Global sobre la Incontinencia en Berlín.

-¿Cómo se puede gestionar el problema de la incontinencia en un país con la población muy envejecida y dispersa?

-(Iam Milsom): Hay que implicar al sistema de atención primaria y domiciliaria, y simplificar mucho los procesos. Por otro lado, las innovaciones tecnológicas presentadas en el GFI, como los sensores de humedad en los absorbentes, también pueden ayudar. La telemedicina, en todas sus expresiones, permite monitorizar a los pacientes residentes en zonas poco pobladas y gestionar eficazmente los recursos; en este caso, el profesional de la salud acude al domicilio de la persona con incontinencia solo cuando recibe el aviso del sensor.

-Adrian Wagg: La tecnología representa sin duda una ayuda que debemos aprovechar. En este sentido, el autocuidado es otra línea de trabajo, que puede apoyarse en los nuevos avances tecnológicos para aplicarse de una forma responsable y segura. También es conveniente adaptar los recursos a las necesidades de cada persona e implicar a la comunidad local y voluntarios, ya que no siempre se necesitará el mismo nivel de conocimiento médico para atender a los pacientes. Este aspecto es especialmente relevante en zonas con baja densidad de población.

-¿Cómo se puede afrontar el deterioro de la salud de cuidadores informales en el alzhéimer?

Iam Milsom
Iam Milsom

-I.M: Al añadirse una condición de incontinencia crónica a enfermedades como el alzhéimer, los cuidadores no formales pueden encontrarse en situaciones muy duras. En estos casos, la educación y formación es fundamental, para preparar a los cuidadores para la situación que les espera.

-A. W: Cuando en un matrimonio uno de los dos padece alzhéimer y, además incontinencia, el cónyuge que debe cuidar del otro puede desarrollar en ocasiones una depresión clínica que requiera el ingreso en un centro especializado. Esta es otra consecuencia negativa que debe tenerse en cuenta; los costes económicos -y personales- de una patología que en muchas ocasiones está asociada a otras condiciones.

-¿Cómo se educa a la sociedad para el tsunami que viene?

-I.M: «Las asociaciones de pacientes juegan un papel fundamental en la educación de la sociedad sobre condiciones como la incontinencia.

-A.W.: El papel de los médicos, el resto de profesionales de la salud y los políticos debe ser el de acompañar esta reclamación.

El Sergas defiende el modelo público de atención al 100 % de los afectados

Tras lo visto en el Foro Global sobre la Incontinencia de Berlín, parece que Galicia, donde hay unos 122.000 afectados mayores de 65 años, queda en un buen lugar en cuanto a prestaciones. En representación del Sergas acudieron Blanca Cimadevila, jefa del servicio de atención asistencial, y José Antonio Valcárcel, de calidad y seguridad de medicamentos y productos. Ambos destacan la respuesta de la sanidad gallega, que «financia en la gran mayoría de los casos los costes de la incontinencia al 100 %». «La conclusión que sacamos es que el sistema gallego está a un alto nivel en prestación y atención al usuario», añaden. A este respecto señalan además: «Vemos que se han dado distintos modelos, como el sueco, que tiende a una atención más personalizada, u otros donde hay una parte de financiación pública y otra privada. En realidad nuestro sistema es uno de los más completos». Apuntan que la evolución ideal es hacia un modelo más personalizado, para una mayor eficiencia y que la dotación se haga en consonancia con las necesidades de cada paciente. «Vamos encantados. Ha habido muchas aportaciones, pero un sistema como el gallego, financiado al 100 %, y con todos los usuarios atendidos, que es lo que interesa, parece que solo se establece en el Sistema Nacional de Salud», concluyen.

En el GFI, patrocinado por la firma sueca SCA Hygiene, también estuvieron representadas las comunidades de Andalucía, Castilla La Mancha, Baleares y Madrid. El anterior tuvo lugar en Madrid en el 2014.

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