Cambio de hora: ¿Merece la pena por ahorrar 6 euros?

Los relojes pasarán de las 2 a las 3 esta madrugada. Cada hogar español ahorrará unos pocos euros mientras nuestro cuerpo sufre para adaptarse

.Relojes en el parque de Volksgarten de Duseldorf
Relojes en el parque de Volksgarten de Duseldorf

Redacción

Esta madrugada arranca en buena parte de Europa el horario de verano. El cambio de hora implica que a las 2 de la madrugada serán las 3. Esta modificación en los relojes se viene haciendo desde 1974, para corregir la adecuación del horario español al de la Alemania nazi en 1942, y sigue usándose bajo la premisa del ahorro energético: más horas de luz equivalen, en teoría, a menos bombillas encendidas. Se estima que cada hogar español ahorrará 6 euros en su factura de la luz gracias al cambio de hora. Sin embargo, nuestros cuerpos sufren las consecuencias de una variación que afecta en la medida de un pequeño jet lag. ¿Merece la pena someter a nuestro organismo a este pequeño estrés por ahorrar seis euros con el cambio de hora?

El cambio de hora para adaptarse al horario de verano obedece a una Directiva Comunitaria dirigida a favorecer el ahorro energético. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía, el potencial de ahorro en iluminación que genera esta medida puede suponer un 5 %, lo que equivale a 300 millones de euros de acuerdo con los precios actualmente vigentes. De esos 300 millones de ahorro, 90 millones corresponden al potencial de los hogares españoles, lo que supone un ahorro de seis euros por hogar, mientras que los otros 210 millones de euros restantes se ahorrarían en los edificios del terciario y en la industria.

Cambio de hora para anticipar el verano Habrá que adelantar el reloj: a las 2 serán las 3

El cambio de hora comenzó a generalizarse de forma desigual a partir de 1974 a raíz de la primera crisis del petróleo. Entonces algunos países decidieron adelantar sus relojes para poder aprovechar mejor la luz natural del sol y consumir así menos electricidad en iluminación. La directiva se aplica desde 1981 y cada cuatro años se ha renovado de forma sucesiva. Esta normativa se aplica con carácter indefinido desde la aprobación de la Novena Directiva por el Parlamento Europeo y Consejo de la Unión, en enero de 2001. La Directiva está incorporada al ordenamiento jurídico español por el Real Decreto 236/2002, de 1 de marzo.

Sin embargo, el propio IDAE subraya que, más que un simbólico cambio de hora, para llegar a un verdadero ahorro se tendría que adoptar un comportamiento «responsable» en el hogar a la hora de prescindir de la iluminación artificial cuando no es necesaria, así como la utilización de tecnologías de ahorro en iluminación por aprovechamiento de la luz natural en edificios del terciario y en industrias. En concreto, seguir determinadas pautas o hábitos puede ahorrar 100 euros al año y evitar emisiones contaminantes a la atmósfera.

Consejos para ahorrar de verdad

Entre los consejos para ahorrar energía con la iluminación más allá del cambio de hora, el IDAE destaca la importancia de aprovechar la luz natural; acordarse de apagara las luces al salir de la habitación; utilización de bajo consumo o fluorescentes compactas y son ideales para puntos de luz con uso diario de más de tres horas y permiten un ahorro del 80 por ciento; las lámparas halógenas LED, que pueden permitir ahorrar hasta un 80 por ciento en el consumo de energía de ese punto de luz; usar colores claros para decorar las casas, porque proporcionan ambientes más luminoso y necesitará menos luces

Asimismo, recomienda limpiar con regularidad las fuentes de luz ya que la suciedad acumulada dificulta una correcta difusión y utilizar reguladores electrónicos de flujo para las halógenas, que permiten adecuar el nivel luminoso a una necesidad concreta. Finalmente, aconseja los tubos fluorescentes sobre todo para baños, cocinas, trasteros y garajes así como instalar detectores de presencia en las zonas de paso, que activan y desactivan automáticamente la luz.

El efecto en neustro organismo

Las incidencias del cambio de hora, más alllá de 6 euros en la factura, se notan también en nuestro cuerpo. Puede generar «leves» alteraciones en el sueño, los hábitos alimenticios y el estado de ánimo, aumentando el cansancio, la irritabilidad o la falta de concentración en algunas personas. El cambio horario puede implicar «ligeros» trastornos en el sueño, los hábitos alimenticios y el estado de ánimo, que pueden aumentar el cansancio, la irritabilidad o la falta de concentración, aunque estos problemas remiten en el plazo de tres o cuatro días, subraya.

Los niños y los mayores son los grupos de población más sensibles a estas alteraciones debido a que tienen unos horarios establecidos de comidas y de sueño. Los lactantes pueden experimentar alteraciones en su alimentación, mientras que los niños en edad escolar pueden tener mayores dificultades para despertarse.

Los mayores de 50 años, que con frecuencia tienen problemas para conciliar el sueño y se despiertan más temprano, pueden tardar más tiempo en adaptarse al nuevo horario. Entre otros consejos para minimizar estos efectos, se recomienda acostarse un poco antes tres o cuatro días antes del cambio de hora, no dormir la siesta durante unos días, no variar los hábitos alimenticios, practicar ejercicio físico moderado y evitar el consumo de alcohol.

Así afecta el cambio de hora a los gallegos En España se empezó a retrasar el reloj en 1973 pero a día de hoy hay muchos que todavía no se han acostumbrado.

Cambio de hábitos der consumo eléctrico

Otro de los factores que restan efectividad a las bondades del cambio de hora es la mudanza en nuestros hábitos de consumo eléctrico. La medida de adelantar el reloj para aprovechar horas de luz está basada en premisas y circunstancias superadas por la actual tecnología. Camilo José Carrillo, profesor de Ingeniería Eléctrica de la Universidade de Vigo, lo explica: «La calefacción en invierno y la climatización en verano suponen un gasto superior al de la luz», explica, y añade otros factores como el tráfico rodado y la contaminación. 

El caso de Galicia

Las necesidades energéticas y los hábitos que muda el cambio de hora llegan a una situación extrema en Galicia, donde la incoherencia entre lo que nos dice el Sol y lo que nos dicta nuestro reloj es aún mayor. Estamos en el occidente de España y aquí el desajuste llega a las dos horas en la franja Atlántica. Alineados con Portugal, Reino Unido y las Canarias, todos ellos territorios con una hora menos que la española, la reclamación de un huso horario diferente es una tradición en formaciones políticas nacionalistas.

La ARHOE (Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles) tiene una propuesta para evitar el cambio de hora cada año. El primer paso es obviar la adopción de la hora de verano del último fin de semana de marzo. El cambio quedaría definitivamente completo cuando el siguiente otoño se retrasase los relojes para regresar, junto con Inglaterra y Portugal, a la hora de invierno.

Con el restablecimiento de la Hora Europea Occidental, se volvería a un horario más europeo, en el que los ciudadanos se seguirían levantando a la misma hora de reloj, pero en realidad una hora (solar) más tarde; se comería y cenaría en un horario más internacional, a la una y a las ocho de la tarde; se fomentaría la jornada continuada de nueve a seis, con una parada de una hora para comer a mitad de la jornada laboral; y se dormiría una hora más, lo cual es beneficioso para la salud y provocaría una disminución de la siniestralidad laboral.

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