Casi la mitad de la población sufre algún trastorno del sueño en España

Los expertos advierten de que dormir mal deriva en graves problemas de salud


redacción / la voz

Irritabilidad, estrés, fatiga, menor rendimiento escolar y laboral, pérdida de memoria, mayor riesgo de sufrir depresión, sobrepeso, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo II e incluso algún tipo de cáncer. Todos estos problemas y alguno más están asociados a un déficit en la calidad del sueño, trastornos de distinta variedad que afectan en algún momento a cerca de la mitad de la población española, un 45 %, pero a los que no se le presta la importancia que se merece. Los españoles duermen una media de 7,12 horas, casi una hora menos que el resto de los europeos, y un 57,8 % se pasa incluso menos de siete horas en la cama, pero la cuestión ya no es hacerlo más o menos, sino dormir sano.

Trastornos como el insomnio, que padece hasta el 30 % de la población, de los que un 10 % se enfrenta a él de forma crónica; la apnea, que afecta al 17 % de los hombres y al 9 % de las mujeres; el síndrome de los pies inquietos, que sufre un 10 % o la narcolepsia, que afecta a 25.000 españoles, son los grandes enemigos del sueño, lo que acaba convirtiéndose en un problema de salud pública. «Se han hecho avances, pero aún falta una verdadera cultura del sueño en España y la gente aún no es consciente de que dormir mal puede derivar en problemas de salud importantes», alerta Francisco Segarra, delegado para España de la Asociación Mundial de Medicina del Sueño coincidiendo con la celebración hoy del Día Mundial del Sueño, una actividad impulsada en el país por la Sociedad Española del Sueño y que se lleva a cabo bajo el lema Dormir bien es un sueño alcanzable.

Apnea

La apnea del sueño, que se caracteriza por interrupciones repetidas de la respiración de más de 10 segundos y que en algunos casos pueden llegar a sumar dos horas de inadecuada oxigenación durante la noche, es uno de los trastornos para la salud más graves. «Lo peor es que el 80 % de los pacientes que sufren tanto este problema como el síndrome de las piernas inquietas no lo saben porque no están diagnosticados», alerta Segarra. Las alteraciones en el nivel de oxigenación son un riesgo real e importante para enfermedades cardiovasculares, como el infarto o el ictus. «Avanzar en la identificación temprana de cualquier trastorno del sueño es indispensable para mejorar la calidad de vida de los pacientes», incide Hernando Pérez, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Sueño de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

«Es necesario crear la cultura del buen dormir», advierte Francisco Segarra. ¿Cómo lograrlo? Existe un decálogo de consejos que pasan por mantener una rutina a la hora de dormir y levantarse; limitar la siesta a 30-45 minutos como mucho; evitar el alcohol 4 horas antes de irse a la cama; la cafeína, al igual que el chocolate, seis horas antes; los alimentos azucarados, pesados o picantes cuatro horas antes; hacer ejercicio, pero no justo antes de ir a dormir; mantener la habitación ventilada y con una temperatura confortable; eliminar el ruido y la luz o no ir a la cama con dispositivos electrónicos.

«Se dormía cuando comíamos, cuando nos subíamos al coche y también en clase»

Mateo tiene 13 años y le acaban de diagnosticar narcolepsia, un raro trastorno del sueño que afecta a otros 25.000 españoles y que les impulsa a dormir de forma irrefrenable en cualquier momento del día. Su caso es aún más excepcional, ya que es infrecuente detectar la patología en edades tan tempranas. Tuvo suerte en cierta medida, ya que tanto él como sus padres saben a lo que enfrentarse y puede recibir a tiempo un tratamiento que tendrá que mantener de por vida para controlar la enfermedad. «Es algo con lo que va a tener que convivir», explica su madre, María, que aún está situándose ante el reciente diagnóstico.

Al principio, su familia no le daba excesiva importancia a los problemas de sueño del chaval. «Nos decíamos que este niño duerme mucho, pero nos lo tomábamos como algo normal. Dormía cada vez que se montaba en el coche, cuando estábamos comiendo y también en clase, pero, paradójicamente por la noche no dormía profundamente. Fue una de mis hermanas la que me convenció de que la situación no era normal», relata su madre.

Fue entonces cuando decidieron consultar el caso a su pediatra. «Le hizo varias pruebas para descartar que tuviera sinusitis u otros problemas físicos y luego nos remitió a la unidad de sueño de nuestro hospital de referencia, donde le diagnosticaron la narcolepsia. Tuvimos suerte y todo fue bastante rápido», añade.

Aún así, si los padres aprendieron algo de su experiencia es que «es mejor no esperar». Es preferible consultar al especialista ante síntomas parecidos a los que experimentaba Mateo. «El médico -apunta María- lo primero que nos dijo es que informáramos a los profesores, porque tenían que saberlo y tratarlo como tal y para que no tuviera broncas por quedarse dormido». La narcolepsia es un mal compañero para los estudios. Pero Mateo se esfuerza y consigue aprobar.

Niños de 8 y 9 años que descansan hasta dos horas menos de lo recomendado

Niños de entre 8 y 9 años que duermen entre siete y ocho horas, cuando lo recomendable para su edad son entre nueve y hasta once. Esta es la práctica habitual del 67 % de los pequeños de los alumnos evaluados en un estudio pionero por psicólogos de las universidades de Barcelona y Ramón Llull. Y tampoco son capaces de mantener una rutina de sueño, con horarios fijos. ¿La consecuencia? Menor rendimiento escolar. «Es muy peligroso que duerman de forma irregular y que lo hagan pocas horas y, si encima coinciden ambos casos, como suele ocurrir, el resultado es nefasto», advierte el psicólogo Ramón Cladellas, el autor principal del trabajo.

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