Los becarios le salen gratis a la ONU

Un documental denuncia que este organismo ofrece prácticas no remuneradas


París

«No me puedo creer que se te ocurriera presentarte sabiendo que no puedes permitírtelo». Es lo que escuchó Nathalie Berger durante una entrevista para optar a unas prácticas en Ginebra. La estudiante suiza intentó en vano negociar un salario para poder mantenerse. De esa tajante negativa nació una idea a la que se sumó su pareja, David Hyde. Los dos se lanzaron a realizar un documental sobre uno de los primeros escollos a los que se enfrentan las nuevas generaciones de universitarios: las prácticas no remuneradas

«El verano pasado decidimos que íbamos a presentarnos a prácticas no remuneradas y, en el caso de conseguir una, reflejar la vida de un becario que no puede permitirse vivir en la ciudad en la que trabaja», explican los directores del reportaje An Unpaid Act. Hyde logró ser admitido en un programa de prácticas de las Naciones Unidas y su historia se hizo viral porque, como su trabajo no era remunerado, se instaló en su tienda de campaña en Ginebra, delante de la sede del organismo y al lado del ONU Beach Club, un lugar de recreo solo abierto a funcionarios de organismos internacionales miembros de misiones permanentes, personal diplomático y las familias de todos ellos. El revuelo mediático que causó el neozelandés provocó un aluvión de críticas a la organización internacional, que cada año contrata gratuitamente a alrededor de 4.000 jóvenes.

Aquellos que pueden costearse la experiencia tampoco lo tienen fácil. La ONU no cuenta con un sistema de apoyo legal para los becarios, que tienen vetado el acceso a los dos tribunales de justicia interna de la organización. «Hay muchos individuos que nos dan muestras de apoyo, pero todos ponen la misma excusa, que personalmente no pueden hacer nada», dicen Berger y Hyde. Es el Quinto Comité de las Naciones Unidas quien toma decisiones presupuestarias, pero la situación de precariedad de los becarios no será discutida a no ser que un Estado miembro lo proponga.

«La mayoría de becarios no luchan por ellos mismos, sino por los que se han quedado por el camino», puntualiza Hyde. «Mi caso no es representativo porque yo sí llegué a Ginebra», añade. Es lo que le diferencia de Makam Khan, estudiante de la Universidad Islámica de Islamabad, que tuvo que rechazar unas prácticas en la ONU al ser incapaz de afrontar los gastos. «Las personas de países en vías de desarrollo ni siquiera son capaces de pagar los billetes de avión», denunció en un comunicado. 

Contra la diversidad

La política de no remuneración tiene un impacto negativo sobre la diversidad dentro de la propia organización, impidiendo una justa representación de todos los estados miembros. Una encuesta realizada por la asociación Fair Internship Initiative mostró que, de quinientos becarios encuestados, el 74?% procedían de países desarrollados. El portavoz de Ban Ki-Moon admitió públicamente que la Secretaría de las Naciones Unidas está al corriente de que sus políticas limitan en gran medida la participación de jóvenes sin recursos, pero no se ha puesto en marcha ninguna medida para remediarlo. 

Las prácticas sin salario son un problema a escala mundial y la crisis económica lo ha empeorado. Se estima que el 60?% de becarios que trabajan en Europa no perciben ninguna remuneración y que muchos trabajan sin contrato. Al igual que las Naciones Unidas, la Unión Europea aprovecha la coyuntura actual para contratar estudiantes. Brussels Intern NGO (Bingo) analizó los datos del Registro de Transparencia de la UE y estimó que, de los 8.000 becarios que las instituciones europeas contratan cada año, solo la mitad reciben un salario.

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