El cardenal George Pell no creyó «interesantes» los abusos sexuales cuando era vicario

El prelado australiano y tesorero vaticano dice tener «apoyo total» del papa Francisco


Roma / Corresponsal

¿Sabía o no el cardenal George Pell cuando era vicario del obispo en su ciudad natal de Ballarat, que el sacerdote Gerald Ridsdale con el que trabajaba, abusaba de menores desde hacía años? Sobre esta cuestión giró toda la segunda sesión de la declaración que el tesorero del Vaticano hizo el lunes por la noche por videoconferencia desde un hotel de Roma ante la comisión australiana que investiga abusos sexuales a menores.

Entre los años 1973 y 1983 el hoy potentísimo prefecto de la Secretaría de Economía de la Santa Sede era asesor del entonces obispo de Ballarat, Ronald Mulkearns. Las preguntas del miembro de la comisión, Gail Furness y del presidente, el juez Peter McClellan se centraron en lo ocurrido en una reunión celebrada en 1982 y en la que participaba Pell. Según las pruebas, a pesar de que todos tenían conocimiento de los abusos a menores que Ridsdale cometía desde los años 60, la única decisión que tomaron fue transferir al sacerdote de parroquia por sexta vez.

El cardenal Pell reconoció que, no obstante se comentase a baja voz lo que ocurría, nadie le había hablado claramente de los abusos sexuales de Ridsdale y de la necesidad de tomar medidas más radicales. Ante las duras acusaciones de la comisión, intentó justificarse pero su repuesta no pudo ser más desafortunada: «era una historia triste pero no era interesante para mí» explicó provocando sonoras protestas de las víctimas que seguían la sesión en el hotel romano. A la pregunta de si se sentía responsable por haber solo transferido al sacerdote y no haberlo expulsado de la Iglesia y denunciado a la policía, el purpurado respondió con un rotundo no.

Pell, que a su llegada al hotel Quirinal había asegurado que cuenta con el total apoyo del papa Francisco, con quien se había reunido por la mañana, se juega su reputación con esta investigación que está despertando gran interés ya que esta es la primera vez que un alto cargo del Vaticano testifica sobre delitos de pedofilia y reconoce la responsabilidad de la Iglesia, que hasta ahora había intentado esconderlos. Muchas de las víctimas de los abusos sexuales del padre Ridsdale y de otros religiosos acusan al cardenal de haber encubierto y protegido a los sacerdotes pedófilos cuando estaba en Australia, no tomando medidas drásticas para expulsarlos de la institución eclesial. Uno de los casos más graves es el de Gerald Ridsdale, condenado por haber violado a 53 niños, y que era amigo de George Pell además de haber compartido alojamiento con él en Ballarat.

En las largas declaraciones de estas noches ante la comisión australiana, que se prolongan desde las 22 hasta las 2 de la madrugada, algo ha cambiado en el cardenal que ahora reconoce que la Iglesia cometió errores. Hace tan solo un año para negar cualquier responsabilidad de la Santa Sede ante el problema del abuso de menores, el brazo derecho de Francisco hizo una comparación que escandalizó a todos: «desde un punto de vista legal no creo que una compañía de transporte pueda ser considerada responsable de las acciones de sus camioneros», dijo.

A pesar del cacareado apoyo del papa, no soplan buenos vientos para el australiano que hace pocos meses se vio salpicado por el escándalo de Vatileaks 2 cuando su nombre apareció entre los miembros del clero acusados de gastos dispendiosos a pesar del encargo recibido del papa de sanear las cuentas vaticanas. Su nombramiento como cardenal en el 2003 por Juan Pablo II fue criticado ya que meses antes también él fue acusado de abusos por un niño de 12 años, acusación que no prosperó por falta de pruebas.

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