Una ventana totalmente nueva al cosmos inexplorado


Ikerbasque Research. Profesor Universidad del País Vasco

Hace poco más de un siglo Albert Einstein presentó al mundo su Teoría de la Relatividad General, en la cual no solo unía bajo un mismo concepto las ideas del espacio y el tiempo, sino que además le asignaba un papel mucho más relevante del que hasta entonces disfrutaba. Según ella, el espacio-tiempo no es algo estático sino dinámico, y son la materia y energía las que modifican y alteran su estado, deformándolo de diversas maneras descritas en las ecuaciones de Einstein. Es el mismo Einstein quien pocos meses después predice la existencia de las ondas gravitacionales, que corresponden a pequeñas perturbaciones del tejido mismo del espacio-tiempo y viajan a la velocidad de la luz. Sin embargo, fue claro desde el primer momento al decir que su observación directa no sería una tarea fácil. Su interacción con la materia produce, a su paso, pequeñas modificaciones en la distancia relativa entre los objetos en reposo. Pero esta variación es tan minúsculamente pequeña que parecía casi imposible de detectar. Es por esto que han tenido que pasar más de cien años y un buen número de físicos de gran talento y dedicación para que hoy podamos decir que finalmente se han detectado.

La colaboración LIGO es sin lugar a dudas una obra de arte de la tecnología moderna y el fruto del empuje a lo largo de los varias décadas de un grupo de científicos compuestos por centros de investigación de 15 países distintos. Estos detectores utilizan una técnica llamada interferometría para medir mediante láseres la variación increíblemente pequeña de la longitud de los brazos del interferómetro generada por el paso de una onda gravitacional. En cierto sentido podemos pensar en estos detectores como gigantescos oídos que nos permiten registrar las pequeñas vibraciones del espacio-tiempo de la misma manera que escuchamos las vibraciones del aire producidas por un tambor o la cuerda de una guitarra. El verdadero interés de las observaciones anunciadas ayer es la demostración de la capacidad de detección de un tipo de radiación, la gravitatoria, que se produce en un gran número de procesos tanto astrofísicos como cosmológicos. Esto abre una nueva ventana a un universo totalmente inexplorado hasta ahora, ya que nunca antes habíamos sido capaces de oír nada de esta manera. Es por esto que el día de ayer marca en cierto sentido el nacimiento de una nueva rama de la Astronomía, la astronomía de ondas gravitacionales, de la cual esperamos aprender muchas cosas sobre objetos astrofísicos que no tienen emisión electromagnética y por lo tanto no han sido visibles hasta ahora.

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