Galicia prueba la medicina a la carta para el tratamiento de la artritis

Raúl Romar García
R. ROMAR REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

CESAR QUIAN

El Chuac valida el uso de marcadores genéticos que predicen la respuesta a fármacos

25 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Un mismo fármaco puede resultar eficaz para una persona, pero para otra no e incluso le puede causar reacciones adversas que no se producen en los demás que reciben el tratamiento. La diferencia está en las variaciones genéticas individuales, polimorfismos del ADN que provocan que la respuesta a los medicamentos sea desigual. Su incorporación a la rutina clínica, auspiciada por la secuenciación del genoma humano, es la base de la medicina personalizada, en la que ya se han producido notables avances en el campo del cáncer, pero para la que aún queda un largo recorrido. Un camino que está un poco más cerca en el caso de la artritis reumatoide gracias al trabajo desarrollado por el Grupo de Reumatología del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), que realizará la validación clínica de doce marcadores genéticos seleccionados para predecir la respuesta de los pacientes a las terapias biológicas existentes, lo que permitirá determinar cuáles son los más efectivos en cada caso y desarrollar tratamientos a la carta.

Es más, ayudará a decidir en qué casos los enfermos no necesitarán más la medicación, lo que supone uno de los puntos cruciales de la investigación. Lo hará gracias a un proyecto financiado con un millón de euros por el Instituto de Salud Carlos III, del Ministerio de Sanidad, dirigido a trasladar a la práctica clínica los avances en la investigación médica. Solo se concedieron cuatro programas en toda España, y el del hospital de A Coruña es uno de ellos. En tres años los resultados podrían aplicarse a todos los pacientes. «Buscaban proyectos que tuvieran una aplicación inmediata», explica Francisco Blanco, el responsable de un ensayo en el que, además del Instituto de Investigaciones Biomédicas de A Coruña (Inibic), coordinará a equipos de otros centros: los hospitales clínicos de Barcelona y Madrid y las instituciones sanitarias 12 de Octubre y de La Princesa, de la capital española.

Los perfiles genéticos se validarán en un total de 500 pacientes, el paso previo para que esta técnica pueda utilizarse de forma rutinaria en pacientes con artritis reumatoide. Del Chuac también participarán en la investigación los equipos de Informática, dirigido por Guillermo Vázquez, y de Estadística, coordinado por Salvador Pita.

El grupo de Francisco Blanco fue elegido por su experiencia en este campo, ya que llevaba dos años optimizando las terapias biológicas que en la actualidad se administran a los pacientes. En la validación clínica que ahora realizarán no parten de cero, porque utilizarán marcadores genéticos de respuesta a los fármacos que ya habían sido identificados en la investigación básica, pero que no se habían probado en enfermos.

Retirar la medicación

«Nosotros -dice Blanco- seleccionamos doce biomarcadores que ya eran conocidos, pero los combinamos en un perfil único e introducimos también datos clínicos basados en nuestra experiencia para ayudar a mejorar la respuesta biológica que planteamos». El objetivo ya no es solo identificar cuál es el medicamento más efectivo para cada paciente y descartar aquellos que no ofrecen resultados o que presentan reacciones adversas, sino también determinar en qué enfermos remite la patología porque ya están curados. En estos casos se les podrá retirar la medicación, lo que supondrá un importante ahorro para el sistema sanitario, ya que se trata de terapias muy caras, con un coste anual de entre 10.000 y 12.000 euros por paciente.

El mismo equipo de A Coruña también participa en un proyecto europeo, para el que aporta 1.000 pacientes, dirigido a encontrar proteínas que sirvan como marcadores para predecir la respuesta a los fármacos de los pacientes con artrosis. En este caso también se trata de utilizarlos para poder detectar la evolución de la enfermedad.

La artritis reumatoide no es una enfermedad que tenga una excesiva prevalencia, ya que afecta a entre el 0,5 % y al 1 % de la población, pero es muy incapacitante y provoca una elevada comorbilidad, lo que significa que se asocia a otras enfermedades, especialmente cardiovasculares.

La inflamación y destrucción de las articulaciones que genera, producida por una reacción del propio sistema inmune, supone una importante merma de la calidad de vida de las personas afectadas por esta patología, que en los últimos diez-quince años se ha visto mejorada por la irrupción de potentes terapias biológicas, que incluso llegan a frenar este deterioro.

«Son fármacos eficaces, pero necesitamos crear instrumentos para mejorar su manejo», explica Francisco Blanco. Y ahí es donde entran en juego los marcadores genéticos. Su incorporación a la práctica médica, en cuanto finalice el ensayo de validación que ahora se está efectuando, tampoco resulta compleja. Basta con un simple análisis de sangre en los que para su posterior análisis no se necesitan sofisticados instrumentos de secuenciación del ADN. «La identificación de los polimorfismos -apunta Blanco- se puede realizar en cualquier laboratorio del sistema sanitario». Este aspecto es también una de las grandes ventajas del nuevo procedimiento.

La experiencia del profesional

Luego, en poco tiempo, se podrá saber si la medicación que recibe el afectado es la más indicada o no en función de su perfil molecular y clínico. Este último aspecto, la experiencia del profesional para el mejor abordaje de la enfermedad, sigue siendo un aspecto crítico. «Necesitamos mejores instrumentos para desarrollar nuestro trabajo, pero la experiencia del experto que atiende al enfermo sigue siendo muy importante», subraya Blanco.