Marina propone una formación de siete años y una oposición para los docentes
 

Diseña una carrera con tres posibles itinerarios: en el aula, como profesor o de gestor


redacción / la voz

El Ministerio de Educación ya ha colgado en su web (mecd.gob.es) el Libro Blanco de la Función Docente no Universitaria, un documento que firma José Antonio Marina en colaboración con la pedagoga Carmen Pellicer y el profesor universitario Javier Manso. Son 87 páginas y 20 propuestas que nacen con el objetivo de «ser el comienzo de un debate sobre la profesión docente» que propicie «un pacto de Estado sobre educación» y un estatuto de los profesores.

Lo más destacado, y esperado, es qué formación quiere Marina para los profesores del futuro: siete años, de los que cinco son teóricos, dos prácticos totalmente y en medio hay una oposición al estilo MIR, con elección de centro según la nota.

La propuesta, dicen los autores, busca «un modelo de alto nivel de cualificación y excelencia». Empieza con el grado como hasta ahora [un Magisterio para infantil y primaria, y una especilidad universitaria (Biología, Lengua...) para secundaria] pero al final incluye un examen tipo MIR. Esta prueba variaría según la especialización -primaria, secundaria-, sería igual en toda España, tendría un número concreto de plazas y cada alumno acabaría con una nota. Según la calificación, podría acceder al Centro Superior de Formación del Profesorado (CSFP) -una red de facultades-, de su elección, y el 25 % mejor situado tendría una beca para estudiar en otro lugar de España diferente al suyo, ayuda que incluiría gastos para residencia y manutención.

En el CSFP estudiaría el alumno un máster de un año, y completaría su formación con dos años de prácticas en un colegio o instituto «para aprender, no para cubrir una plaza», recalca el Libro, aunque recibiría un complemento económico. Serán los docentes en prácticas (DEP). Los centros que ofrezcan las prácticas, así como los tutores que sigan al alumno, deben ser elegidos «por sus méritos, cuidadosamente evaluados». Una vez superados estos dos años, el alumno ya puede considerarse profesor, tendrá el diploma de aptitud con el que concurrir a una oposición pública -como las de ahora- o a una entrevista de trabajo en un colegio privado. Sin este diploma no se les puede contratar.

Cinco pasos

Grado (4 años)

Primaria o secundaria. Según sea para primaria o secundaria, Magisterio o cualquier especialidad universitaria.

Examen público

Numerus clausus. Será una especie de MIR, con tantas plazas como necesite el sistema.

Máster (1 año)

Máxima calidad. Un año en la red de Centros Superiores de Formación del Profesorado (CSFP), que les dé la mejor preparación didáctica.

Prácticas (dos años)

Con tutor y pagadas. El profesor sería un docente en prácticas (DEP), con sueldo. Tendría un tutor cuidadosamente elegido.

Oposición | Entrevista

Fase final. Con el título bajo el brazo, el docente puede presentarse a unas oposiciones para dar clase en la enseñanza pública o a una entrevista de trabajo para la enseñanza privada.

Las sugerencias se pueden enviar a libro.blanco@mecd.es

Becas y permisos para los buenos maestros

El Libro ve al profesor como un profesional con una carrera. Propone tres vías de desarrollo de esta: académica, de gestión y en el mismo puesto de trabajo.

La primera supone una progresión. Si se parte de infantil/primaria, sería: maestro, coordinador, jefe de estudios, director, tutor de maestros en prácticas, inspector de infantil y primaria, profesor en los CSFP, miembro del Consejo Pedagógico del Estado, profesor en facultades de Educación. Para los docentes de secundaria: profesor, catedrático, jefe de departamento, coordinador de área, jefe de estudios, director, tutor de profesores en prácticas, inspector, profesor en CSFP, miembros del Consejo Pedagógico del Estado, profesor de Universidad en Educación o incluso en la rama de didáctica de otras facultades.

El grupo dos, por gestión, sería: profesor, director, inspector de gestión, formador de directores e inspectores en los CSFP, asesor en la Administración y profesores de gestión educativa en la Universidad.

¿Y si el profesor no quiere salir del aula, está condenado a no crecer profesionalmente? Marina propone becas de formación, permisos sabáticos para ampliar estudios e incentivos honoríficos y económicos para compensarle.

La dirección tiene que ser activa pero necesita más ayuda

El colegio (o instituto) es el centro neurálgico de la educación, recuerda Marina, y tiene que cambiar para ser tan exigente como el resto del proceso. No hace falta variar las leyes, apunta el Libro, para acometer mejoras, ya que se puede: redefinir los currículos de cada curso y trabajar por proyectos; cambiar las metodologías del aula y fomentar el uso de las TIC; evaluar no solo con exámenes sino de otras formas (rúbricas); adaptar la programación anual a un sistema de indicadores de progreso; estudiar las fortalezas y debilidades propias y diseñar un plan en consecuencia; y potenciar el trabajo en red con el entorno.

Claro que para que el director -formado en los CSFP- pueda sacar tanto partido a su claustro y comunidad educativa «ha de ser buen administrador y un líder educativo», pero, asume Marina, «parece conveniente que esté acompañado» por dos técnicos: un gerente que se encargue de la organización, los horarios, el control de actividades, la planificación de las actividades extraescolares, la búsqueda de colaboradores...; y un jefe de estudios, responsable de «organizar los procesos de aprendizaje».

La labor del director no se limitaría solo al centro, ya que siguiendo el modelo anglosajón, Marina propone «una coordinación entre todos los directores en una ciudad o zona» para establecer objetivos y planes comunes.

Los orientadores, clave

Además de profesores, el Libro aboga por que en los colegios haya otros profesionales y dedica especial atención a los orientadores. Estos, dice, son tan importantes que deben haber estudiado el grado de Psicología o Pedagogía y someterse al mismo proceso formativo que los docentes.

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