Manuela Argiz: «No me interesa demasiado conocer a Fidel Castro»

Dice que no entiende de política ni quiere enterarse; lamenta que Fidel no la saludara en su visita a Láncara, pero recuerda que sí fueron a verla hijos del revolucionario


lugo / la voz

La trascendencia de un líder político como Fidel Castro es incuestionable para todo el mundo menos para una persona, su prima Manuela Argiz, una anciana que ha cumplido ya 102 años y que tiene una vitalidad y estado físico que seguro que envidiaría el líder cubano. «No entiendo nada de política ni quiero enterarme», dice cuando es preguntada sobre lo que piensa sobre la revolución cubana en su domicilio de la localidad lucense de Láncara, a apenas dos kilómetros de la vivienda en la que se crio Ángel Castro, padre de Fidel y Raúl, antes de emigrar a la isla.

El único recuerdo que tiene del lejano año 1957 en el que un grupo de guerrilleros con su primo Fidel Castro al mando empezó la guerra contra Batista en Sierra Maestra es por su padre, Manuel Argiz. «En casa nunca nos hablaba de política ni nos explicaba nada. Solo recuerdo que quería ir a la guerra y que el hermano mayor de Fidel, Ramón, le dijo que era muy mayor para combatir», cuenta Manuela Argiz con todo detalle, a pesar de haber pasado casi 70 años y apostillando que Ramón, según ella, fue el único de los Castro que no se metió en política.

Un detalle que tampoco olvidará nunca la anciana es la única visita que realizó Fidel a la casa natal de su padre en 1992. Manuela Argiz recuerda con enfado y amargura que no pudo ni acercarse a él y mucho menos hablarle. «Fue la única vez que lo vi. Dio unas vueltas a la casa y ni siquiera nos saludó ni a mi hermana ni a mí y solo habló con otras primas de la aldea de Armea. Estaba como rodeado por un muro de hombres y no pudimos acercarnos. La verdad es que no me importa», asegura con voz muy firme.

Lo que sí le hace ilusión es recordar otras ocasiones en las que algunos hijos del líder comunista la visitaron en su casa. «Vinieron varios a verme, uno de ellos muy alto y guapo que acababa de casarse y que vino con su mujer. Todos fueron muy amables y educados conmigo y no venían con tantos hombres grandes como cuando estuvo su padre», dice Manuela. «También vinieron a menudo a verme fueron los embajadores, que me trataron con mucha educación», añade.

La visita de Raúl Castro tampoco la recuerda con especial agrado. «Vino y se fue como un relámpago y casi ni nos enteramos que había estado».

La centenaria todavía mantiene una vida muy activa y es completamente autónoma. «É tan activa que os dous días que a vai axudar unha asistenta social cando chega, xa Manuela lle ten feito o almorzo», dice entre sonrisas un buen amigo de la anciana, Carlos López Sierra.

Manuela Argiz no suele visitar la casa en la que nació el padre de Fidel y ayer lo hizo tras varios años. «Mirad cómo está este casucho. Seguro que él --en referencia a Fidel- vive en un palacio. Parece ser que depende del Concello arreglarla, pero parece que está la cosa complicada», asegura la anciana, antes de apuntar que recuerda perfectamente a las dos últimas personas que residieron en esa vivienda hace décadas, el matrimonio formado por Serafín y María.

Con 102 años, Manuela Argiz no espera poder ver en persona ni hablar con Fidel Castro, algo que asegura que no le importa. «La verdad es que tal y como se comportó en la única vez en la que visitó la casa de su padre no me interesa demasiado conocerlo. Si él no quiso verme será por algo y, por lo tanto, no me preocupa saber nada de él».

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