«Para mí el budismo es como llegar a casa tras dar la vuelta al mundo»

Hace ocho meses lo dejó todo para estudiar en el centro Chu Sup Tsang


ourense / la voz

Berta Varela (Ourense, 1973) es conocida en la ciudad de As Burgas por su compromiso social y su implicación en diversas oenegés, entre ellas Solidaridad Internacional, de la que fue portavoz durante más de una década. El pasado septiembre se convirtió en Tenzing Ngyung, la primera monja budista ourensana del monasterio Chu Sup Tsang, ubicado en Ventoselo (San Amaro).

-¿Ha generado mucho revuelo en sus conocidos esta decisión?

-Ha sido bastante rápido. Llevaba solo ocho meses viviendo en el centro cuando decidí tomar votos, pero quienes me conocen lo han encajado perfectamente.

-¿No es un cambio muy brusco?

-En realidad es un paso más en una trayectoria vital porque, si lo piensas, no está alejado del compromiso de ayudar a otros. El objetivo fundamental del budismo, en cualquiera de sus niveles de práctica o de implicación, es intentar beneficiar a los demás al mismo tiempo que se beneficia uno mismo. Se trata de superar los sentimientos y pensamientos negativos para ser más feliz en el día a día pero también para transmitir esa paz a los demás.

-¿Es consciente de que su imagen era la de una mujer con los pies bien plantados en la tierra y, digamos, poco dada a disquisiciones espirituales?

-Sin embargo en mi interior yo siempre me he sentido en búsqueda. Toda mi vida, desde que recuerdo, siempre me ha inquietado el sufrimiento de la gente y me he planteado veinte mil porqués. Canalicé esa inquietud en el compromiso social y ahora me ha traído hasta aquí. Para mí encontrar el budismo y al lama fue como llegar a casa después de dar la vuelta al mundo.

-¿Cómo lleva la imposición de una vestimenta?

-Imposición ninguna. Dentro del budismo todo ha de hacerse voluntaria, gradual e individualmente. Los que me conocen saben que nunca he sido una persona preocupada por la estética. Mi aspecto, en la ropa o en el pelo, siempre ha estado marcado por la comodidad. Y esto cómodo es; ni te imaginas el tiempo que te ahorras con la cabeza rapada (ríe). Bromas aparte, el vestir hábitos te despreocupa del aspecto pero fundamentalmente simboliza el compromiso que adquieres al tomar los votos. Te vistes diferente al resto de la gente, los laicos, pero no para separarte de ellos, sino para recordarte a ti misma ese compromiso personal de trabajar por el beneficio de todos los seres sin distinción.

-¿La gente le mira mucho?

-Las dos veces que he salido a la ciudad, lo cierto es que sí; como si vieran un extraterrestre. Es normal porque no es una imagen habitual por aquí; sin embargo en Los Ángeles, cuando salimos de ordenarnos, nadie mostró la más mínima curiosidad.

-¿Hasta dónde puede llegar una monja budista?

-Exactamente al mismo lugar que un monje budista. Hay lamas mujeres, incluso alguna española. En el budismo no hay diferencias en ese sentido, de hecho nunca habla de hombres y mujeres. Habla de seres conscientes o seres con consciencia o seres humanos cuando se refiere a personas.

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