«Hay quien no disfruta del tiempo libre de un hijo, lo padece»

Responsable de la Asociación Profesional de Pedagogos de Galicia, José Manuel Suárez alerta del peligro de saturar a los niños con actividades extraescolares


redacción / la voz

La escasa compatibilidad horaria entre la jornada escolar y la laboral de los padres. Ese es uno de los grandes problemas que observa, tanto en Galicia como en el resto del Estado, el responsable de la Asociación Profesional de Pedagogos e Psicopedagogos de Galicia (Apega), José Manuel Suárez. A falta de una adaptación del horario lectivo a los tiempos de trabajo en las empresas, como han hecho países como Francia, la tabla de salvación de los padres para cubrir ese vacío son las actividades extraescolares. Pero ojo. Hay que administrarlas con control para que no tengan un efecto búmeran y, en lugar de enriquecer las habilidades del alumno, acaben perjudicándolo. Lo dice claro este experto: «No se puede sobrecargar al escolar porque todo lo que implica sobrecarga es perjudicial».

-Los que fuimos a EGB teníamos poco donde elegir cuando hablábamos de actividades extraescolares. Recuerdo que, como mucho, había danza o yudo. Ahora hay de todo. Desde violín a guitarra, pasando por ballet, manualidades... Hay quien va a dos o tres al día. ¿Realmente es bueno ir a disciplinas tan diversas?

-Hay que explicar primero cuál es el problema que está detrás de esa ajetreada agenda. En la mayor parte de los centros los tiempos escolares están comprimidos durante la mañana, algo que no es compatible con el horario de la mayor parte de los padres, porque son muy pocos los que disponen de un horario igual. Entonces hay que programar un calendario extraescolar que cubra el hueco. El problema es que el niño acaba sobrecargado de actividades. No es tanto el hecho de que una actividad pueda resultar buena o no para desarrollar el intelecto o una determinada habilidad, como que el hecho de ir a muchas se convierta en algo perjudicial porque acaba saturándolo.

-Vamos, que eso no es bueno.

-Claro que no lo es. Por ejemplo, hay quien puede querer ir a varias actividades porque le gustan mucho, pero al ser algo que acaba prolongándose en el tiempo, acaba aburriéndose. Le cansa.

-¿Qué podemos hacer entonces?

-Hay países como Francia, donde el horario laboral resulta más compatible. Luego hay actividades complementarias que organiza el propio centro. Por ejemplo, los llevan a un museo para completar una clase de historia y no hay unas vacaciones de verano tan largas. Las reparten durante el curso escolar.

-¿Qué le parece esa escena de una comida familiar de domingo en un restaurante en la que los padres no dejan de mirar el teléfono mientras sus pequeños permanecen entretenidos con la tablet?

-Eso es otra historia. Lo que está ocurriendo es que el tiempo libre de un hijo, en vez de disfrutarlo, hay algún progenitor que parece que lo padece. En lugar de programar cosas para hacer en familia durante el tiempo libre lo que hacen con los pequeños es distraerlos con actividades superfluas. Los niños hacen lo que ven hacer a sus padres. Los ven todo el día con el teléfono, y entonces ellos también. Pero el tiempo libre que tiene el escolar es para disfrutarlo.

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