La pasión de sor Marta son los puzles

18.000 piezas adornan una pared del convento Concepcionista en Viveiro


VIVEIRO / LA VOZ

En el convento de clausura de la Concepcionistas de Viveiro se ora, se labora, y una de las hermanas de la congregación, también da rienda suelta «en los ratos perdidos», a su pasión: hacer puzles. Sor Marta llegó a la vieja ciudad de Pastor Díaz desde su Mugardos natal en febrero del 2003. Además de su vocación religiosa, se trajo consigo su afición por juntar piezas, casar colores y formas. Y no son pecata minuta, porque de los de mil piezas pasó a los de 5.000 y el último acabado y que fue un regalo para la anterior madre abadesa, sor Lourdes, tiene 18.000 piezas y reproduce una de las obras del pintor flamenco del siglo XV Rogier Van der Weyden.

Los puzles de toda la vida que al común de los mortales les puede hacer perder la paciencia, a sor Marta le permite relajarse «cuando estoy muy estresada, en cinco minutos pones la mente en blanco», y también «reflexionar en la contemplación de las imágenes, lo que representa cada escena, las frases en latín que aparecen». Un ejemplo, «hay un Cristo en el muro de la Adoración», lo que no parece tener mucho sentido y hace a la religiosa meditar sobre lo que quiso transmitir el pintor.

Tres meses en «horas perdidas»

La monja aficionada a los puzles y la abadesa del convento viveirense, sor Teresa, explican lo laborioso de un trabajo que llevó a sor Marta tres meses y que ahora preside la pared principal de la portería del convento. Impresiona por el realismo y el colorido de las tres escenas pintadas por Van der Weyden que representan la Anunciación, la Adoración de los Reyes y la presentación en el templo. Pero también por la minuciosidad del trabajo realizado por la mugardesa para acoplar las 18.000 piezas que le dan forma y que dieron origen a un gran cuadro de 3,21 metros de ancho por 1,56 de alto.

El puzle lo fue haciendo «a la hora de la siesta, mucho de noche, algún fin de semana hasta las 3 de la madrugada», tirada en el suelo del salón del noviciado, en la tercera planta del magnífico convento renacentista que ocupa parte de la plaza de Santa María. Para trasladarlo a la planta baja «hubo que hacer virguerías, hicieron falta 4 o 5 monjas». En las diferentes fases, sor Marta tuvo algunas ayudas, la colocación de alguna que otra pieza por parte de sus compañeras, «pocas, a las hermanas no les gusta mucho»; la de José Antonio, el sobrino de sor Teresa cuando las labores del jardín no eran posibles por la lluvia. También la de Justo, el carpintero de Budián que además de restaurar algunas piezas del convento, se encargó de hacer el marco de una medida especial que requería la obra. «Montarlo fue toda una odisea porque pesaba mucho, aunque cuadró que estaban aquí los obreros de una obra que estábamos haciendo y nos ayudaron», remarca la religiosa.

Lo próximo, ¿la Sixtina?

Sor Marta explica que cuando acabó este gran puzle se planteó un reto mayor, hacer el La Vida, que tienen 24.000 piezas. En la cabeza tiene una pared del locutorio del convento de la que podría colgar en un futuro su nueva obra. «Pero a mí me van más los temas religiosos», apunta. Y sale a colación el gran fresco que pintó Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Duda, porque no es una empresa baladí por la dificultad de los detalles de la obra del gran maestro del Renacimiento y porque ya tuvo una experiencia previa con esta composición y no fue fácil acabarla. «Ya lo hice con mil piezas y me costó mucho, los colores....». Sor Teresa, la abadesa, la anima: «Sí, sí, quedaría muy bien en el locutorio». La maestra de los puzles duda de nuevo. «Ya veremos si ese puzle (son 18.000 piezas) o busco uno de 32. 000».

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