«Ahora en investigación hay un tapón. Es una generación perdida»

Vanesa Valdiglesias, mejor investigadora europea en el campo de la genómica, encadena contratos temporales


a CORUÑA / la voz

Es la mejor investigadora en su campo pero tiene un contrato precario. Vanessa Valdiglesias (A Coruña, 1980) recogió en Praga el premio al científico menor de 35 años con la trayectoria más brillante, que concede la Sociedad Europea de Genómica y Mutagénesis Ambiental.

-Estudió biología en la Universidade da Coruña (UDC), que es donde trabaja en la actualidad. ¿Qué le diría a los universitarios que empiezan la carrera?

-Que es apasionante, pero muy dura, con muchas lágrimas y muchos noes detrás. Todas las ayudas que he pedido este año me han venido denegadas.

-Pero tiene trabajo aquí y no ha tenido que emigrar.

-Obviamente, a mí no me mueve lo económico. Si no, ya me habría ido otra vez.

-Dice «otra vez», porque durante tres años realizó estancias en laboratorios de Reino Unido, Italia, Portugal, India y Chile.

-Y, a lo mejor, acabo marchándome otra vez. Tengo un contrato temporal y un hijo que alimentar. Casi todos mis compañeros están fuera y no saben si van a volver.

-Y están los que aún esperan su oportunidad. Hay una generación que tiene como un tapón.

-Sí, la palabra es esa, efectivamente. En investigación hay como un tapón. Es una generación perdida completamente.

-¿Cuál es su situación personal?

-Mis condiciones de trabajo no son óptimas, voy encadenando contratos temporales con cargo al proyecto. Es lo que hay. La situación es precaria.

-¿Hasta qué punto cree que se «pasa» de la investigación?

-Nunca se le dio el peso se debía, pero con la crisis fue decayendo. Y falta respeto hacia este campo. Eso se nota hasta en lo mucho que tardan en sacar y en resolver las convocatorias.

-¿En qué condiciones se trabaja?

-Aquí se capea el temporal como se puede. Quiero decir que hacemos lo que podemos con los medios que tenemos.

-¿Por qué eligió Biología?

-En la solicitud de plaza puse Biología en todas las opciones. Quería estudiar eso fuera donde fuera. De niña me fascinaba la naturaleza, el funcionamiento del organismo... La serie Érase una vez el hombre me volvía loca. Yo elegí Biología antes de saber incluso que se llamaba así.

-¿Quién le dijo cómo se llamaba todo eso que le gustaba de niña?

-Mi padre, que hubiese preferido que me decantase por la biología marina, pero ahora está orgullosísimo y muy contento, como mi madre.

-Se decantó por la molecular.

-Descubrí el campo molecular en la carrera, que es a lo que me dedico, y me fascinó.

-Así que es de las que se pasan todo el día delante del microscopio en el laboratorio, ¿no?

-[Risas] Yo miro células humanas. Miro si se alteran o si se modifican cuando las pongo en contacto con según qué compuestos. Pero no estoy todo el día delante del microscopio, eh...

-¿Ah, no?

-Casi el 80 % de mi tiempo lo invierto en leer [En inglés, aclara luego]. Miro qué se está haciendo, qué se sabe...

-¿Por qué hay muchas mujeres investigadoras, pero pocas mujeres dirigiendo investigaciones?

-Porque cuando llega la edad de ser jefa, aparece el deseo de ser madre. Esta es una carrera muy competitiva y puede que tengas que renunciar a subir un puesto por tener hijos.

-Usted acaba de ser madre de un niño a los 34 años.

-Y no lo tuve antes para no frenar mi carrera profesional. Las ayudas para compaginar ciencia y maternidad son bastante escasas o limitadas.

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