Emperadores de hormigón armado hormigón y ruinas

Polémica en Italia entre expertos y políticos por el uso de este material en la restauración de las columnas del Templo de la Paz en el foro romano

Panorámica del foro de Vespasiano, con los restos del Templo de la Paz en el margen derecho de la imagen.
Panorámica del foro de Vespasiano, con los restos del Templo de la Paz en el margen derecho de la imagen.

Redacción / La Voz

El proceso de restauración del foro de Vespasiano en Roma, situado entre los foros imperiales de Augusto y Trajano, el arco de Septimio Severo y la columna de Focas, ha levantado ampollas y enfrentado al ayuntamiento de la Ciudad Eterna y a los arqueólogos. Los técnicos han optado por recuperar las columnas del Templo de la Paz en hormigón armado, sustituyendo las bases y las partes inexistentes con este material. Y muchos lo consideran un atentado. La intervención finaliza en octubre, pero ya se pueden contemplar dos de las columnas -de las siete que se pretenden reubicar-, que antaño eran de granito rosa y hoy lucen hormigón armado.

Los detractores -entre ellos el arquitecto Maccanelli- critican que se están empleando materiales y mezclas que no son propias de la época romana, además de resinas que pueden dañar los restos de una manera irreversible. Y también que todo se está haciendo apresuradamente, por pura estrategia publicitaria. Por su parte, los encargados de la obra aducen que el empleo de hormigón armado es considerado necesario para estabilizar estas columnas y así protegerlas ante posibles movimientos sísmicos, bastante comunes en la región del Lazio, donde se ubica Roma, y el sur de Italia. Además, quienes ponen en tela de juicio la intervención «desconocen el proyecto», argumenta el encargado del patrimonio del ayuntamiento, Carlo Parisi Presicce.

A pesar de la polémica, hay que recordar que Roma fue la inventora del hormigón. Pero no del armado, sino de aquel que compactaba cantos rodados, arena y otros materiales para aportarle más consistencia.

Buenos ejemplos de este avance constructivo los hay todavía, caso del Panteón de Agripa, en pleno entramado urbano de Roma, cuya cúpula fue la primera que se realizó en el mundo con este material. Pero la modernidad ha traído un hormigón mejorado, más gris y de mayor ductilidad, pero también con polémica por su empleo atemporal en la consolidación de las huellas arqueológicas.

El debate ha saltado a la arena política con su llegada al Senado italiano, en donde cinco de sus miembros han denunciado ante la Justicia los hechos y han solicitado la paralización de las obras del foro de Vespasiano cuanto antes.

Pero esta no es una polémica nueva, pues ya hubo intervenciones en restos arqueológicos con este material, tanto en Grecia como en Italia. Así, es bastante común el empleo de hormigón armado de manera selectiva en la arqueología actual. Yacimientos famosos como el de Pompeya, el palacio de Cnosos en Creta, el Teatro Marcelo de Roma, el Partenón de la acrópolis de Atenas o el templo de Selinunte, e incluso la basílica de San Pedro, recibieron inyecciones o prótesis de hormigón con mayor o menor acierto para subsanar las grietas y las deficiencias que ponían en peligro las estructuras milenarias.

De hecho, la Conferencia Internacional de Atenas aceptó el hormigón armado como elemento válido para la arqueología. El problema es cómo se usa. A los 30 millones de visitantes de Roma al año, ¿les importará ver hormigón en lugar de piedra?

Vespasiano o el oportunista caballero que gobernó el mundo

Vespasiano fue el primer emperador de la dinastía Flavia. Su hijo Tito y Domiciano fueron sus continuadores. La figura de Vespasiano tiene mucho de intriga palaciega y lucha por el poder. Con la guerra civil y una ristra de emperadores títere de poco calado y menos duración, el equite Vespasiano aunó las ansias de una parte del denostado Senado para imponer la paz. Una paz que tuvo su reflejo en su famoso templo y la edificación de un foro junto al de Trajano y Augusto. Ahí se guardaban archivos y hasta un mapa detallado del orbe imperial grabado sobre mármol. También la menorah o candelabro de siete brazos y parte del botín sustraído a los judíos de Jerusalén tras derrotarlos en la primera guerra judeo-romana en el 71 d.C. Vespasiano fue el ideólogo del anfiteatro Flavio o Coliseo, finalmente inaugurado por su hijo Tito. Y también puso las bases para que el sistema imperial se afianzase con una etapa de gran expansión hasta que la locura derrochadora de Domiciano lo minó.

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