Un reto para la sostenibilidad

Las grandes urbes preparan planes contra la contaminación para la Cumbre de París


redacción / la voz

El cambio climático es un fenómeno que a día de hoy pocos discuten. Sin embargo, la vinculación entre la urbanización sin límites y el calentamiento global se ha subestimado en el pasado y todavía se sigue relativizando en el presente, a pesar de que la ONU estima que en el 2030 unas 250.000 personas podrían morir solo por los problemas ambientales asociados a vivir en una gran urbe. Más de la mitad de la población mundial (alrededor del 54 %) ya reside en estas, y el entorno urbano es precisamente uno de los territorios donde más evidente se hace la degradación medioambiental.

Las ciudades emiten el 70 % de gases de efecto invernadero (GEI) generados en todo el planeta y son Estados Unidos, China e India los países que más contribuyen al calentamiento global.

Con la mirada puesta en la próxima Cumbre del Clima, que se celebrará en París a finales de año, las grandes ciudades ya ponen en marcha soluciones locales con el objetivo de hacer frente a un problema que es global.

Tráfico

El 23 de mayo del 2014 se produjo un atasco de 344 kilómetros alrededor de Sao Paulo, que se alzó con el título de mayor embotellamiento de la historia. Time la considera la ciudad con los mayores atascos, y eso que restringe, como París o Atenas, el acceso de vehículos con matrículas pares e impares en días alternos.

Otras urbes, como Londres y Estocolmo, apuestan por los peajes para acceder al centro urbano. Y están las que directamente prohíben la entrada a los coches antiguos, como Lisboa, que veta la circulación de los vehículos con más de 15 años.

Fomentar el uso de la bicicleta es otra de las formas de disminuir la contaminación. Bruselas o Hangzhou disponen de un sistema de ciclismo público que asegura aparcamientos para bicis casi en cada calle de la ciudad. La localidad china, además, presume de contar con más de 65.000 bicicletas.

Y luego está la aportación de las nuevas tecnologías. Localidades como Londres o Copenhague ponen a disposición de los ciudadanos aplicaciones que permiten una movilidad más eficiente. La capital inglesa ha desarrollado un planificador de viaje electrónico que suministra consejos instantáneos en función de la ruta introducida por el usuario. Copenhague, por su parte, hace gala de un sistema público que integra a los tres operadores de transporte de la ciudad e incluye una aplicación para smartphones con información que se actualiza constantemente.

Zonas verdes

Reintroducir la naturaleza en las núcleos urbanos constituye uno de los retos principales para luchar contra la contaminación, pero el 55% de las capitales españolas tiene menos de 10 metros cuadrados de zona verde por habitante (la OMS recomienda entre 10 y 15). Río de Janeiro ha decidido luchar en ese sentido, y su secretaría de medio ambiente puso en marcha en el 2010 la iniciativa Río Capital Verde, una medida que ha conseguido aumentar la calidad de vida en varias favelas recuperando hectáreas de tierra degradada mediante la plantación de árboles de invernaderos locales.

En España también se ha apostado por iniciativas de ese tipo. La ciudad de Santander, en colaboración con la Sociedad Española de Ornitología (SEO), puso en marcha hace más de una década una estrategia de conservación que ha permitido eliminar 150.000 metros cuadrados de especies de plantas invasoras y plantar 5.800 árboles en el municipio. El éxito del plan ha llevado a la Federación Española de Municipios y Provincias a firmar un convenio con la SEO para exportar el modelo a localidades del resto del país.

Energías renovables

Con el tercer parque eólico más grande del planeta y un puerto alimentado íntegramente por biocombustible, energía solar y energía hidroeléctrica, la ciudad sueca de Malmö es uno de los referentes en materia de renovables. Otras, como Vancouver o Reikiavik, obtienen casi toda su energía a través de recursos naturales.

Exclusión social

La OMS aplaude estas iniciativas, pero advierte sobre las ciudades con peores infraestructuras sanitarias para combatir los efectos del calentamiento global (la mayoría en países en desarrollo) y alerta sobre los colectivos más vulnerables ante el riesgo de exclusión social, a saber, los niños, los ancianos y la población de bajo nivel económico. La próxima cumbre de París medirá la capacidad (y la voluntad) de cada país para adaptar sus respectivas sociedades a unas circunstancias que no son nuevas. El principal reto: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a un nivel que limite el calentamiento global a dos grados centígrados. Conseguir ese objetivo supondría comenzar a revertir un problema que, de momento, alcanza cada día mayores proporciones.

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