La ablación continúa humillando a 125 millones de mujeres y niñas

Dos activistas africanas cuentan su historia sobre la mutilación genital

Países en los que persiste la ablación Países en los que persiste la ablación

La mutilación genital femenina es una práctica arraigada aún en países africanos como Malí, Somalia o Etiopía, que cercena los derechos fundamentales de las niñas -se calcula que hay 125 millones de víctimas- y amenaza su vida, su integridad y desarrollo, pero combatirla no es solo cuestión de prohibir y legislar.

Cambiar la mentalidad de quienes por tradición, lo perpetúan es clave. Así lo entienden dos mediadoras sociales de Médicos del Mundo, Fátima Djarra Sane y Djamila Mamuodou, que cuentan su experiencia frente a esta lacra arraigada en sus países de origen, Guinea Bissau y Malí, respectivamente, y su trabajo para que los compatriotas en España renieguen de este abuso.

Fátima sabe cuáles son las complicaciones de una mutilación genital. Fue sometida al proceso cuando tenía cuatro años. «En sexto de primaria mi profesor empezó a enseñar el aparato genital y me di cuenta de que yo era diferente, diferente a algunas que no estaban mutiladas, pero no podía hablar de ello ni preguntar, es un tabú», explica. Con los años, cayó en la cuenta de que no estaba bien, y como no podía hacer campaña en contra por su cuenta, decidió mentalizar a su familia. Averiguó que su madre se había opuesto en un principio, pero la familia de su padre se impuso. Esta es la presión que mantiene la ablación. «La sociedad en la que vivíamos no era como para hablar de mutilación. Hablé con mi familia y ahora hay algunas sobrinas a las que no se les han practicado por mi resistencia», explica.

El proceso de la maliense Djamila Mamuodou fue a la inversa. No fue mutilada por la oposición de su madre y dice que le pasó factura. Era de las pocas en el colegio que no había sido sometida a ese trance y se preguntaba por qué tenía que ser distinta. «Lo sufrí mucho. Las niñas me insultaban, me señalaban por no estar mutilada y decían que era impura e incompleta», explica. A sus 28 años, recuerda que sus padres se negaron. «Mi madre decía que no había interés, que eran tonterías, que el Islam no lo dice. En mi familia nunca lo hemos hecho y no veas lo que me alegro», afirma. Un día acudió a una charla de sensibilización que impartía Fátima. «El primer año fue horroroso -explica esta-, pues hay gente que no te entiende y cree que los blancos te han comido el coco». No obstante, las mediadoras ven de todo. Ambas ponen como ejemplo el mismo caso, una familia con una hija que va de vacaciones a su país y vuelve con la niña mutilada. «Hablamos con ellos y la mujer no para de llorar. Ella no lo decidió, fue allí y su familia dijo que había que hacerlo. Tuvo dos hijas más, pero con estas se opuso. Su familia tardó en volver a hablarle», cuenta Djamila.

En su opinión, «no hay libertad individual, y cuando tu hija sale de tu vientre ya no es tuya, es de todos. Por eso es difícil oponerse», afirma. Fátima destaca que el Protocolo de Prevención de la Mutilación Genital Femenina aprobado en España ayuda, porque obliga a los padres a firmar un compromiso de que no mutilarán a sus hijas durante un viaje al extranjero. «El compromiso funciona porque allí saben que los inmigrantes trabajamos enviamos remesas. Si les dices que si regresas con la niña mutilada vas a la cárcel, les haces ver que no vas a poder mantenerles», sentencia Fátima.

Protección para las cuatro hermanas que fueron mutiladas cuando visitaban Malí

La Fiscalía de Menores analiza la adopción de medidas de protección para el caso de cuatro hermanas residentes en Álava que sufrieron una ablación de clítoris cuando se encontraban de vacaciones en Mali, de donde son sus padres.

Los hechos fueron denunciados por la mayor de las hermanas, de 14 años. Los servicios sociales informaron a la Fiscalía de los hechos después de que los forenses comprobaran que las menores habían sido mutiladas.

En todo caso, el fiscal superior Juan Calparsoro aseguró que la investigación penal «es complicada porque los sucesos han ocurrido en Malí y porque los responsables directos» de la mutilación genital estarían allí, aunque, al parecer, fueron los abuelos los que, aprovechando el viaje, decidieron someterlas a la ablación. Además, el representante del ministerio público ha señalado que tampoco se sabe si en Malí esto es delito, y en todo caso, ha destacado que la Audiencia Nacional sería la responsable de abrir el procedimiento, al haber ocurrido los hechos en extranjero. No obstante, ha precisado que la Fiscalía del País Vasco «es competente para promover las medidas de protección» de las menores y de garantías de salvaguarda y custodia.

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