El viernes por la noche, Mariano Rajoy cerró en Mallorca su agenda de presidente del Gobierno. Durante unos días -«espero que sean diez o doce», confesaba ayer- disfrutará en O Salnés de sus vacaciones gallegas. Deberá tener un ojo puesto en Madrid, explica, y el teléfono siempre a mano para despachar esas «dos o tres llamadas al día» de las que no hay quien le libre.

Rajoy estrenó sus vacaciones como suele hacerlo: recorriendo la Ruta da Pedra e da Auga, en Meis. Tras cubrir seis kilómetros en algo menos de una hora, desembocó en Armenteira, uno de sus santuarios particulares. «Siempre que puedo, vuelvo aquí. Soy de aquí». Un grupo de turistas avisados de su querencia por este lugar se acercaron para que el pequeño Héctor se pudiese sacar una foto con el presidente. Otro grupo, estos llegados desde Mallorca, no daban crédito a que fuese el presidente del Gobierno el que les indicase dónde debían dejar el coche para disfrutar de las rutas de senderismo. María, la camarera del bar Comercio, se acercó a la mesa de Rajoy con la comanda de siempre: zumo, café y pan con aceite. «A ver si dejamos desayunar al presidente», dijo. «Eso sí que es autoridad», exclamó él antes de desvelar algunas pistas sobre sus vacaciones. Las sueña tranquilas, sin toros, sin playas -«están ahora llenas»- y con la frescura made in Galicia.

rosa estévez

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Rajoy bautiza sus vacaciones en la ruta de Armenteira