«El Camino es una bendición»

El pulpo y los peregrinos son su vida y sobre ellos, esta pulpeira del Ezequiel, lo sabe casi todo 


melide / LA VOZ

Entrar en la pulpería Ezequiel de Melide supone ingresar a través de las fosas nasales esencia pura de pulpo que llega al cerebro como un tiro. El establecimiento es prácticamente una etapa de la Ruta Xacobea. Al frente, la hija de los fundadores, Mercedes Parrado (Melide, 1971) y su marido Jorge. Hablamos con ella a las cinco de la tarde: «Todavía no he comido».

-¿Desde cuándo está usted cociendo y sirviendo pulpo?

-Toda la vida. Con siete años ya servía las mesas.

-¿Y a qué atribuye la fama de esta pulpería?

-La fama la hicieron mis padres, que eran muy trabajadores. Trataban muy bien a los peregrinos y, además, piense que esta es la pulpería más antigua del pueblo. Y aquí damos las raciones muy abundantes.

-¿Cuántos kilos cuecen en un día?

-En invierno, pocos. Pero en esta época ochenta o cien kilos.

-¿Cómo lo hacen? ¿Hay algún truco?

-Antiguamente mis padres lo cocían con leña y un brasero. Luego pasó a cocerse con propano. La olla de cobre también está prohibida, así que usamos ollas de acero inoxidable.

-¿No se puede usar la olla de cobre?

-No, no. Está prohibida por Sanidad. Y no se lo pierda, que también quieren prohibir los platos de madera.

-Vaya. Pero siga, siga con la receta.

-Hay que hervir muchísimo el agua. Se mete el pulpo y, cuando empieza de nuevo hervir, si se ha metido mucho, se espera entre 15 y 17 minutos. Si se echa menos, unos veinte o veintialgo minutos. Otros veinte en reposo, a poder ser tapado, y ya está.

-El pulpo, ¿gallego o marroquí?

-Nosotros usamos pulpo canario y de las rías gallegas. Lo mezclamos. El más rico es el de la ría, tiene mejor sabor, pero pela más. Y también merma mucho.

-El pulpo es un bicho que no le gusta a todo el mundo. ¿A qué peregrinos les gusta más?

-A los latinoamericanos, a todos. Y a los coreanos les chifla. A los ingleses, por ejemplo, no les gusta tanto.

-¿Cómo va la temporada?

-Muy bien, muy bien. Cada año un poco mejor. Este año, sin embargo, estamos echando de menos a los alemanes que, no sé por qué razón, vienen menos.

-La verdad es que estar en el Camino es una suerte.

-El Camino es una bendición. Para nosotros y para mucha gente. Da muchos puestos de trabajo.

-Por aquí pasará gente que ya conocen, que repite.

-¡Uy! Conocemos a gente de doce años haciendo el Camino. Y otros que lo hacen cada año. Y hasta quien lo hace tres veces al año.

-Eso es afición. ¿Y no es el turismo xacobeo un poco reacio a gastar dinero?

-No. Lo que ocurre es que la crisis aprieta. Igual antes venían diez y pedían diez raciones. Y ahora vienen diez y piden tres o cuatro. Pero la gente que tiene dinero, gasta.

-Estará usted aburrida de tanto pulpo.

-Bueno, va por temporadas. Algunas lo como a diario y luego me paso tres meses sin probarlo.

-¿Lo ha comido alguna vez fuera de aquí?

-Una vez, en Marín. Pero nunca salgo de aquí. Llevo sin vacaciones desde el año 92, cuando me casé.

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