Los homosexuales ya pueden casarse en 18 países del mundo

Desde el 2001, las parejas del mismo sexo han visto ampliados sus derechos civiles, principalmente en Europa


redacción / la voz

El referendo sobre la legalización del matrimonio homosexual en la archicatólica Irlanda -con permiso de Polonia-, y el sí como sólido ganador, suma un nuevo país la lista de 17 estados soberanos que permiten la unión oficial entre personas del mismo sexo con rango de matrimonio. Poco a poco se van diluyendo las posturas contrarias, aunque existen matices y trabas, concretamente en materia de adopción, especialmente en el continente europeo, donde están la mayoría de los países que han legalizado los matrimonios homosexuales. Un nuevo tipo de unión avanza con paso firme en el mundo.

Una lucha que comenzó de la mano de Holanda, que en el 2001 abrió la lata de la libertad al permitir casarse a las parejas sin importar su género. Le sucedió la vecina Bélgica, dos años después, aunque fue una ley con restricciones. España aprobó una polémica ley que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero convirtió en eje de su plan de gobierno socialista. Corría el año 2005 y entonces el Partido Popular, en la oposición, la llevó al Constitucional, pero el tribunal desestimó el recurso. Canadá aprobó el mismo año que España la legalidad del matrimonio homosexual, convirtiéndose en el primer país americano en hacerlo. En el 2006 fue Sudáfrica la que abrió su código civil a esta unión de personas del mismo sexo, siendo el primer Estado del continente negro en disponer de este derecho. Hubo que esperar unos años para que se sumaran más países a esta corriente liberalizadora. Y el salto se produjo en el norte de Europa, con Noruega, Suecia e Islandia en el 2009, Estados que ya poseían leyes antiguas de protección y no discriminación, aunque no una norma de rango superior.

En Sudamérica rompió el hielo Argentina en el 2010 con una ley muy debatida. El mismo año, se sumó Portugal. Dinamarca rubricó en el 2012 su adhesión, y un año después Francia, Inglaterra, Uruguay, Brasil y Nueva Zelanda, junto con Escocia en el 2014 -e Irlanda este mes- fueron las últimas incorporaciones a los países en los que casarse dos hombres o dos mujeres no es ni delito ni los convierte en ciudadanos de segunda.

Hoy trabajan por integrar esta realidad social en su canon legal varios países, caso de Chile, Israel, Luxemburgo, Estonia, Australia o Colombia. En México y EE. UU. hay estados permisivos, como California o Florida, y otros en los que está expresamente prohibido.

Irlanda le ganó la partida a la Iglesia

El peso de Roma en la antigua Hibernia ha quedado al menos en entredicho tras la celebración del plebiscito del pasado día 23. Los irlandeses votaron sí al matrimonio gay, con un porcentaje de papeletas favorable muy superior (más del 60 % de los votos emitidos frente al 37 % en contra) al que se había barajado en las encuestas.

Y la respuesta del Vaticano no se ha hecho esperar. El secretario de estado, el cardenal Pietro Parolin, calificó el triunfo arrollador del sí en Irlanda de «una derrota para la humanidad». «No creo que solo podamos hablar de una derrota de los principios cristianos, más bien es una derrota para la humanidad», comentó el número dos de la Iglesia católica durante una entrevista en la Radio Vaticana para valorar el resultado del referendo en Irlanda que avaló la validez matrimonio homosexual.

El cardenal Pietro Parolin
El cardenal Pietro Parolin

«Estoy muy triste», continuó el purpurado, al tiempo que reivindicó la defensa de la familia cristiana. «La Iglesia debe tener en cuenta esta realidad en el sentido de fortalecer su compromiso con la evangelización», apuntó el prelado.

Aunque desde la secretaría del Vaticano el cardenal Pietro Parolin se ha mostrado muy preocupado por el respaldo ciudadano al matrimonio homosexual, el papa Francisco todavía no se ha manifestado públicamente, aunque desde su elección como pontífice se ha suavizado la línea de la Iglesia respecto al tratamiento de la institución hacia los homosexuales.

Francisco llegó a lanzar una serena reflexión en uno de sus primeros viajes a las pregunta de los periodistas sobre qué le parecía la homosexualidad. El argentino se preguntó quién era él para juzgarlos, en un intento del nuevo papa de poner el foco de la Iglesia católica en campos que tienen más que ver con lo social y espiritual que con la intimidad de las personas.

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