La lisboeta que respira en gallego

Sandra Alves, una de las primeras portuguesas trasplantadas en Galicia, relata su extraordinaria experiencia, fruto de la colaboración sanitaria transfronteriza

.

a coruña / la voz

«Llegaron a decirme que mi enfermedad era degenerativa, sin cura y que me quedaban unos dos años de vida... que los pasara lo mejor posible». Sandra lo cuenta sin dramatismo, con una sonrisa que no se le cae de la cara. Han pasado más de quince años desde aquel diagnóstico fallido, quince años en los que le ha dado tiempo a vivir todo tipo de experiencias pero, sobre todo, quince años de vida.

Sandra Alves (Lisboa, 1970) es una de las primeras portuguesas trasplantadas de pulmón en Galicia, la primera de la zona sanitaria de Lisboa, la única en todo Portugal trasplantada de pulmón y, diez años después, de riñón. «A Coruña, meu pequeno, lindo, grande paraíso», escribía Sandra hace unos días en su muro de Facebook. Regresaba de nuevo a la ciudad donde ha recibido los dos trasplantes: el primero para paliar la fibrosis quística que condicionó su vida y el segundo, consecuencia de los fármacos que afectaron a su función renal hasta hacerla desaparecer. «No tuve que pensarlo ni un segundo», dice su madre, que le regaló uno de sus riñones para mantener alta la encantadora sonrisa de Sandra. Ambas regresaron a pasar por las preceptivas consultas un mes después del trasplante de riñón. Todo va bien.

Pionera

Sandra Alves fue una de las primeras usuarias integradas en el programa de colaboración entre el Sergas y la sanidad portuguesa. El convenio, inicialmente circunscrito al trasplante pulmonar, ha beneficiado a más de medio centenar de portugueses y ha supuesto una colaboración que los dos países han conseguido ampliar en los últimos años. Naturalmente, Sandra no tiene más que agradecimiento hacia esa colaboración que le dio vida frente a las negras expectativas que le generaba la fibrosis quística: «De niña faltaba mucho al colegio. Siempre estaba tosiendo, tenía constantes infecciones. Ni siquiera me atrevía a ir a casa de mis amigos porque nadie quiere estar con alguien que no para de toser».

El día que le diagnosticaron la fibrosis, le dieron un corto plazo de vida y le dijeron que no podría quedarse embarazada. Sandra se rebeló contra ambas sentencias. «Primero fue como caer en un agujero negro. Algo muy fuerte, horrible». Pero luego se puso a buscar por Internet otros casos y encontró la alternativa del trasplante. Y se quedó embarazada.

«Leí casos de gente que había sido trasplantada y cómo hablaban de su nueva vida. Eso me dio una nueva energía». El embarazo, cuenta, fue una tregua. Pese a que le avisaron del sufrimiento que podría significar mantener dos vidas con sus deteriorados pulmones, Sandra tomó una decisión: «Me dijeron que estaba un poco loca, pero no quise abortar para mejorar mi salud». Su determinación tuvo premio porque ahora recuerda aquellos meses como un tiempo alegre: «Fueron ocho meses sin infecciones. Eso sí, durante el parto tosía tan fuerte que casi no me di cuenta cuando el niño nació».

-¿Y el bebé?

-Se llama Vasco y hoy tiene 14 años.

Sin embargo, las condiciones de vida de Sandra se fueron deteriorando. Pronto necesitó estar conectada a una máquina de oxígeno durante 24 horas hasta que su médica le ofreció la posibilidad de unirse al programa luso-gallego: «Fue una gran ilusión porque había leído mucho sobre el sistema español de trasplantes y sabía que iban a hacer todo lo humanamente posible para salvarme».

«Tenemos unos pulmones»

-¿Recuerda el día que le dijeron que iba a ser trasplantada?

-Lo recuerdo perfectamente. Iba todos los días a fisioterapia y aquel día me quedé un poquito más porque a veces me dejaban utilizar el ordenador para conectarme a Internet. Entonces vino la enfermera y me dijo que tenían que ingresarme. La miré a los ojos y no vi tristeza, sino algo parecido a una sonrisa. Me dijo: «Tenemos unos pulmones para ti». Me entró un escalofrío y una extraña sensación en la que reía y lloraba al mismo tiempo.

Habían sido ocho meses de espera que cristalizaron en una compleja operación. «Cuando desperté de la anestesia noté mi pecho lleno. Tanto que pensé que se habían equivocado, que me habían trasplantado unos pulmones demasiado grandes», recuerda. Pero no era así. Eran unos pulmones perfectos para ella; unos pulmones de Vigo que le proporcionaron una nueva y maravillosa sensación: «Por primera vez supe lo que era respirar de verdad... hacer cosas sin tener que toser, tener la fuerza suficiente para hacerlo todo». A Sandra se le abrió la vida, tanto que admite que tenía miedo de volver a Lisboa: «Aquí todo el mundo estaba pendiente de mí y me daban mucha seguridad. Mi hijo estaba en una guardería y hablaba mejor el castellano que el portugués. Había trasladado mi vida aquí». Pero finalmente todos volvieron a casa y Sandra organizó su nueva vida.

Sus pulmones vigueses no volvieron a darle problemas, pero la medicación para evitar rechazos fue mermando paulatinamente su capacidad renal hasta que, nuevamente en A Coruña, durante una revisión, le advirtieron de que tenía que plantearse un trasplante de riñón o someterse a hemodiálisis. Según cuenta, estuvo un año en Portugal con constantes infecciones preparando un trasplante que su madre había facilitado cediéndole un riñón. El hecho de ser la única portuguesa que había atravesado por el trance de ser trasplantada de pulmón y estar pendiente de un trasplante de riñón facilitó una dispensa especial de la sanidad portuguesa para que la operación se desarrollara en A Coruña. Y así fue, hace un mes.

Dice Sandra que ha recuperado la energía y que ya está lista para recuperar los cinco kilos que le faltan para ponerse en su peso perfecto. Está feliz. Se le nota en la sonrisa. Desde hace años alimenta un blog en el que da cuenta de sus progresos y de todo aquello que aprende sobre la fibrosis quística y el trasplante de pulmón: «Cada día hay alguien que me pide alguna ayuda, que quiere saber algo. Les contesto a todos con lo que puedo ayudar». Afortunadamente, a Sandra Alves le queda cuerda para rato. Los pulmones que le llegaron desde Vigo le permiten una risa franca, resultado de una de las colaboraciones transfronterizas más fructíferas a nivel humano que nunca conocieron Galicia y Portugal.

Votación
22 votos
Comentarios

La lisboeta que respira en gallego