El barco hundido en Canarias siguió un ritmo errático como el «Prestige»

Fomento defiende el alejamiento del buque, que pudo verter mil toneladas de fuel


redacción / la voz

No es, ni por asomo, otro Prestige. El hundimiento del pesquero ruso Oleg Naydenov a quince millas de Maspalomas (Gran Canaria), con 1.400 toneladas de fuel en sus tanques, dista mucho de tener el potencial de causar una marea negra como la que en el 2002 asoló la costa gallega y de buena parte del Cantábrico. Pero ambas catástrofes marinas comparten una similitud: el errático rumbo seguido por el buque después de que se declarara el siniestro por la costa canaria, una decisión justificada ayer por la ministra de Fomento, Ana Pastor, en base al dictamen de los técnicos -al igual que en el Prestige, para el que tampoco existía un plan de contingencias-, que consideraron que existía un peligro para la población y para otros barcos si se producía una explosión. El trayecto, sin embargo, fue condenado tanto por los partidos políticos de las islas, como por científicos y ecologistas. El problema de fondo es que, al igual que en el Prestige, no existía un protocolo claro de actuación.

El buque ruso se incendió el pasado sábado 11 en el puerto de la Luz, de Las Palmas, en uno de los pantalanes más alejados, de poco tráfico. Como los operarios no consiguieron extinguir el fuego se decidió alejar el barco, según Fomento para «garantizar la seguridad de las personas e instalaciones portuarias y para evitar el riesgo de contaminación». Primero fue remolcado al sur de Fuerteventura y más tarde al sur de la isla de Gran Canaria en una errática trayectoria de cuatro días hasta que se hundió en la madrugada del miércoles. En el camino vertió crudo, entre 348 y 1.029 toneladas de combustible, según cifró ayer Fomento. En principio se pensaba que la pérdida provenía de los motores, pero si se confirma una cantidad tan grande indicaría que ha existido una fuga del fuel de los tanques. Las manchas que se han visto, irisaciones poco compactas, aparecieron a 40 millas al sur de Gran Canaria y alejadas del buque siniestrado, aunque el viento las aleja de la costa.

«No es el Prestige, pero aunque solo se vertieran siete toneladas se demostraría que no hemos aprendido ninguna lección del Prestige. Se ha vuelto a optar por pasear el barco en alta mar con el riesgo que supone, cuando se podía cercar con barreras anticontaminación y tener el problema localizado. La propia Autoridad Marítima dijo el mismo día que no existía peligro para otros barcos porque estaba atracado en una zona apartada», advierte Julio Barea, de Greenpeace. Por contra, para Ana Pastor, la ministra de Fomento, defiende la medida. «Siempre se tomaron las decisiones que aconsejaron los técnicos para minimizar riesgos», indicó.

Presión sobre los tanques

La estructura del buque, tras el incendio, el remolque, el impacto con el fondo marino y la enorme presión a la que está sometido a 2.400 metros de profundidad, probablemente esté muy dañada, por lo que existe el peligro de que los tanques colapsen y se viertan las 1.400 toneladas de fuel de su interior en un entorno de gran valor ecológico, declarado Zona Marítima Especialmente Sensible. La prioridad de Fomento, que situó la alerta en el nivel 1 de 4, pasa por enviar un robot submarino para que inspeccione los posibles daños y compruebe de qué manera se puede extraer el combustible, tal y como reclaman los ecologistas y como explicó la ministra Ana Pastor. En este caso sí sirve la experiencia del Prestige, ya que la tecnología desarrollada en aquel momento por Repsol para sacar el fuel del petrolero hundido podría aplicarse ahora.

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