Sotheby's subasta las tiaras de la excéntrica duquesa de Roxburghe

Mary se atrincheró dos meses sin agua ni luz para negociar el divorcio de su marido


redacción / la voz

Uno tiende a pensar que las historias truculentas de los ricos solo suceden desde que hay tabloides y programas de cotilleo en televisión. Sin embargo, el divorcio de Mary Evelyn Hungerford Crewe-Milnes, Mary Innes-Ker, duquesa de Roxburghe (1915-2014), en 1953, causó un verdadero terremoto, aunque no fuese contado en el Mail o el Sun.

La historia revive ahora, un año después de la muerte de Mary, ya que su heredero y sobrino, el presentador de televisión Bamber Gascoigne, subasta en Sotheby's 700 lotes de cosas personales de la duquesa, entre ellas tres tiaras de Cartier y un conjunto de brazalete y pendientes de rubíes birmanos no menos llamativo. El motivo es que con las joyas, Gascoigne heredó la mansión West Horsley Place, que tiene 900 años, 50 habitaciones y mil problemas -solo funcionaban seis interruptores de la luz-. Necesita diez millones de euros para arreglarla.

Mary y George Innes-Ker, Bobo, noveno duque de Roxburghe, vivieron un relato de culebrón. La pareja de guapísimos y ricos nobles ingleses -ella era ahijada de los reyes y descendiente de los Rothschild- se había casado en la abadía de Westminster en 1935 y hasta el NO-DO británico se hizo eco de la unión. La pareja estableció su residencia en la casa de los Roxburghe, el castillo Floors en Escocia -construcción donde se filmó la película Greystoke en los años ochenta-, aunque estuvieron cuatro años viajando sin parar. De hecho, ella entró ilegalmente en Palestina cuando su marido fue destinado allí durante los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial.

Pero el amor no les duró a los Roxburghe demasiado. En 1953, mientras desayunaban, el mayordomo acercó a Mary una bandeja de plata con los papeles del divorcio. Con ellos le llegó la noticia de que su marido la echaba de la mansión, basándose en una tradición escocesa según la cual la mujer vive en la casa de su esposo con el «permiso» de este. Como Mary no estaba dispuesta a marcharse sin nada, se atrincheró en un ala del castillo y durante al menos seis semanas se mantuvo encerrada en sus habitaciones sin agua, luz ni teléfono; los amigos le llevaban la comida y lámparas de parafina. La situación acabó causando divisiones en las familias nobles del entorno: a favor o contra Bobo.

Al final, Mary consiguió pactar la propiedad de un dúplex junto a Hyde Park y se marchó. Tuvo una vida casi jipi, nunca se volvió a casar y acabó sus días en la casa de sus padres, West Horsley Place. Su ex, en cambio, se casó al mes de obtener el divorcio y tuvo dos hijos, uno de ellos el actual duque.

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