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En una finca de Outeiro de Rei, a 15 kilómetros al norte de la ciudad de Lugo, se hallaron cinco mazas de piedra del neolítico final, es decir, de unos 5.000 años de antigüedad. Es un hallazgo de gran relevancia por ser un tipo de piezas poco frecuentes en toda la península ibérica y que obligarán a plantear nuevas líneas de investigación en la arqueología gallega, ya que solo se habían descubierto hasta ahora en Holanda, Dinamarca, Alemania, y de forma ocasional en Francia.

Las mazas son piezas de piedra pulida con gran perfección de forma tuneliforme, piriforme y triangular y agujereadas en su parte central para insertar un mango de madera. Una de ellas no es redonda, sino triangular, con las esquinas pulidas. Ninguna fue usada para trabajar ni para pelear, porque están intactas y sin mellas ni desgaste alguno.

Ofrendas

Por tanto, quizá sean mazas votivas, que pudieron formar parte del ajuar de los difuntos, fabricadas únicamente para ser enterradas junto al cadáver, o quizá ofrendas depositadas muchos años después en el lugar de enterramiento de los antepasados. Porque lo más curioso de este descubrimiento realizado en Roza de Fóra, Albarón, Matela, es que al excavar recientemente el lugar donde aparecieron las cinco mazas y otros 13 útiles del neolítico que se ven en la imagen, el arqueólogo Pablo Vázquez Liz halló con sorpresa los restos de una cámara funeraria circular de tres metros de diámetro. Es decir, tan grande como la de Dombate, pero en este caso construida con grandes pizarras y una sola piedra granítica, quizá la de cabecera. Aunque todas desaparecieron destrozadas por las labores agrícolas, las bases de cada una de ellas, que se hallaron a 30 centímetros de profundidad y clavadas en su posición original formando un círculo, permiten ver la forma de la cámara y de cada una de las grandes piedras (ortostatos) que la conformaban. Tampoco quedan restos documentados de la tapa del dolmen, que suele ser incluso más grande que las verticales.

Tanto las mazas como esta cámara completamente desconocida necesitarán nuevas investigaciones para aclarar el enigma.

Los indicios ya aparecieron en 1969 cuando un tractor aró la finca por primera vez

El principio de este gran descubrimiento ocurrió en 1969, cuando un tractor entró por primera vez a laborear la finca de la parroquia de Matela, y al remover la tierra con mayor profundidad que el arado de bueyes aparecieron 13 piezas que el propietario puso en manos de los arqueólogos y se depositaron en el museo arqueológico de San Antón, en A Coruña. Eran piedras pulidas diversas (hachas, cinceles, azuelas, láminas de azada) -también con aspecto de nunca haber sido usadas- y tres mazas. Sin embargo, el hallazgo pasó entonces desapercibido, por haber sido recogidas por el propietario en una tierra de labor removida, sin intervención ni estudio arqueológico.

Quizá fruto de aquel hallazgo, los hijos del agricultor se aficionaron a la arqueología. Y uno de ellos, Ramón Viveiro, 45 años después y en acuerdo con el arqueólogo Pablo Vázquez Liz, decidieron solicitar formalmente a la Xunta una excavación arqueológica profesional, sin ningún tipo de financiación externa, en el lugar donde se creía recordar que habían aparecido los útiles en 1969. Y para sorpresa del director y de los arqueólogos colaboradores, Roberto Bartolomé y Adrián Folgueiras, de la empresa Engobe, que también aportó material de trabajo, y Eduardo López, exactamente en ese lugar aparecieron otras tres piezas pulidas del neolítico.

Sorpresa

Pero lo más sorprendente fue que hallaron la base de una gran cámara funeraria circular, de la que no quedan ya más piedras que sus bases, y que viene a explicar por qué todas las mazas y resto de los útiles estaban en ese lugar. ¿Fueron enterrados allí junto con algún difunto o depositados después en un lugar que los pobladores identificaban como un enterramiento de los antepasados? Sea como fuere, de esa gran cámara no había indicio hasta ahora. Nadie recuerda allí un túmulo, ni grandes piedras de pie, ni una tapa como en los demás dólmenes.

Pero sí aparecieron unas treinta pizarras agujereadas, que podrían ser indicio de una cubierta con soporte vegetal o madera y con pizarras como tensores. Además, en la misma parcela aparecieron en superficie varios fragmentos de cerámica del tipo largo bordo horizontal del bronce medio y tan solo presente en algunas zonas de Galicia y del norte de Portugal, otra maza, un ídolo, fragmentos de molinos, muelas y otras piezas talladas que sugieren otros yacimientos.

Nadie recordaba un túmulo

El sorprendente hallazgo de Matela. El arqueólogo Pablo Vázquez, en la imagen, fue el primer sorprendido al hallar las bases de una cámara funeraria en un lugar completamente plano y donde nadie recordaba un túmulo ni grandes piedras. Cree que el caso precisaría nuevas excavaciones.

Indicios de una cámara funeraria

Enterramientos de hace 6.000 años. La excavación halló la base de una gran cámara funeraria de tres metros de diámetro, de la que solo quedan los restos inferiores de las grandes piedras clavadas verticalmente. Sobre ella y a escasa profundidad estaban las mazas y el resto de útiles.

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El mayor yacimiento de mazas neolíticas de la Península, en Lugo