Magnetismo para tratar la depresión

Un investigador crea una «spin-off» de la Universidade da Coruña para aplicar una técnica pionera que aprendió en EE.UU. para tratar casos graves


redacción / la voz

De la teoría a la práctica. Este es el camino que ha seguido Javier Cudeiro, director del grupo de Neurociencia y Control Motor de la Universidade da Coruña, después de un año de excedencia en Boston para estudiar la plasticidad del cerebro en el instituto MIT de Massachussetts y en la Universidad de Harvard. Había trabajado previamente durante 18 años en investigación básica sobre la estimulación cerebral no invasiva, pero una estancia como clínico en la unidad de Neurología del Berenson-Allen del hospital Beth Israel, asociado a Harvard, cambió por completo su percepción de las cosas. Allí comprobó cómo una técnica, a la que él se había dedicado de forma experimental, le cambiaba la vida a los pacientes con depresión severa. La peor de todas, la que no responde a los fármacos y condena a los pacientes. La terapia, denominada técnicamente como Estimulación Magnética Trasnscraneal (EMT), no solo resultaba segura, sin daño al paciente ni necesidad de cirugía o sedación, sino que también era absolutamente efectiva.

Si funciona, ¿por qué no aplicarla a los pacientes gallegos que sufren el problema? Esta fue la idea que le empezó a rondar en la cabeza en Estados Unidos y que ha empezado a materializar a su vuelta a Galicia mediante la creación de una empresa dependiente de la Universidad, una spin-off, en colaboración con el Instituto Médico Arriaza & Asociados, donde se lleva a cabo el tratamiento. Con la bendición del hospital de la Universidad de Harvard, donde completó la formación teórica que ya poseía con la práctica, el pasado viernes recibió al primer paciente. «No produce ningún dolor, porque te estimula a través de un campo magnético que actúa sobre el cerebro», explica Cudeiro.

La depresión mayor, según desvelaron hace años las técnicas de imagen mediante Pet y resonancia magnética, se debe a que las neuronas de una determinada parte del cerebro, la corteza prefrontal dorsolateral, son hipoactivas. O, lo que es lo mismo, están apagadas. De lo que se trata, entonces, es de recuperar su actividad. ¿Cómo? Mediante una brevísima pero intensa descarga eléctrica a un circuito, una bobina de estimulación que se pone sobre la zona a tratar de la cabeza del paciente. Esta descarga genera un campo magnético que penetra fácilmente en el cerebro provocando, a su vez, una corriente inducida que cubre la superficie de la corteza cerebral.

El tratamiento se puede realizar en un área muy focalizada, de apenas 1,5 o 2 centímetros. «Para poder aplicarlo hay que tener una buena formación, porque se pueden cometer errores si no se tiene la suficiente formación práctica y teórica y no se aplican correctamente los protocolos de Harvard», apunta Cudeiro sobre una técnica que ya en el 2008 recibió el aval de la FDA de Estados Unidos y que también cuenta con el respaldo de la Agencia Europea del Medicamento.

Dolor neuropático e ictus

«En Europa, tal y como se recoge en un reciente artículo de consenso, se considera una técnica efectiva para tratar, entre otras patologías, la depresión, el dolor neuropático y la rehabilitación del ictus», añade el investigador de la UDC. También existe evidencia de que podría tener una aplicación útil para el control del Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), la epilepsia focal y el síndrome de estrés postraumático. Este pionero tratamiento, de una hora de duración en cada sesión y sin efectos secundarios, se aplica, en función de los casos, durante mes y medio.

No es un electroshock

Delirios, tendencia repetida al suicidio, cambios en los patrones del sueño y la comida, molestias físicas constantes... La depresión severa, que puede prolongarse durante años y que no responde al tratamiento farmacológico, no es un problema menor. Más bien al contrario, ya que en Estados Unidos está reconocida como la principal causa de incapacidad por enfermedad. A estos enfermos hace años que se les trata con terapia electroconvulsiva, en la que se aplican descargas eléctricas directas en todo el cerebro durante al menos 40 minutos, por lo que resulta muy agresiva para el paciente, que tiene que recibe anestesia general. La EMT, en cambio, es una técnica no invasiva que se basa en las leyes de Faraday.

«Intentamos que la ciencia básica pueda llegar a la clínica»

Javier Cudeiro seguirá realizando investigación básica con su equipo en el grupo de Neurociencia y Control Motor de la Universidade de A Coruña, donde también llevan años trabajando en nuevos métodos de estimulación y recuperación de los enfermos de párkinson, para los que ahora están probando una terapia virtual. Pero quizás ahora tiene más claro que nunca que el verdadero objetivo pasa por intentar llevar los nuevos avances a los pacientes.

«Lo que tratamos -indica- es que la ciencia básica que realizamos genere un conocimiento que, con el tiempo, pueda llevarse a la clínica para mejorar la salud de los pacientes. En Boston vi que la Estimulación Magnética Transcraneal (EMT) era un ejemplo perfecto para ello. Su aplicación en clínica y los resultados que se obtuvieron me parecieron algo asombroso».

Los datos que se obtengan con los pacientes sometidos al nuevo tratamiento también servirán para seguir avanzando en la investigación clínica, lo que podría permitir que la terapia se aplique a nuevas patologías.

La Estimulación Magnética Transcraneal, sin embargo, no es algo del todo nuevo. No al menos de forma experimental, ya que por primera vez se empezó a utilizar en la Universidad de Sheffield (Inglaterra) para medir la actividad cerebral. Pero el primer ensayo clínico con pacientes tuvo que esperar hasta 1996 en un hospital de la Universidad de Harvard, experimentos que continuaron hasta el 2007, cuando se probó de forma definitiva, con una muestra importante de afectados por depresión mayor, que la técnica era segura y efectiva.

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