Detectadas más de 15.000 grietas en dos centrales nucleares belgas

Greenpeace reclama controles de todas las plantas ante la nueva alerta

La central nuclear de Santa María de Garoña
La central nuclear de Santa María de Garoña

redacción / la voz

En el verano del 2012 saltó la primera alarma. La Agencia Federal de Control Nuclear de Bélgica (Fanc), el organismo regulador, detectó 8.000 fisuras en el reactor de Doel 3 y 2.000 en el de Tihange 2, construidas por el mismo fabricante que las españolas de Santa María de Garoña (Burgos) y Cofrentes (Valencia).

Las instalaciones belgas permanecieron cerradas unos meses y volvieron a reabrirse hasta que en la primavera del 2014 nuevas pruebas de resistencia revelaron «resultados inesperados» que podían indicar que las propiedades mecánicas del material de las vasijas de presión, donde se aloja el combustible atómico, estaban «más fuertemente influenciadas por la radiación de lo que habían esperado los expertos». Ahora, un nuevo informe del regulador constata que el problema es mayor de lo calculado: en el central de Doel 3 se han registrado 13.047 grietas y en la de Tihange 2, 3.149.

La alarma ha saltado de nuevo. «Esto puede ser un problema global para toda la industria nuclear. La solución es poner en práctica, en todo el mundo, las inspecciones precisas de las 430 centrales nucleares», alertó Jans Bens, el director general de la Agencia Federal de Control Nuclear. Y esta reclamación es la que también hizo ayer la organización ecologista Greenpeace, que pide controles inmediatos en todas las instalaciones «tras la alerta lanzada por el regulador belga».

«Lo que estamos viendo en Bélgica es muy grave y significa que el riesgo de un fallo nuclear catastrófico posiblemente esté aumentando, en especial para los reactores nucleares envejecidos, como los españoles, con una media de 31 años», advierte Raquel Montón, responsable de la campaña antinuclear de Greenpeace. El Gobierno belga, entretanto, convocó a un equipo de expertos internacionales para revisar el caso en colaboración con la operadora de las plantas, Electrabel. El informe definitivo se espera para abril.

Revisión en Garoña y Cofrentes

Para Greenpeace, sin embargo, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) debe «revisar cuanto antes» las plantas nucleares españoles. El órgano regulador nacional, según informa Europa Press, dio a conocer que después del primer suceso ocurrido en Bélgica, en el 2012, ya realizó las inspecciones en Garoña y Cofrentes. Concluyó que aunque el fabricante de los reactores es el mismo existen diferencias en el proceso y en el material, por lo que los titulares de las centrales no tendrían que realizar «ninguna actuación adicional».

El problema, sin embargo, es que el agrietamiento de las vasijas de presión podría estar relacionado con la corrosión. En los reactores envejecidos la radiación causa en el acero daños o fragilización producida por un proceso de migración de los átomos de hidrógeno, que exacerban y expanden el agrietamiento.

«Lo que realmente me sorprendería es que el problema no haya ocurrido en ningún otro lugar, y me temo que los aspectos de la corrosión se han subestimado», explicó esta semana el profesor Walter Bogaerts, uno de los expertos materiales que hizo el informe, en declaraciones realizadas a la televisión belga. En el mundo, la edad media de los reactores es de 28,5 años.

Avances en la recuperación de Fukushima

El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha observado «progresos significativos» en el desmantelamiento de la accidentada central de Fukushima, aunque advierte sobre «el complejo desafío» que supone la acumulación de agua contaminada. Estas son las principales conclusiones de la misión de 15 expertos -en la foto- enviada por el OIEA para analizar el estado de la planta.

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