Desarrollan ratones modificados con células humanas para padecer ébola

El ferrolano César Muñoz-Fontela inocula el virus a los roedores y probará por primera vez en laboratorio fármacos curativos en modelos animales

Trabajo de campo en Guinea
Trabajo de campo en Guinea

redacción / la voz

La epidemia de ébola en África occidental ha puesto de manifiesto lo poco que sabe la comunidad científica de esta enfermedad, especialmente cómo tratarla. Una de las causas de este desconocimiento es que los ratones que se usan en laboratorio no padecen ébola, son completamente resistentes al virus. Esto supone que no se pueden hacer ensayos ni pruebas, y solo se estudia el virus en una probeta o en pacientes humanos, lo que limita cualquier investigación, ya que lo primero es curarlos y atenderlos. No hay más que recordar que la OMS permitió el uso de medicamentos y vacunas del ébola como medida excepcional dadas las circunstancias de este brote.

Pero a partir de ahora las cosas serán más sencillas. El laboratorio del Centro de Virus Emergentes del Instituto Heinrich Pette de Hamburgo ha conseguido desarrollar ratones que pueden padecer ébola, y han explicado todo el proceso en una de las revistas más importante del sector, Journal of Virology (JVirol), que acaba de publicar el trabajo online.

El director del departamento de Hamburgo, el ferrolano César Muñoz Fontela, explica exactamente qué es lo que han conseguido: «Lo hemos intentado durante bastante tiempo, desde el 2011, y lo que hemos hecho es usar ratones completamente inmunodeficientes, que tienen el nombre técnico de NOD-scid, y que por sus características no pueden rechazar trasplantes, ni siquiera aunque pertenezcan a otra especie, como puede ser la humana. A estos ratones les hemos incorporado células madre humanas hematopoyéticas de cordón umbilical; de esta forma, hemos podido reconstruir el sistema inmune humano, por lo que son ratones cuyos glóbulos blancos son humanos y por tanto reaccionan a las enfermedades de modo similar a las personas. Hasta aquí es un trabajo difícil, pero nada raro, estos animales modificados son habituales en investigación. Lo que nosotros hicimos en el laboratorio [de máxima seguridad biológica, lo que se denomina P4, de los que solo hay quince en todo el mundo] fue inocularles el virus del ébola y comprobar que reproducen el período de incubación y desarrollan la enfermedad». Esto último es verdaderamente su gran aportación, y se describe paso a paso en JVirol.

El trabajo coordinado por Muñoz Fontela, y encabezado por Anja Lüdtke, utilizó la cepa Mayinga del virus del ébola. Es la cepa estándar, la que causó la primera epidemia conocida de 1976 en Zaire (actualmente la Republica Democrática del Congo). «Creemos que usar esta cepa estándar en el primer trabajo -justifica Muñoz Fontela- es importante para comparar los resultados con los de otros investigadores».

Al principio, 50 ratones

En esta ocasión trasplantaron células humanas a 50 ratones, que se usaron para diferentes pruebas con ébola. Su experiencia no ha podido ser mejor: «Hemos visto que un 80 % de los ratones muere, con títulos elevados de virus en sangre, fallo hepático y en algunos casos hemorragias», añadió el biólogo ferrolano.

Hasta ahora poco más, no han probado la reacción de los ratones a los fármacos, ni siquiera al favipiravir, en cuya creación colaboraron estrechamente. El motivo es que hasta marzo el equipo está en Guinea Conakry, concretamente esta semana están llevando el laboratorio móvil (que pertenece a la Unión Europea) de Guéckédou, en la Guinea forestal, hasta Coyah, más cerca de la costa, donde han empezado a detectarse casos recientemente.  

Al regreso de Guinea, esperan usar este modelo de ratón «tanto nosotros como otros investigadores, para entender la enfermedad del ébola, y probar estrategias terapéuticas para tratarla». Será solo cuestión de tiempo.

La revista del colegio de veterinarios recoge cómo se sacrificó a «Excálibur», en el piso de Romero

Mientras la Administración sigue buscando el informe sobre cómo murió Excálibur, el perro de Teresa Romero, para entregárselo a la oposición, en la revista del Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid, Profesión veterinaria, se incluye un estudio sobre la importancia zoonósica del ébola y el tratamiento que se le dio al can de la primera paciente contagiada en Occidente.

Según el trabajo, la orden partió del Ministerio de Sanidad después de consultar a expertos en sanidad animal y salud pública, y se encargó al Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (Visavet). Se formaron dos equipos de 4 y 3 personas por si hacía falta una actuación conjunta, formados por personas expertas y protegidas de un posible contagio con trajes adecuados.

Como no sabían si Excálibur estaría agresivo -es un «animal clasificable como potencialmente peligroso en situación de desatención», y el perro estaba solo en casa, dice el texto-, se protegieron con una especie de celda que los mantendría aislados. Sin embargo, este no presentó ningún rasgo agresivo y fue dormido por un dardo cargado con tiletamina-zolacepán; en cuanto le hizo efecto el calmante, el can recibió una inyección intracardíaca de pentobarbital sódico. Durante la acción, se explica, «se priorizaron las normas de bienestar, minimizando el miedo y sufrimiento del animal».

En el texto, bastante extenso, se recalca que en España no hay instalaciones para acoger a un animal de estas características con la seguridad adecuada.

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