José Cuenca: «Liberar a los gallegos retenidos por el Polisario fue un orgullo»

Acaba de publicar «De Suárez a Gorbachov, testimonios y confidencias de un embajador»

José Cuenca
José Cuenca

redacción / la voz

Sus ojos son testigos de la historia. A lo largo de su dilatada carrera, el diplomático José Cuenca (Iznatoraf, 1935) ha vivido la caída de la Unión Soviética, la entrada de España en la OTAN, el conflicto de Gibraltar o la liberación de los marineros gallegos secuestrados por el Frente Polisario en los ochenta. Todo eso lo cuenta ahora en De Suárez a Gorbachov. Testimonios y confidencias de un embajador, que publica Plaza y Valdés.

-¿Qué objetivos se marcó Suárez en política exterior? ¿Cuáles no pudo cumplir?

-Diseñó una política exterior en torno a objetivos como presentar al mundo la nueva España democrática, restablecer las relaciones con México y con la Unión Soviética, apostar por la defensa de los derechos humanos y dar el banderazo de salida para nuestra integración en la Comunidad Europea. Respecto a la última parte de su pregunta, sí que hubo una asignatura pendiente: el establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel, que no pudo llevar a cabo.

-El conflicto del Sáhara, Gibraltar... De todos esos problemas ¿cuál resultó más complejo de resolver?

-Son temas que se encontró Adolfo Suárez, que yo describo como «urgencias y dolores de cabeza». Algunos se resolvieron. Por ejemplo, neutralizar la maniobra de los que pretendían poner en duda la españolidad de Canarias. Otros, como el de Gibraltar, siguen pendientes de solución. Pero estoy convencido de que España y el Reino Unido, dos países amigos, socios y aliados, acabarán por resolver sus diferencias sobre el Peñón. De eso no me cabe la menor duda.

-Fue el único diplomático extranjero que vivió el cambio en la URSS. ¿Cómo fue?

-Gorbachov me dijo en una entrevista que tuvimos al final de mi estancia en Moscú: «Usted ha sido el único embajador occidental que ha vivido la ascensión, auge, declinar y final de la Perestroika. Y tiene la obligación de contarlo». Y eso es lo que hago aquí. Ofrecer un testimonio de lo que viví durante los cinco años y medio que fui embajador en la URSS y en la Rusia democrática.

-La izquierda no quería entrar en la OTAN, luego Felipe González cambió de opinión. ¿Lo hizo por la responsabilidad de estar en el Gobierno?

-Eso exactamente es lo que ocurrió. Mire, hace ya seis años que una reportera me hizo esa misma pregunta. Yo le respondí que el presidente González cambió de opinión cuando conoció, desde dentro, las responsabilidades del poder. Y no tuvo inconveniente en rectificar, porque ha sido y sigue siendo un hombre de Estado.

-Hay cosas que cuenta por primera vez en el libro....

-La negociación con el Frente Polisario, en el otoño de 1980, para la liberación de los 38 pescadores que tenían secuestrados. En el libro relato cómo, a mediados de octubre, me trasladé en secreto a Argel, junto con el embajador Cassinello, para intentar la liberación de nuestros marineros, lo que conseguimos tras dos meses de negociaciones. Por cierto, casi todos eran gallegos. Y como muchos de ellos vivirán, espero que compartan conmigo este recuerdo. Yo me siento orgulloso del final feliz de lo que, para mí, fue una de las tareas más estimulantes de cuantas he llevado a cabo a lo largo de toda mi carrera.

-Ha confesado que el libro pretende enderezar lo torcido. ¿Qué aspectos destacaría?

-Son muchos. Decir que Adolfo Suárez pretendió llevar a cabo una mediación en el conflicto de Oriente Medio, lo cual es falso; o que se buscó la enemistad de EE.UU. al recibir en la Moncloa al líder de la OLP, lo que tampoco es cierto. Arafat vino a Madrid en septiembre de 1979. Cuatro meses más tarde, Suárez era recibido en Washington, donde mantuvo una entrevista con el presidente Carter, marcada por la amistad y la confianza. Yo le acompañé en este viaje y sé muy bien lo que pasó.

-Gorbachov quería copiar el modelo de cambio de España. Pero Felipe le dijo que no...

-Porque los casos de España y de Rusia no tenían nada que ver. Gorbachov estaba obsesionado por el éxito de nuestra transición, que él quería copiar; pero Felipe González le insistía en que, por razones históricas, políticas, sociales y económicas, se trataba de dos supuestos enteramente diferentes.

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