Carmen Iglesias: «La monarquía ha aprendido de sus errores, a la vista está»

La primera directora de la RAH advierte que «a las mujeres se nos ningunea»

Iglesias fue recibida la pasada semana por el rey, del que fue profesora de Historia desde 1988 hasta el final de su formación.
Iglesias fue recibida la pasada semana por el rey, del que fue profesora de Historia desde 1988 hasta el final de su formación.

MIGUEL LORENCI | madrid / COLPISA

Carmen Iglesias (Madrid, 1942) lleva toda su vida rompiendo techos de cristal. Primera directora de la Real Academia de la Historia en sus tres siglos, enseñó historia y humanidades a Felipe VI. Fue la primera catedrática de Historia de las Ideas y Formas Políticas de su facultad, primera directora del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y primera consejera nata del Consejo de Estado desde 1540.

-Hacer historia en la Real Academia de la Historia.

-Petite histoire. Como tantas veces, me encontré con ello sin buscarlo. Mi única meta era sacar la cátedra. Era mi libertad, lo que me gustaba hacer. Todo lo demás fueron retos que me propusieron. Dudé en aceptar algunos, pero de todos aprendí.

-¿La ha limitado ser mujer?

-No. Como todas las mujeres, noto que se nos ningunea, que hay que hacer las cosas mejor que la media para que te tomen en serio. Pero para mis maestros universitarios jamás pesó que fuera mujer. Entre colegas puede que sí.

-¿Cuál es su hoja de ruta para la docta casa de la Historia?

-Tiene tres pivotes: económico, de comunicación y tecnológico. En época de crisis, hay que hacer el saneamiento este año. Quiero que se conozcan las joyas de la casa, su magnífica biblioteca, casi toda digitalizada, sus formidables pinturas, varias de Goya, con visitas guiadas, puertas abiertas y una red de amigos. Habrá nueva web y subiremos el Diccionario Biográfico a Internet.

-¿Se mira en el espejo de la RAE en la que ocupa el sillón E?

-Sí. Llevo 15 años muy activos como académica de la lengua. Conozco bien la casa y aspiro a que la RAH, segunda en orden de fundación e importancia tras la RAE, tenga su misma popularidad.

-¿Sus finanzas están casi en la uvi, como en la RAE?

-Hay que ajustar. Hacer mucho con poco. No debemos a nadie, pero el recorte en la subvención pública ha sido mucho más tajante que en la RAE. Tengo cita con el ministro Wert y le presentaré mis quejas y demandas. Aprovecharemos todos los resquicios. Está el parche que pusieron, que desgrava a los pequeños inversores en obras culturales.

-El Diccionario Biográfico, la obra de la casa, lastró su prestigio por escorarse a la derecha. ¿Se corregirá en la edición digital?

--Todo es perfectible. Se exageraron los errores. La polémica se exacerbó. Sus casi 50.000 entradas están escritas por 5.000 historiadores y en línea se podrá valorar la gran obra que es. Lo importante no son solo las grandes figuras, sino quienes han hecho cosas de mérito y son desconocidos. Es la más consultada en la Biblioteca Nacional y en digital separaremos los vivos de los muertos.

-Enseñó historia a Felipe VI. ¿Lo tendrá más difícil que su padre?

-Tendrá, seguramente, retos que no podemos ni imaginar. La historia no está marcada, no es determinista, y a veces ocurren cosas imprevisibles. Pero está preparado para afrontarlos.

-¿Cuál es la principal virtud del rey?

-Su empatía. Es una persona serena y que tiene criterio.

-¿Tendremos monarquía dentro de 50 años?

-Si es una monarquía parlamentaria como la de ahora, ¿por qué no? A veces hay confusión. No hablamos de monarquía absoluta, ni siquiera de monarquía constitucional. El problema no está en monarquía-república, sino en democracia-dictadura.

-¿La monarquía ha aprendido de sus errores?

-Por supuesto. Ha aprendido de la historia, a la vista está.

 

Catastrofismo endémico y leyenda negra

 

Iglesias alerta de la fragmentación de la enseñanza de la historia y las humanidades por cuestiones territoriales. «Cada autonomía cuenta lo que le parece», opina.

-¿Nuestra historia ofrece más motivos de orgullo o de vergüenza?

-Como en todos los países tenemos luces y sombras. Hay cosas realmente impresionantes, como el descubrimiento de América o la vuelta al mundo, pero no hay ganancias absolutas. Las cosas nunca son negras o blancas. Hay que asumir lo bueno y lo malo. Napoleón fue nefasto en muchos aspectos, pero envidio que los franceses supieran colocarlo en su Olimpo. Aquí desconocemos lo mejor que podemos tener. Tendemos a lo peor. John Elliot y los hispanistas critican duramente nuestra fuerte tendencia al catastrofismo, a pensar que lo nuestro es lo peor. Todo imperio genera una leyenda negra, pero nosotros la interiorizamos como propia.

-La corrupción asusta. ¿Somos un pueblo de pillastres, ladronzuelos y listillos?

-No. Claro que no. La corrupción está en la condición humana. Existe en todas las épocas, regímenes y países. Por eso es tan importante la educación en ética y valores. Es crucial que las instituciones, la justicia, la opinión pública funcionen para que no destruya el país, como ocurre en algunos países hispanoamericanos.

-¿Por qué la enseñanza de la historia le parece un desastre?

-La fragmentación de la historia y las humanidades es desastrosa. Una desgracia. Los chicos saben el trozo de río que pasa por su autonomía pero ignoran dónde nace o desemboca. Tenemos casos clásicos de absoluta tergiversación.

 

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