Sánchez Salorio alerta sobre la «proletarización» de los médicos

El oftalmólogo dará nombre al ciclo de conferencias anual de su especialidad


santiago / la voz

«La relación médico-enfermo es esencial y se acabará imponiendo, y todo acabará adaptándose a ese tipo de relación», afirmó Manuel Sánchez Salorio en la inauguración de un ciclo de conferencias que llevará su nombre todos los años, con que le homenajea la Sociedad Gallega de Oftalmología. Habló de Cambio de papeles en la función social del médico. Reflexiones desde una peripecia, y repasó en media hora desafíos que enfrentó la Medicina desde antes de Cristo.

«Ahora los enfermos no son del médico, sino de las compañías aseguradoras, que hasta hace poco valoraban más al médico, pero ahora quieren que sea un asalariado suyo. Hay un desafío y no ha aparecido la respuesta», indicó. Al finalizar el acto indicó que países como Suecia han introducido cambios en ese sentido, y que la clase media empieza a cuestionar si lo que cotiza toda la vida vale la pena y eso favorecerá «que una persona cuando enferma vaya a su médico, que la entienda».

«Vale la pena ser médico»

Destacó que la profesión médica es la más valorada socialmente en España, y «vale la pena ser médico, pero no sé cómo será seguir siendo médico». Recordó que salarialmente la profesión pasó de un nivel «medio-alto» a cada vez una mayor «proletarización», e incluso la comparó con la función que desarrollaban los esclavos que ejercían la medicina en la sociedad romana, un modelo «que no está tan lejano» del actual, dijo.

Desde que comenzó el sistema de Seguridad Social, los hospitales han concentrado cada vez más talento, poder y tecnología. «Todo el mundo quiere ir al hospital», pero creció tanto «que nadie sabe lo que hay que hacer. Le pasó como a los dinosaurios, «que les creció más el esqueleto que el cerebro, y el cerebro es el que se adapta cuando hay un cambio», dijo.

Salorio se quejó de que «nunca el poder ha hecho caso a lo que pueda decir un médico». Reprobó la consideración del hospital como una empresa, la salud como un producto o el paciente como un cliente, que calificó de «una locura total». Definió al hospital como «una empresa de servicios que no se sabe muy bien lo que es», y valoró que transformaciones que se intentaron, como la de Romay Beccaría o la de gestión clínica han fracasado.

«El médico que ve enfermos puede servir para la gestión o no», manifestó. Defendió como los dos principales logros en la sanidad española la organización de los trasplantes promovida por Rafael Matesanz, y el modelo de formación de especialistas Mir de José M. Segovia de Arana, con quien él colaboró en la docencia de oftalmología. Fueron dos avances de «médicos que ven enfermos, nada más», no se debieron a la Administración.

De cara al futuro, aconsejó «estar atentos para ver de donde saldrá la luz». Alertó que no se retroceda, pues «la solución que resuelva el reto actual no será la más antigua» y «donde está el peligro está la salvación. No hay que buscar soluciones nostálgicas, sino ver la salvación en lo que estamos viviendo».

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