Aquí se libraron mil batallas

El centenario de la I Guerra Mundial es el pretexto para descubrir una zona sorprendente


La Voz

Los caminos de la memoria: así se llama el vasto programa que la región Nord-Pas de Calais, el Norte de Francia, ha diseñado para conocer una zona en la que ha habido mil batallas en los últimos 20 siglos, pero sobre todo ha sido escenario principal de la Primera Guerra Mundial, de cuyo inicio se acaba de cumplir el centenario. Lo mejor es perderse, pero conscientemente: hay cuatro grandes itinerarios de 90 etapas. Los cementerios exquisitamente cuidados, inmortalizados por las amapolas del poeta John McCrae, aparecen a cada poco. Algunos lugares son imprescindibles. Junto al mar, la Costa del Ópalo, con el imponente cabo de la nariz blanca (Blanc Nez), por la tiza, a un lado, y Dover, ya Inglaterra, enfrente, a 38 kilómetros. Ahí se yergue el obelisco de la patrulla Dover. Más tiza: la cantera de Wellington, en Arras, impactantes y claustrofóbicos túneles visitables desde los que los aliados sorprendieron a los alemanes. Arras, reconstruida, plaza flamenca, merece al menos una tarde. En Lens, ciudad minera (dos grandes montañas que forman parte del paisaje son restos de carbón) está el museo Louvre-Lens. Un Louvre en pequeño, en el que recorrer la historia de la Humanidad atravesando la estancia, y que responde al concepto de democratización cultural: cultura accesible para todos, no solo para la capital. Y además, como respuesta a los tiempos de crisis.

Nuestra Señora de Loreto (Ablain-Saint Nazaire, cerca de Arras) es el cementerio militar por excelencia. Además, un símbolo: un enorme anillo recoge los nombres de los 600.000 fallecidos en la región en la Gran Guerra. Musulmanes y judíos tienen su propio espacio en un entorno sobrecogedor. Como también lo es el Sitio Histórico Nacional de Canadá en la Crête-de-Vimy: dos majestuosas columnas rodeadas de prados verdes en lo alto de un cerro que recuerdan a los 11.000 soldados canadienses caídos. Son muchos los países que tienen sus propios cementerios. El de Portugal, por ejemplo, incluye hasta una pequeña capilla de Fátima. En el alemán yacen 44.000 soldados. Cada uno merece una pausa reflexiva para pensar sobre el horror de la guerra leyendo los nombres y las edades de los que por ella murieron. Los entornos bucólicos, además, lo favorecen. O los informativos, como el museo de la batalla de Fromelles. Comenzó con el descubrimiento de restos y el tesón y el ADN se aliaron para «contar la historia, no solo descubrirla», dice el guía. Eran huesos, y ahora son fotos y biografías que ya nunca se perderán.

En Béthune, ciudad también reconstruida, como todas también con ese encanto de líneas flamencas, está el campanario que hizo célebre el filme Bienvenidos al Norte.

Lille es la gran ciudad del norte. Cómoda, andable, moderna, potente en lo cultural y lo científico, atrevida en el urbanismo. Muy bien comunicada, es el epicentro perfecto para llegar, ver y regresar. No solo a la región: a media Europa. Un gran punto de apoyo para describirlo.

Viajar al norte es sencillo. Air France tiene numerosos vuelos directos a parís desde Madrid y desde Vigo. Desde la capital, el TGV lleva a Lille en un suspiro. En la oficina de turismo de Francia en España están todos los datos. En Lille, si se puede (el capricho vale la pena) una buena opción es el Hotel Casino Barriere. Más al norte (Saint Nicolás), La Cour des Grands es un hotel con encanto y estilo. Y en Noeux-les-Mines, la Maison Rouge. Para conocer Lille, Lille Tourism.

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