La perfecta mesa de Nochevieja

Claves, ideas y las últimas tendencias en cuanto a decoración para vestir la mesa este Fin de Año y no caer en lo estrafalario


Redacción

Las Navidades se viven en torno a las mesas. Las de los restaurantes, frecuentados escenarios de encuentros y reencuentros en la recta final del año. La de la casa del pueblo, adonde todos vuelven. La del bar de la esquina, adornada con espumillón dorado. La de casa de mamá y papá. La de casa de sus padres. Incluso esa mesa del salón que hasta el 20 de diciembre estaba muerta de risa, llena de libros, llena de cosas por recoger. Y, entonces, empiezan a sonar villancicos, el árbol se ilumina en alguna esquina y sobre este mueble plano, rodeado de sillas, cae desdoblándose en el aire, con forma de globo, un mantel. Es el eje. El motor. El punto de encuentro. El imán navideño. A su alrededor, millones de personas celebran estos días un año más. Estar ahí, un año más. Pero ¿qué es el continente sin el contenido? Sobre ellas, corren los vinos y desfilan desde hace una semana exquisitos y elaborados menús, potajes de rancho, todo tipo de mariscos, pieles doradas de pavos asados, mazapanes, polvorones y turrones. Sin embargo, en los detalles no solo está la diferencia, también el buen gusto, sobre todo en el de preparar adecuadamente el marco del festín culinario. Que una mesa navideña, pongamos la de Nochevieja, se merece un poco de atención.

El arte de vestir la mesa

En primer lugar, la mesa tiene que reflejar la personalidad del anfitrión, a no ser que, aprovechando la ocasión, se haya decidido engalanar el escenario de la cena navideña siguiendo una temática concreta. Es el caso de las mesas de inspiración rústica, las mesas ecológicas o las mesas para niños. Las tendencias más clásicas apuestan por lo sencillo, materiales como la loza, la madera y el cristal. En este caso, las mesas suelen pedir manteles claros, sin ser blancos del todo; tonos crudos, tiza, hueso, con algún bordado o troquelado y servilletas a juego. Nunca estampados. Lejos las estridencias. Los colores lisos se combinan con inquilinos de diferentes volúmenes: copas y platos de distintas formas y tamaños. Se acompañan de velas -las rojas son las preferidas en esta época del año, pero las blancas le ganan terreno-, para acentuar la calidez del momento.

Más allá de este segmento tradicional, se encuentran los que han aceptado que en Navidad, y en la mesa, ya no existe lo establecido. Que las vajillas están más cómodas si se mezclan entre sí que si se combinan hasta el mínimo detalle; que, a veces, la ausencia es mejor que la saturación y que si se opta por esta última hay que hacerlo con todas las de la ley, compaginando todo tipo de vasos, platos, formas, colores y texturas.

La máxima «hazlo tú mismo» es la tendencia que, desde hace algunos años, más terreno ha ganado en las mesas navideñas. Lo artesanal se adueña de la decoración y no resulta extraño encontrar en las cenas de Nochevieja y en las comidas de Reyes centros elaborados de forma manual, portavelas hechos en casa, cartelería con caligrafía personal o servilleteros reciclados. Predomina la decoración vegetal, natural, sin ningún tipo de ornamento excesivo, heredera del diseño de interiores basado en muebles de madera cruda y sin pulir; se llevan los manteles de hule, tan rancios hasta hace unos años; las servilletas de papel; los platos de pizarra.

Otra línea estética apuesta por escoger un elemento que le de la vuelta a la mesa por completo: una vajilla pintada a mano, con motivos étnicos u orientales, por ejemplo; copas de colores; una mezcla de todos los juegos de mesa que haya en casa; platos dorados o, simplemente, un montaje minimalista al máximo. El objetivo es romper lo esperado, convertir a la mesa en protagonista.

Evolución de los preceptos asépticos antes citados de la decoración clásica y natural, la estética nórdica se postula este año como una de las grandes alternativas para adornar las mesas navideñas. Sencillez, mucho color blanco, mejor marfil, velas de todos los tamaños y elementos de la naturaleza. Se permite, además la licencia de introducir un color de contraste, como el dorado viejo o el verde.

Los que quieran engalanar todavía más sus comedores, pueden optar por una inclinación más sofisticada, a base de blancos y oros, muy recurrida este 2014. Su atractivo radica en un elemento, el papel o, en su defecto, el cartón. Los tonos metalizados le darán brillo y luminosidad a base de adornos nórdicos, salvamanteles y servilletas, portavelas forrados y bolas plateadas. Sin embargo, no es necesario recurrir a motivos invernales, a estrellas o a árboles para conseguir un resultado navideño y, sobre todo, acogedor. Las tendencias más recientes apuntan al menos es más, al juego de colores (el sencillo dúo rojo y verde ya es suficiente), a la presencia de piñas secas o ramas, al cristal más crudo. Prueba con algo que no se te había ocurrido incluir. Pero recuerda: siempre un bajo plato como base al resto de platos, tenedor de pescado y de carne a la izquierda, cuchillo y pala de pescado a la derecha, cuchara a continuación, cuatro copas por comensal (agua, vino tinto, vino blanco y cava) y, sobre todo, cubiertos, vajilla y cristalería sobre la mesa limpia como los chorros del oro.

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