La perfecta mesa de Nochevieja

La Voz REDACCIÓN

SOCIEDAD

Claves, ideas y las últimas tendencias en cuanto a decoración para vestir la mesa este Fin de Año y no caer en lo estrafalario

28 dic 2014 . Actualizado a las 22:05 h.

Las Navidades se viven en torno a las mesas. Las de los restaurantes, frecuentados escenarios de encuentros y reencuentros en la recta final del año. La de la casa del pueblo, adonde todos vuelven. La del bar de la esquina, adornada con espumillón dorado. La de casa de mamá y papá. La de casa de sus padres. Incluso esa mesa del salón que hasta el 20 de diciembre estaba muerta de risa, llena de libros, llena de cosas por recoger. Y, entonces, empiezan a sonar villancicos, el árbol se ilumina en alguna esquina y sobre este mueble plano, rodeado de sillas, cae desdoblándose en el aire, con forma de globo, un mantel. Es el eje. El motor. El punto de encuentro. El imán navideño. A su alrededor, millones de personas celebran estos días un año más. Estar ahí, un año más. Pero ¿qué es el continente sin el contenido? Sobre ellas, corren los vinos y desfilan desde hace una semana exquisitos y elaborados menús, potajes de rancho, todo tipo de mariscos, pieles doradas de pavos asados, mazapanes, polvorones y turrones. Sin embargo, en los detalles no solo está la diferencia, también el buen gusto, sobre todo en el de preparar adecuadamente el marco del festín culinario. Que una mesa navideña, pongamos la de Nochevieja, se merece un poco de atención.

El arte de vestir la mesa

En primer lugar, la mesa tiene que reflejar la personalidad del anfitrión, a no ser que, aprovechando la ocasión, se haya decidido engalanar el escenario de la cena navideña siguiendo una temática concreta. Es el caso de las mesas de inspiración rústica, las mesas ecológicas o las mesas para niños. Las tendencias más clásicas apuestan por lo sencillo, materiales como la loza, la madera y el cristal. En este caso, las mesas suelen pedir manteles claros, sin ser blancos del todo; tonos crudos, tiza, hueso, con algún bordado o troquelado y servilletas a juego. Nunca estampados. Lejos las estridencias. Los colores lisos se combinan con inquilinos de diferentes volúmenes: copas y platos de distintas formas y tamaños. Se acompañan de velas -las rojas son las preferidas en esta época del año, pero las blancas le ganan terreno-, para acentuar la calidez del momento.

Más allá de este segmento tradicional, se encuentran los que han aceptado que en Navidad, y en la mesa, ya no existe lo establecido. Que las vajillas están más cómodas si se mezclan entre sí que si se combinan hasta el mínimo detalle; que, a veces, la ausencia es mejor que la saturación y que si se opta por esta última hay que hacerlo con todas las de la ley, compaginando todo tipo de vasos, platos, formas, colores y texturas.