Diez conceptos que aprendimos a la fuerza en el 2014

Términos y expresiones que difícilmente conocerás si llevas un año en coma

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Un 99,6% de las abuelas dicen, al menos unas 200 veces en su vida, esa sabia frase de «no te acostarás sin saber una cosa más». Ahora que ya nos hemos acostado unos 360 días del 2014, podemos decir con certeza que hemos incorporado a nuestro conocimiento un buen número de palabras y expresiones que en diciembre del 2013 solo manejaba un grupo selecto de la población. ¿Buenas noticias? En realidad.... no tanto. Podríamos (algunos incluso desearíamos) vivir sin ellos, pero este año nos hemos cansado de escucharlos y nos han perseguido allá donde íbamos. Aquí va un repaso por diez términos que solo le sonarán extraños si se acaban de despertar tras 12 meses en coma.

Abdicar

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Campechano como es nuestro exmonarca y todavía rey aunque ya sin trono, Don Juan Carlos quiso dar el campanazo este 2014 y nos enseñó que abdicar, al igual que dimitir, es un verbo que se puede llegar a conjugar. Y para ello, claro, abdicó. Fue un momento histórico, el fin de una etapa y un ejmplo de relevo generacional pero... ¿qué aprendimos? Pues básicamente que abdicar es un concepto de sangre azul para lo que se conoce coloquialmente como pasar el marrón, eso sí, preferiblemente a un hijo varón casado y con hij@s por si las moscas (también llamadas Podemos). Y así, sin cuestionarse nada más allá de la vestimenta de la nueva reina, España pasó del «juancarlismo» al «felipismo», o lo que es lo mismo, del rey campechano que cazaba elefantes por error al rey supuestamente austero que, al menos, habla inglés decentemente (algo que en este país, sí que es histórico).

Casta

En buen momento se le ocurrió al omnipresente Pablo Iglesias acuñar el termino de casta para referirse a todos esos entregados y altruistas políticos que nos llevan gobernando, como buenamente pueden, desde hace décadas. Al líder de Podemos, al que también le está gustando golfos como sinónimo, se le vino encima un ola de constantes ataques por parte de ese PPSOE al que se ha propuesto «asaltar». Ofendidos y muy preocupados, los aparatos de los partidos tradicionales se han puesto a trabajar duro para demostrar que no son casta y que si casualmente muchos hermanos, cuñados, sobrinos y resto de parentescos desde el primer hasta el duodécimo grado ocupan cargos de responsabilidad, es por una cuestión de méritos. Y no les falta razón, porque tiene mucho mérito tener que compartir mesa en Navidad con algunos de los políticos de este país.

Ébola

Enfermedad casi desconocida para el común de los mortales hasta este año. Poco sabíamos del virus hace 12 meses, excepto Walter White, Jesse Pinkman y el Discovery Channel.

Ahora, exceptuando a Ana Mato que sigue enterándose de lo que puede a través de la prensa, todos podríamos recitar de memoria el protocolo de actuación, los días de incubación y las medidas que deben tomar las personas que estuvieron en contacto con un posible positivo. Hasta un niño de 3 años sabría ponerse un traje protector sin necesidad de un máster (como diría el exconsejero de Gambazos, Burradas y Meteduras de Pata de la Comunidad Madrid) y siguiendo las sencillas explicaciones de Mariló Montero.

El Legado do Tibu

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Un 99,6% de los gallegos con Facebook han visto este año como sus contactos han hecho el ridículo por no pagar una mariscada. La culpa la tiene un tal Tibu al que se le ocurrió la genial idea de montar una cadena de nominaciones que acabó salpicando, nunca mejor dicho, a media Galicia. La otra media, la que denominaríamos como listillos, se negaron a hacer semejante tontería y entonaron esa gran fase de: «la mariscada te la va a pagar tu madre». Los del Legado del Tibu fueron meses duros, pero hay teóricos que aseguran que fue esta pandemia líquida la que convirtió el 2014 en uno de los años con menos incendios en Galicia. De hecho, fue tal el éxito que incluso los yanquis hicieron un remake y obligaron a cientos de famosos a mojarse para recaudar fondos para la enfermedad del ELA. Eso sí, se cargaron la mariscada y los americanos solidarios que se mojaban era para no tener que apoquinar dinero para la causa. ¿Alguien entiende algo?

Hipster

Hay gente rara y después están los hipsters. Nunca entenderé eso de querer estar guapo pareciendo un mendigo y, mucho menos, lo de gastarse tanto dinero en esas prendas vintage que, en realidad, son las que los pijos de los 90 tiraron a los contenedores de reciclaje. Dicen los entendidos en el mainstream (otro gran concepto del 2014) que se está acercando el fin de este clan de barbudos, gafotas y despeinados. Volverán a recluirse en un pequeño barrio de Brooklyn y los gurús de la moda se inventarán una nueva tendencia para que en el 2015 nos vistamos como unos payasos, llevemos los tobillos al aire en invierno y llevemos abrigos de piel en verano. Mientras tanto, ya pueden irle buscando utilidad a esos gorros de lana que no cubren toda la cabeza, esos jerséis con más bolas que los árboles de Navidad y esas gafas del «Un, dos, tres». De momento, no quemen las camisas de cuadros porque el leñador podría ser el nuevo hombre de moda. Lo que no me ha quedado tan claro es si las mujeres van a ir vestidas de Caperucita o de abuelita.

Meme

Twitter ha descubierto que en España hay demasiado potencial desperdiciado. La generación mejor preparada para reírse de lo que ocurre en el mundo está en el paro y tiene demasiado tiempo libre. De ahí que hayan surgido los memes, esas ocurrencias/disparates que empiezan a circular por Twitter cuando Aguirre tiene un «incidente» con unos agentes de movilidad o cuando la Pantoja cambia la bata de cola por el traje de rayas. El nombre, según dicen en esa siempre fiable fuente que es la Wikipedia, se le ocurrió a un zoologo, que nunca podría haber imaginado la fauna que se iba a martirizar con su invención. Hemos llegado a un punto en que la noticia es lo de menos, lo importante es bucear por los chistes fáciles que se le han ocurrido a la gente en Twitter, Facebook y en esos grupos de WhatsApp que por defecto tenemos silenciados. El mundo 3.0 es así y habrá que asumir una nueva verdad: que una realidad no te estropee un buen meme.

álbum

Postureo

Si eres uno de esos mayores de treinta años al que le han inculcado que la clave para triunfar es el esfuerzo, ya puedes dejar de leer porque nunca entenderás este concepto. La nueva filosofía que está abduciendo jóvenes (algunos incluso de cuarenta y cincuenta) tiene una única máxima: la cuestión no es ser feliz, es aparentar que eres el más feliz del mundo para que tus contactos en las redes sociales (alguno incluso es amigo) te digan todo lo que te envidian y lo bien que vives. Básicamente se trata de ser una Paris Hilton de la vida aunque el champán sea de marca blanca, las gafas de sol sean una imitación del chino y tengas que hacer ocho fotos para conseguir meter barriga, sacar pecho y forzar un culo respingón al mismo tiempo. La cosa no queda ahí. El postureo es también esa extraña enfermedad que hace que la gente cuelgue fotos de sus hamburguesas gourmet, que se vaya a tomar cafés con leche de soja y un cupcake a una cafetería al estilo neoyorkino y que solo se beban sus gintonics si están servido en copa, cuanto más grande mejor. Cuidado, se extiende con facilidad y antes de llegar al 2016 se calcula que un 32% de las fotos del DNI ya serán selfies haciendo ese odioso gesto de la V.

Running

Hasta el 2014, la gente salía a correr o, como mucho, iba a hacer footing. Pero eso se acabó. Ahora hasta el más inútil y torpe es un runner y tiene en su casa todos los artilugios necesarios para poder saber cuántas pulsaciones alcanza cuando no le aguanta el ritmo al vecino del segundo, ese que tiene veinte años más. De repente todo el mundo corre, incluso cuando llueve y el agua moja sus perfectas indumentarias sin costuras y que algunos incluso combinan con el color de las zapatillas. Y es que, volviendo al anterior concepto, en el running también hay mucho de postureo. Decatlhon ha hecho mucho daño y no me refiero solo a sus jerséis polares. Han enterrado el concepto voy a correr con la camiseta roñosa y unos pantalones cualquiera que encontré por casa. Ahora se necesita un armario específico para tener toda la ropa de hacer deporte (los conocidos por las blogueras de moda como sport outfits), porque como todo el mundo sabe, no se puede ir a correr e ir al gimnasio con el mismo pantalón de chándal.

Selfie

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Hasta la RAE ha tenido que asumir, amigovios aparte, este nuevo concepto endemoniado. Ha pasado de ser la palabra de moda al terror de las redes sociales. Hay teóricos del Derecho Penal que ya proponen introducir el selfie como atenuante en determinados casos de violencia. Las autofotos, desde las que te haces para fardar de haber coincidido con un famoso hasta los que simplemente cuelgas en el Facebook para lucir palmito, deberían estar, como mínimo, reguladas. Debería haber un máximo permitido por ley o algún tipo de penalización a aquel que básicamente dedica su tiempo libre a hacerse estas fotos y martirizar a sus amigos.

Tarjeta black

Dicen que desde que saltó el escándalo de las tarjetas black en Caja Madrid, ya nadie recurre a las Mastercard. Sus anuncios de «y para todo lo demás» ya no tienen sentido. Ahora se llevan las tarjetas opacas, esas en las que puedes cargarle a tu empresa los gastos de tintorería, unas copas con los amigos y la última adquisición de tu colección de arte sacro. ¿Dietas?, ¿quién dijo dietas?... Las tarjetas de empresa en Caja Madrid sirven incluso para comprar ese regalo de última hora a la parienta en el 24 horas más cercano o las botellas de compromiso para todos esos cargos (casta) que hacen que uno siga como consejero. Es muy sencillo, compras un iPad (por supuesto con la tarjeta black) en el centro comercial más cercano, descargas la canción de «Money, money»y a partir de ese momento haces lo que te da la gana. Un consejo más, si el barco se hunde acuérdate de hacer unas cuantas visitas al cajero más cercano para tener un poco de «cash» en casa.

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