Radón, ese enemigo que se cuela en casa

Entre el 3 y 5 % de las muertes por cáncer de pulmón pueden achacarse en Galicia a este gas. Un estudio de la USC establece además una relación con el cáncer de esófago


Esta semana la Asociación Ecologista Arco Iris instó a la Xunta a elaborar un plan contra el gas radón. Se registró una petición en la Consellería de Sanidade para realizar las actuaciones necesarias que minimicen los efectos nocivos de este gas. Y es que el radón está presente en los suelos gallegos en una proporción muy superior al de otras comunidades autónomas. Y su riesgo para la salud está más que constatado, hasta el punto de que hay una relación demostrada entre su presencia en el subsuelo y el cáncer de pulmón.

¿Qué es el radón? Un gas radiactivo, que en sí mismo no produce daño porque tiene una vida media de 3,8 días. Pero algunos de sus componentes, como son el polonio 214 o el polonio 218, tienen una vida media muy corta, por lo que cuando respiramos se desintegran e impactan en las células del epitelio del pulmón, pudiendo llegar a producir cáncer. Quizás por ser una zona de elevada presencia de radón, en Galicia se han realizado numerosos estudios sobre él. De hecho, la Universidade de Santiago tiene su propio Laboratorio de Radón de Galicia, que dirige el profesor Juan Barros Dios y pertenece al grupo de investigación en epidemiología y salud pública de la USC.

El sustrato geológico de la comunidad gallega provoca que haya una elevada presencia de radón, ya que procede de la desintegración del uranio, y el granito es una roca con alto contenido en uranio. Pero cuando se habla de la relación entre granito y radón, el profesor de Medicina Preventiva de la USC, Alberto Ruano, ve necesario hacer una aclaración que muchas veces se confunde, es completamente diferente una casa asentada en zonas graníticas que otra hecha de granito. El principal aporte viene del subsuelo, no del material de construcción. Es decir, un edificio hecho de otro material puede tener una concentración elevada de radón si está en un subsuelo rico en uranio, y una casa de granito puede no tenerlo. Los estudios realizados indican que, en general, el material de construcción puede aportar, como mucho, hasta un 15 o 20 % de la concentración total de radón en una vivienda.

El radón está relacionado con el cáncer de pulmón, hasta el punto de que es el principal factor de riesgo después del tabaquismo, y el primero en nunca fumadores. Eso sí, a mucha distancia. Pero esta distancia no puede hacernos relativizar su importancia, porque produce más riesgo de cáncer de pulmón que el tabaquismo pasivo. En Estados Unidos, las muertes por cáncer de pulmón cuyo origen se asocia al radón residencial superan a todas las que producen los cánceres de hígado y vías biliares. En Galicia las cifras no son menos preocupantes, entre el 3 y el 5 % de las muertes por cáncer de pulmón pueden achacarse exclusivamente a este gas, y si se combinan con el tabaco este porcentaje sube al 25 %. Hay además una interacción entre radón residencial y tabaco, hasta el punto de que las posibilidades de que un fumador desarrolle cáncer de pulmón se elevan hasta 73 veces, si en su vivienda hay una concentración de radón muy elevada.

¿Cáncer de esófago?

Los investigadores del grupo de Ruano hicieron también un estudio sobre la posible incidencia del radón en el desarrollo del cáncer de esófago. Cuando el Centro Nacional de Epidemiología elaboró un estudio sobre este tumor en el año 2007, los investigadores gallegos observaron que municipios con mayor mortalidad por este tumor tenían elevadas concentraciones de radón residencial. Se inició entonces un estudio tratando de establecer una relación entre los municipios con mayor mortalidad y los que tienen mas concentración de radón. Los datos confirmaron esta relación, pero «no es un estudio a nivel individual, sino municipal. Es decir, podría existir una relación, pero habrá que demostrarlo con estudios metodológicamente más rigurosos que incluyan sujetos individuales», explica Ruano.

Aunque no hay investigaciones que concluyan si hay personas con una mayor predisposición a sufrir cáncer de pulmón por la presencia de radón, sí se han publicado artículos que reflejan que podría haber una influencia de causas genéticas. «Otra de las líneas de investigación que nos gustaría abordar -apunta el profesor de la USC- es si las mujeres que se han dedicado tradicionalmente a ser amas de casa tienen una mayor incidencia de cáncer pulmonar por la mayor exposición a radón», explica Ruano. Este trabajo tiene una base lógica ya que hay estudios que reflejan mayor incidencia de cáncer de pulmón en mujeres que nunca han fumado, por ejemplo en la provincia de Ourense. «Es cierto que en estos casos también puede influir la tipología de la vivienda, porque las casas con sótano son más proclives a la presencia del radón; influye también la antigüedad; la altura, porque en teoría hay más radón en un primero que en un quinto; o incluso el hecho de que algunas casas tradicionales tengan zonas de tierra, donde el radón puede penetrar más fácilmente al no existir ningún tipo de barrera», explica Alberto Ruano.

Los científicos lo tienen claro. Las administraciones no están tomando las medidas necesarias para evitar la exposición al radón. En Irlanda se declaró un problema de salud pública y se realizaron miles de mediciones para conocer la concentración del gas de manera detallada por zonas geográficas. A partir de ahí se exigieron unas condiciones técnicas en los nuevos edificios y en las zonas de elevada concentración de radón una doble protección. Es según el profesor una protección que ni siquiera exige una gran inversión en infraestructuras «una plancha de cierto material en el basamento del edifico sería suficiente, siempre que se coloque adecuadamente». Lamenta que en el 2006, cuando se hizo el nuevo código técnico de edificación, y pese a las presiones para que se incluyese el radón en estas condiciones, no se tuvo en cuenta. «Se está trabajando en un nuevo código y se está haciendo presión, esperemos que se incluya» Y es que las medidas de eficiencia energética que incorporan ahora los edificios pueden elevar incluso la presencia del radón al hacerlos más estancos, según un estudio que publicó la revista médica British Medical Journal.

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