«Un superviviente del ébola perdió a 34 familiares, pero ayuda cada día en el centro»

Dice que reciben menos casos, pero en área rurales de Liberia es difícil actuar y no conocen el alcance real de la epidemia


redacción / la voz

Regresó agotado de Monrovia y descansa en Manresa tras pasar por el mayor centro de tratamiento de enfermos de ébola de Liberia, el Elwa 3 de Médicos Sin Fronteras (MSF), donde atendieron a más de 1.450 infectados. Durante 21 días informará de su temperatura, pero no tiene miedo al virus.

-¿Es verdad que el ébola avanza más lentamente en África?

-Los datos muestran cierto descenso (en Elwa 3 tenemos ahora 80 camas ocupadas de 250), pero hay que tomarlos con precaución y no es excusa para relajarnos. Puede que bajen en las zonas urbanas porque la gente se haya concienciado y no toque los cadáveres, se lave las manos y acudan a los centros con los enfermos, pero en las zonas rurales, donde vive la mayoría de los cuatro millones de habitantes, es muy difícil actuar, y no sabemos. La OMS baraja que los casos reales sean incluso el doble o el triple de los contabilizados.

-¿Qué es lo que se necesita?

-La respuesta a la epidemia sigue siendo claramente insuficiente. Porque apenas se hace el seguimiento de los contactos que han tenido los enfermos, falta labor de sensibilización... el ébola lleva el pánico y paraliza los centros de salud. Por eso la mortalidad será mucho más alta por otras enfermedades que por el propio ébola. A Monrovia llegan el Ejército de Estados Unidos o los chinos con sus centros pero hay que volver a poner en marcha la sanidad local. Nosotros vamos a abrir una maternidad en Sierra Leona y luchamos contra el cólera o el sarampión. En estos países la esperanza de vida no supera los 40 o 50 años...

-¿Cómo se vive en la zona cero?

-Sin miedo. Tengo a mi lado a una hija de dos semanas y a otro hijo de tres años. Estuve con un superviviente que había perdido a 34 miembros de su familia y está muy comprometido con el centro. Viene cada día, a pesar del estigma que sufren los supervivientes. Es importante para animar a los que están ingresados. Los liberianos ven que los extranjeros ayudan y ellos son los primeros en hacerlo. Tenemos a 800 trabajando allí, pagándoles un salario.

-Un veterano como usted, ¿esperaba este brote?

-Llevo 15 años en MSF como especialista en medicina tropical y este brote es de una gravedad sin precedentes, inmensamente mayor que cuando estuve en Uganda como responsable de emergencia donde atendimos 20 casos y contuvimos el virus. Por eso la campaña Stop ébola. Hay zonas de suburbios con gente hacinada y sin agua y saneamiento en que la epidemia es terrible. Hemos distribuido 40.000 kits de protección que incluyen cosas básicas como agua, lejía, guantes, un cubo y un pequeño pulverizador. El ébola mata a la gente que cuida al otro. Técnicamente no es complejo, pero en África hay muchas carencias.

-¿Quién sobrevive? ¿Los jóvenes?

-Los más jóvenes suelen salir, aunque no los niños. De 1.184 pacientes con ébola en Elwa 3, habían sobrevivido 324. A falta de medicamentos contra el virus, podemos hidratarlos y quitarles el dolor. Solemos internar pacientes que se recuperan junto a otros que van peor, para animarlos; y de la misma forma, juntamos a niños que tienen padres junto a otros ya huérfanos.

-¿Y que hay de la desconfianza en los trajes y la creencia en que el virus es un «demonio» importado o un experimento de EE. UU.?

-Desconfían menos pero es difícil cambiar ciertos comportamientos. Tenemos que quemar los cadáveres, y eso está muy mal visto allí. Es una muerte mala, aislada. Escribimos nuestro nombre en el traje y te acaban conociendo pero hay distancia física. El médico intenta empatizar con el paciente, que nadie sufra, pero no es fácil.

-¿Aprueba las repatriaciones de infectados como los misioneros?

-Absolutamente. Hicieron frente a la epidemia y, aunque se fueran a morir, tienen derecho a hacerlo en su casa, con su gente. Y tras esos casos y el de Teresa, ahora hay equipos entrenados para enfrentarse a casos reales. El Gobierno español debería desplegar en África más medios, como hacen los cubanos, por ejemplo. Y habilitar un aeropuerto en Canarias para conectar con esos países.

-¿Cómo ha viajado usted?

-Con una aerolínea marroquí.

-Pues se instaló el miedo y peligra la Copa africana de fútbol...

-Marruecos tiene una sanidad mucho más preparada que la de los países del ébola, y no creo que le llegue el virus.

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