Yayo Daporta: «Hubiese pasado con alegría una tarjeta "black"; el problema es para el que paga»

Devoto de las ostras, apuesta por las vieiras para empezar con un menú gallego


Redacción / La Voz

Yayo Daporta (Cambados, 1975) es el juez implacable de Top Chef (Antena 3). Charlamos con él de gastronomía, para saber si un bogavante con Nocilla es cocina de autor o una cochinada. Y de la tele, claro, pues hay 3 millones de espectadores que siguen su programa con devoción.

-Dígame qué desayuna un cocinero que es estrella de la tele y estrella Michelin.

-Me levanto tarde y luego almuerzo temprano, así que mi desayuno es ligero: zumo de naranja, yogur y café.

-Bueno, al menos por horario podría ser usted periodista. ¿Está cómodo en «Top Chef» o le cuesta meterse en el papel?

-Tal vez los primeros días se me hicieron raros, pero luego no. La gente que tienes detrás de la cámara te hace sentir cómodo. Al final son colegas, así que nada de nervios.

-Pero parece más duro ser jurado del programa que lidiar con un inspector de Michelin.

-Al inspector, normalmente, no lo ves. Y si digo la verdad, probar y calificar los platos de los concursantes es lo más fácil para un cocinero, porque lo haces todos los días. Me cuesta más presentar una prueba de otro tipo; lo que tiene que ver con la tele.

-¿Y qué ve un chef en televisión, aparte de «Top Chef».

-Poca cosa, la verdad, porque la enciendo al acabar el trabajo, sobre la una de la madrugada.

-¡Uf! La teletienda y poco más.

-No, hombre, no [ríe]. Me engancho a algún informativo..., el programa de Buenafuente. Y sigo Cuéntame, que es historia viva. El lunes tengo más tiempo.

-Parece que ustedes, los cocineros mediáticos, están rentabilizando esta moda televisiva.

-Sí, claro. Los cocineros estamos rentabilizando estos programas. Después de nueve años de trabajo, en mi restaurante he conseguido una clientela, pero eso tiene un límite. Tal vez las cien mil personas que leen las guías. En la tele te ven 3 millones por programa. Es otra dimensión. La gente te conoce más y el restaurante tiene más clientes.

-¿Y le han pagado ya con alguna tarjeta «black»? Se han financiado opíparas mariscadas.

-Pues no, aquí en Galicia, por desgracia no las conocemos [bromea]. La hubiese pasado con alegría, que el problema es para el que paga con ellas.

-Sigamos con el marisco: ¿es usted de percebe o de cigala?

-Ostras, camarones y nécoras. Por ese orden. Si me pregunta más tarde, a lo mejor cambio.

-Pues sugiéranos un menú con producto gallego.

-Primero, vieira. Después, un pescado al vapor con un pilpil de ajada, y un cocido, claro. De postre, crema de Queixo Tetilla con espuma de membrillo.

-Todo un clásico. Porque con esto de la cocina de autor, a alguno se le ha ido un poco la pinza, ¿no cree?

-Depende. Cada vez tenemos cocineros mejor formados, que saben bien lo que hacen.

-Pero, por ejemplo, ¿un bogavante con Nocilla es cocina de autor o una cochinada?

-Una guarrindongada. Pero, bueno, a lo mejor habría que catarlo, aunque no suena muy bien. ¿Lo ha probado?

-No he tenido el placer, pero le damos una oportunidad.

-Creo que ni eso.

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