«Íbamos en un coche de la OMS por Lagos y algunos nos escupían»

Durante un mes analizó las muestras de posibles pacientes nigerianos en uno de los dos Laboratorios Móviles Europeos instalados en el país africano


redacción / la voz

Miedo. Esa es la gran diferencia que detectó César Muñoz Fontela, investigador gallego especialista en fiebres hemorrágicas, en su última estancia en África, de donde acaba de regresar a Hamburgo, donde trabaja. Lleva años viajando al continente para estudiar el ébola y la fiebre de lassa, pero este año en Lagos (Nigeria) se dio cuenta de que el brote de ébola, a pesar de lo controlado que estaba en el país, ha cambiado muchas cosas.

-En Nigeria la epidemia está muy controlada [hubo 8 muertos y 21 contagiados y no hay casos nuevos].

-Sí. Al principio estaba muy controlada, porque se localizaron enseguida a las personas que estuvieron en contacto con el paciente cero del país [Patrick Sawyer, liberiano residente en Estados Unidos cuya hermana tenía ébola en Monrovia, y él hizo escala en Nigeria, donde fue hospitalizado]. Esos primeros pacientes se aislaron, pero dos de estas personas se escaparon de la cuarentena, una se fue a la ciudad de Enugu y el otro a Port Harcourt; esto último preocupó especialmente a la OMS porque como su nombre indica, es un puerto, y eso supone más posibilidades de expandir el virus. Pero creo que se actuó muy bien, con dos laboratorios, en Port Harcourt y en Lagos, que recibíamos las muestras muy rápido y eso creo que ayudó a controlar el brote. Los médicos nos mandaban las muestras y en pocas horas teníamos el resultado [para detectar el ébola se usa el sistema PCR, que detecta el genoma viral en la sangre en 3 a 4 horas].

-¿Qué diferencia hay entre Nigeria y Liberia, donde el brote parece estar descontrolado?

-El Gobierno de Nigeria esperaba que en cualquier momento les llegase un paciente, y se controló muy bien. En Sierra Leona-Guinea-Liberia empezó el brote y las fronteras son muy permeables, con tribus que cruzan de una parte a otra. Además, hay más revueltas civiles en general, y el sistema está desbordado: por ejemplo, nosotros analizamos cada día 5 muestras de sangre mientras que al laboratorio europeo en Guinea llegaban 50 o 60 diarias.

-¿Qué aprendió de la epidemia?

-En esta ocasión he aprendido lo complicado que es lidiar con el miedo. En Nigeria ha muerto gente en la calle, o en la sala de espera de un hospital, porque determinados médicos no quisieron atenderlos y cuando nos llegaron las muestras vimos que padecían tifus o malaria. Es algo que me parece moralmente inaceptable, porque si uno es soldado tal vez algún día le toque ir a la guerra, ¿no? La verdad es que me sorprendió el miedo que hay. Yo suelo ir a África para trabajar sobre el virus de lassa [una fiebre hemorrágica similar al ébola] pero la sensación era muy diferente, lo conocen y está dentro de su cultura. No me había sentido nunca rodeado de tanto miedo; por ejemplo, íbamos en un coche de la OMS, con los distintivos de la OMS, y alguna gente nos escupía... ¡Pero la verdad es que estoy deseando volver!

-¿Qué le aporta África?

-Yo trabajo con los virus en un laboratorio P4 [máxima seguridad biológica, hay menos de dos decenas en el mundo] en Hamburgo, pero aquí ves que aportas un granito de arena. Trabajar con una fiebre hemorrágica en África te permite ver que lo que haces tiene impacto en la gente, porque ahora el ébola está de moda, pero las compañías farmacéuticas, que van a ganar una millonada, no daban un duro por estas enfermedades hace un año. No son enfermedades que estén en los titulares, pero ocasionan muchísimos problemas.

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