España: 26 misioneros, 2 muertos por ébola

El brote de ébola localizado en África occidental solo se ha cobrado la vida de dos occidentales, y ambos son españoles, a pesar de la escasísima presencia hispana en esa zona de África

Un sanitario charlaba con Manuel García Viejo a su llegada a Torrejón el pasado 22 de septiembre.
Un sanitario charlaba con Manuel García Viejo a su llegada a Torrejón el pasado 22 de septiembre.

redacción / la voz

Miguel Pajares y Manuel García Viejo. Son los únicos misioneros occidentales muertos en el brote de ébola de África occidental, una zona del continente que tiene muy escasa presencia española, solo 26 religiosos de media docena de órdenes (salesianos, religiosas de Jesús María, hermanos de la Salle, hermanos de San Juan de Dios, agustinos recoletos, javerianos y maristas).

Hasta el momento, han sido ocho los occidentales repatriados -además de un senegalés llevado a Alemania, y que se curó- y dos de ellos todavía reciben tratamiento -una enfermera francesa de Médicos sin Fronteras desde hace un par de semanas y una persona no identificada en Atlanta-. Eso supone que cuatro personas que volvieron a su casa sí se curaron del ébola, mientras que dos (los sacerdotes españoles) no lo consiguieron.

En África hay unos 100.000 misioneros extranjeros, pero solo 1.600 son españoles. La mayor parte están en la República Democrática del Congo (y solo son 191), Guinea Ecuatorial (130), Mozambique (125) y Camerún (121).

¿Qué explica la sorprendente estadística de muertes? La edad y el estado general de salud. Miguel Pajares tenía 75 años, padecía tifus, problemas cardíacos y renales; Manuel García Viejo, con casi 70, había quedado muy tocado por la malaria. Ambos llevaban décadas viviendo en África, en condiciones higiénico-sanitarias muy precarias y en contacto directo con la parte más pobre de una sociedad ya de por sí miserable.

Misioneros más saludables

Las dos únicas personas con un currículo ligeramente parecido a los españoles, y que se curaron del ébola, son Nancy Writebol y Rick Sacra. La primera es la enfermera que voló a Atlanta pocos días antes de la llegada de Pajares a Madrid. Ella tiene 59 años y lleva 14 trabajando en África, uno en el hospital Elwa de Monrovia, donde se contagió. Cuando cayó enferma pensó como todos que lo suyo era malaria, que ya había tenido un año antes, y el primer test le dio positivo en paludismo; como no respondía al tratamiento, se hizo el test del ébola; se trató con ZMapp.

Rick Sacra, por su parte, ha sido el último en curarse, en Nebraska. Con 51 años, este médico lleva 20 años trabajando esporádicamente en Liberia, aunque desde hace una década vive allí. En su país recibió, cada noche, una dosis de un fármaco experimental (no se ha confirmado, pero parece ser TKM) y dos transfusiones de sangre de un compatriota que ya había superado la enfermedad, Kent Brantly.

Precisamente este joven médico (33 años) fue el primer extranjero en enfermar, en el mismo hospital que Nancy Writebol. A pesar de su juventud ha trabajando en Uganda, Haití y Tanzania (mientras hacía el MIR) y llevaba meses en Monrovia. Antes de partir a Atlanta, donde recibió ZMapp, le hicieron una transfusión de sangre de una persona que había superado el ébola catorce años atrás.

El último de esta lista de europeos curados es William Pooley, enfermo británico de 29 años que ya piensa en volver a Sierra Leona, donde se infectó. Tratado también con ZMapp, ya ha prestado su sangre para ayudar al norteamericano que se recupera en Emory (Atlanta).

La sangre, el «fármaco» milagro

Lo cierto es que la sangre de pacientes curados podría convertirse en el fármaco milagro a la espera de las vacunas experimentales, que llegarán a principios de año, según informó ayer la OMS.

El llamado suero convaleciente se usaba en el pasado como profilaxis contra la hepatitis A y la rabia y la primera vez que se aplicó contra el ébola fue en el brote de 1976, cuando un investigador se infectó accidentalmente en Reino Unido. «Existe un plan para recoger suero en lugares donde podamos identificar a los supervivientes y donde las condiciones sean adecuadas», dijo ayer a DPA Margaret Harris, portavoz de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y un portavoz de la Universidad de Oxford confirmó que el suero convaleciente figura en una lista de tratamientos que serán ensayados a corto plazo en África Occidental en el marco de un proyecto de la fundación caritativa Welcome Trust.

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