«Sorprende la simplicidad del virus, tiene solo siete genes pero nos gana casi siempre»

El ferrolano deja momentáneamente un laboratorio de alta seguridad para trabajar en Nigeria


redacción / la voz

César Muñoz Fontela es un ferrolano de 39 años que acaba de viajar a Nigeria para en un proyecto sobre la fiebre de Lassa y en paralelo se encargará de realizar en el Laboratorio Móvil Europeo diagnósticos de ébola en personas con síntomas de la enfermedad. Por supuesto, intentará «aprender todo lo que pueda de la respuesta inmune en estos pacientes», su campo de trabajo en Hamburgo. En Alemania, adonde llegó tras investigar en el hospital Mount Sinai de Nueva York, trabaja en uno de los quince laboratorios que hay en el mundo con máxima seguridad biológica y dirige el centro de Virus Emergentes en el Instituto Heinrich Pette, donde estudia al causante de la enfermedad sino también cómo responde el sistema inmunológico del ser humano ante su ataque.

-Lo que parece preocupar más a los europeos es la posibilidad de que el virus se extienda por Occidente traído por un viajero.

-Todos los países occidentales tienen protocolos para tratar casos de enfermedades infecciosas importadas. En el pasado ha habido casos de viajeros que han traído fiebres hemorrágicas muy parecidas al ébola a países europeos, y en todas las ocasiones se han evitado epidemias simplemente poniendo a los pacientes en aislamiento, que es donde además pueden recibir el trato médico adecuado. Hay que recordar que el ébola no se transmite por el aire como la gripe y que se requiere contacto directo con fluidos de personas infectadas.

-El virus lleva cuarenta años activo. ¿Por qué ahora se ha descontrolado tanto, solo porque cambió de zona? ¿o podría haber una de esas tan temidas mutaciones?

-Es verdad, la cepa de ébola causante del brote actual nunca había aparecido en África occidental. El desconocimiento de la enfermedad y el miedo asociado a ella ha hecho que muchas personas hayan rechazado o evitado acudir a los centros médicos. Además, el brote empezó en una zona rural de difícil acceso y fronteriza entre tres países, lo cual ha contribuido a la diseminación del virus.

-En sus investigaciones, apuesta por suprimir el sistema inmune del paciente y añadir un fármaco antiviral para que combata mejor el ébola. ¿Por qué funcionaría? ¿Se podría extender a otras fiebres hemorrágicas?

­-Bueno, las ideas en ciencia son consecuencia del propio trabajo y del de otros colegas a nivel internacional. Una característica común que conocemos de las fiebres virales hemorrágicas es que el sistema inmune del paciente se descontrola y acaba por contribuir a la enfermedad en sí. Uno de los objetivos principales de mi laboratorio es estudiar los mecanismos básicos de la respuesta del sistema inmune al ébola y otros virus altamente patogénicos. Creemos que si entendemos las bases fisiológicas de esta respuesta, en el futuro seremos capaces de conservar aquellas características de la respuesta inmune beneficiosas y suprimir aquellas que son malas para el paciente. La estrategia sería combinar este tipo de inmunoterapias con fármacos que ataquen al mecanismo replicativo del virus. Creemos que este tipo de terapia podría aplicarse a otras enfermedades virales altamente patogénicas como la fiebre de Lassa o la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. De todos modos, aún tenemos mucho que aprender de los mecanismos básicos de la respuesta inmune a estas enfermedades.

-¿Qué le sorprende más del virus?

-Su simplicidad. Estamos hablando de un organismo que tiene siete genes comparados con los 30.000 del ser humano, y que aún así nos gana la batalla casi siempre.

-No tiene miedo al viajar a África, lo ha hecho en varias ocasiones, pero con esta epidemia no es será lo mismo, ¿o sí?

-Bueno, esta claro que es un poco diferente. Hemos tenido casos de violencia contra los trabajadores sanitarios, desconfianza, y en general una situación de pánico en zonas afectadas. Como dice ya he ido más veces, pero esta es mi primera epidemia de ébola, así que no se muy bien aún cómo me voy a sentir; por ahora solo puedo decir que está todo bien pero se nota el miedo en la gente. Espero que todo se normalice cuando empecemos a trabajar.

-La OMS determinó una alerta internacional y acto seguido anunció una vacuna para el 2015. ¿No parece muy obvia esta cadena de hechos?

-Yo no voy a juzgar las acciones de la OMS, pero es importante recordar que hay ya cuatro países africanos afectados, con cuatro ministerios de salud diferentes. Estoy seguro de que es una labor titánica lidiar con toda esa burocracia. En cuanto a la vacuna, desde hace años hay vacunas en desarrollo así como otros tratamientos que hasta el momento no han pasado de ensayos preclínicos. Me parece una noticia excelente que la OMS vaya a fomentar la evaluación de vacunas en ensayos.

-La vacuna, cuando la haya, ¿se podrá aplicar? Porque hay vacuna para muchas cosas (por ejemplo, el rotavirus, las diarreas infantiles) pero millones de niños siguen muriendo por no acceder a ellas ni a una higiene mínima.

-Sí. Sin duda será complicado hacer una campaña de vacunación en todas las regiones susceptibles, que ahora mismo incluye zonas rurales de varios países de África central y occidental. La buena noticia es que algunas de las vacunas y terapias en desarrollo han demostrado eficacia post-exposición, es decir, una vez que el individuo está ya infectado. De confirmarse esta posibilidad en humanos simplificaría enormemente el tratamiento, ya que se podrían tratar pacientes en el contexto de una epidemia. En cuanto a la accesibilidad de las vacunas, me plantea un tema político y no científico. Como ciudadano y como científico espero que se pongan todos los medios para hacer los posibles tratamientos contra el ébola accesibles allí donde realmente se necesitan que es en África.

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