Carlos Slim, de jira campestre en Avión

La primera fortuna del mundo descansa en casa de su amigo Olegario Vázquez

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Carlos Slim ya está en Avión El magnate mexicano, Carlos Slim, se aloja unos días de vacaciones en Ourense

Ourense / La Voz

Oculto por carpas y cristales tintados, poco quedaba ayer del campechano Carlos Slim que el pasado año se dejaba ver por las calles del municipio de Avión y hasta echaba una partida de dominó en el bar Moncho con otros vecinos de la localidad. El secretismo y el mutismo ante la casa de Olegario Vázquez Raña, anfitrión del hombre más rico del mundo en Ourense, contrastó con la algarabía, las sonrisas y los posados de citas anteriores. Dicen que al gallego no le gusta que Avión dé una imagen de pueblo de ricos, que eso no es lo que desean transmitir ni él ni los demás vecinos.

Quizá por eso nadie salió de su casa hasta poco antes de las dos de la tarde, y cuando lo hicieron fue en una furgoneta de cristales tintados. El destino, Rodeiro, a pocos kilómetros de la capital del municipio, para participar en una jira campestre en honor a san Esteban. Y con charanga incluida, que deleitó a Slim y al resto de la comitiva. Pero no fue una romería al uso. Los camiones del cátering ocupaban parte de la calzada junto a Porsches, Mercedes y otras marcas del estilo, que ya indican que los hijos de la emigración han regresado a casa.

Carlos Slim disfrutó del convite hasta las siete de la tarde, momento en que se retiró de nuevo -la furgoneta se acercó hasta la carpa- y desapareció de la vista de los periodistas.

Durante todo el día fue continuo el movimiento en casa de Vázquez Raña: jardineros perfectamente uniformados arreglaban setos, mientras las limpiadoras entraban y salían de la casa (muchos de estos trabajadores son mexicanos). Y a su lado, instaladores de carpas, empleados de supermercado y otros operarios se afanaban por dejar todo perfecto, porque, entrada la tarde, llegaron más invitados a la casa, quizá para compartir un aperitivo antes de la cena.

Slim repite cita en Avión para descansar y se quedará por lo menos hasta el domingo, cuando se celebrará la fiesta grande, en honor a san Roque. Las calles de la villa empiezan a engalanarse con luces, pero los verdaderos indicios de celebración son las casas abiertas, los bares llenos y, lo quieran o no, los coches de alta gama aparcados en sus calles. Todos saben que está Slim. Pocos lo vieron. De momento.

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