Magaluf, ¿la nueva Sodoma?

Medio millón de británicos pasan por sus calles cada año atraídos por las orgías etílicas y sexuales


La fiesta se ha convertido con el paso de los años en una de las señas de identidad de España. El turismo, nuestra principal industria, se ha valido de esta mágica asociación para sacar rédito económico de este tópico internacional. Poco a poco, nuestras costas se han ido poblando de extranjeros, bien jubilados de países como Francia, Alemania o Reino Unido o visitantes que quieren disfrutar del turismo de sol y playa que tan bien vendemos. Y fiesta. La fiesta que no falte.

Sin embargo, las fiestas de la jet set marbellí han ido dando paso al desmadre generalizado de sexo y alcohol. Cada vez son más las localidades de la costa mediterránea, como Magaluf o Palmanova, que, con tal de hacer crecer la caja, se prestan para organizar macrofiestas que, además de alterar la tranquilidad de los vecinos, contribuyen a convertir las calles de estos municipios en auténticos «botellódromos». A los jóvenes la jugada les sale redonda. Pueden cogerse un avión en su país a última hora de la tarde del viernes con la entrada de la discoteca de turno y la cama en un hotel que muchas veces no pisan por un precio que aquí cuesta -por no decir que es imposible- encontrar. Esa noche «duermen la mona» en la playa y, al día siguiente, avión de vuelta a su país. Lo peor de todo es que el cerebro de la juventud de la Europa noroccidental parece que está programado para, nada más salir del país, desconectar las funciones de moralidad y autolimitación. La cuestión es disfrutar a toda costa.

Desmadre generalizado

Si tuviésemos que ejemplarizar ese exceso, serviría con dar un único nombre: Calviá. Este municipio mallorquín alberga varias localidades en las que la fiesta reina a cualquier hora del día. Es un enclave turístico, pero no de esos en los que uno piensa para ir a descansar. Sí, hay sol y playa, un dato que, a la vista de lo que allí sucede, es meramente anecdótico. Dos de sus núcleos, Magaluf y Palmanova, son el epicentro de una diversión muchas veces mal entendida. En lo que va de año, ya han echado a 107 turistas de sus hoteles. Ciudadanos extranjeros que pasan a engrosar una lista negra que, de seguir así, tendrá que editarse con lomo.

Desfase en Magaluf

Pero si un lugar de la costa española ha cobrado protagonismo por encima del resto, ese es Magaluf. Los medios de comunicación de España y de Reino Unido no paran de mencionar el nombre de esta localidad en las últimas semanas. Y nunca es por nada bueno. Todo empezó por la filtración de un vídeo en el que una joven irlandesa de 18 años practica sexo oral con 24 hombres a cambio de una consumición, una nueva moda que ya tiene nombre. Es el mamading, que también ha permitido rebautizar a la localidad con el nombre de Mamaluf, o Shagaluf en su versión inglesa.

Orgías etílicas y sexuales

Medios británicos como el Sunday Times o el Daily Star ya se han hecho eco de lo que sucede en este rincón del Mediterráneo. Sus reporteros cuentan en primera persona lo que allí vieron, que no es otra cosa que ruido permanente, calles rociadas de vómitos, compatriotas bailando desnudos y algún empresario usurero tratando de estafar a algún turista. Alguno de ellos tuvo incluso la mala suerte de ser atacado por un miembro de la seguridad de un local, que le roció con gas pimienta solo por querer contar lo que allí pasa. Más de un millón de británicos pasan al año por este lugar, y lo más sorprendente de todo es que lo siguen haciendo, en parte atraídos por esas orgías etílicas y sexuales de las que tanto hablan sus medios de comunicación.

Lo que muchos jóvenes obvian es la otra parte de la historia. Quitando la diversión y el hecho de que el coste de la misma es mucho más asequible que en su país, en Magaluf se producen altercados que acaban cada noche con algún extranjero en la Unidad de Cuidados Intensivos, ya sea por una intoxicación etílica, que es lo más frecuente, o por una lesión fruto de un accidente o una pelea. Precisamente, las peleas son una de las causas más comunes de expulsión de turistas en los establecimientos hosteleros de la localidad, que además, por lo general, producen importantes daños materiales al local en cuestión. Esta misma semana, 18 vecinos tuvieron que ser desalojados de un edificio de apartamentos, después de que en uno de ellos se declarase un incendio que, según la Guardia Civil, pudo ser provocado por una extranjera que manipulaba un espray con un mechero.

Balconing y otros excesos

El pasado viernes, un turista de 22 años se precipitó al vacío desde una altura de cinco metros. El resultado fue una lesión medular como consecuencia de una ingesta excesiva de alcohol. Días antes, el martes, otros dos extranjeros, de 20 y 22 años, también sufrieron heridas de diversa consideración por este mismo motivo. Los siniestros se produjeron en dos hoteles de Cala Ratjada (Mallorca) y Playa d'En Bossa (Ibiza), a los que hay que añadir el accidente que costó la vida a un ciudadano danés hace una semana que se precipitó desde el cuarto piso de un hotel. ¿Saben en dónde?. Pues sí, en Magaluf.

Turismo de borrachera

El turismo de borrachera es un recurso que deja importantes beneficios en nuestro país. Se calcula que los ciudadanos británicos que visitan Mallorca dejan alrededor de 800 millones de euros al año y los hosteleros, conscientes de ello, no quieren dejar pasar ese tren. Tampoco los turoperadores. El 46 por ciento de los turistas que llegaron a España desde las islas británicas el pasado año lo hicieron con un paquete de «todo incluido». El ocio nocturno se ha convertido en un arma de doble filo para la imagen de España. Por un lado, mueve ingentes cantidades de dinero que contribuyen a sanear las maltrechas arcas públicas de nuestro país, pero lo hacen a costa de ensuciar su imagen turística. Un dato revelador es que, de los 60 millones de turistas que visitan España cada año, una quinta parte lo hacen atraídos por su ocio nocturno, un aspecto que lidera las estadísticas de Turespaña. Este organismo midió cuáles son los conceptos que el visitante asocia inmediatamente a la marca España. Las respuestas más repetidas fueron, por este orden, el ocio, el turismo, la fiesta y la gastronomía, lo que dibuja claramente el perfil de visitante en el que nos hemos especializado.

Algunas localidades turísticas y las propias instituciones públicas han decidido tomar cartas en el asunto ante el grave deterioro que viene sufriendo en los últimos años nuestra imagen turística. Por ello, acordaron poner en marcha una campaña de comunicación para apelar a un turismo más responsable y con otro tipo de perfil. En este sentido, ayuntamientos como el de Lloret de Mar, en Girona, que se dio a conocer a través de los medios de comunicación extranjeros y que en los nacionales tuvo su ración de protagonismo en 2011 tras una batalla campal entre los visitantes y las fuerzas del orden, ha conseguido darle la vuelta a la tortilla aprobando una nueva ordenanza cívica que regula la conducta en los espacios públicos.

Esta es, quizá, la línea a seguir por los municipios que quieran apostar decididamente por un turismo de calidad, dejando de lado el del «todo vale».

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