Francisco incluye en su séquito a un rabino y un líder musulmán, en una pirueta diplomática

La Voz

SOCIEDAD

24 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Como el papa ha querido centrarse en el encuentro que celebrará con el líder ortodoxo ha salido un programa de viaje «breve, pero intenso». Ratzinger, por ejemplo, estuvo una semana. Es la raíz de muchos problemas de agenda. Por ejemplo, no habrá reuniones con representantes de otras religiones. Bergoglio lo ha paliado con una iniciativa sin precedentes, pero imaginativa, toda una pirueta diplomática: en todo el viaje le acompañan, como parte del séquito papal, un rabino y un líder musulmán de Argentina, amigos suyos. «Busca un equilibrio total», ha confesado el rabino, Abraham Skorka. El otro protagonista es Omar Abboud, miembro del Instituto del Diálogo Interreligioso de Buenos Aires.

Como era de esperar, pese al exquisito tacto puesto en la organización, hay reproches para todos los gustos. Uno de los principales, curiosamente, es de los propios cristianos. Tras la misa a celebrar en Ammán solo habrá otra en Belén, en una plaza pequeña, como mucho preparada para acoger a 10.000 personas, y con los graves problemas de acceso a la ciudad por los vetos de movimientos de Israel. En Jerusalén no habrá ni una misa y esta vez el Papa no va a Galilea, donde residen más cristianos. Es más, en la ciudad vieja de Jerusalén habrá toque de queda y Francisco se cruzará con apenas cuatro gatos. Solamente 1.200 personas, casi todos religiosos, podrán asistir a los diversos actos previstos. Al margen de esto, la inédita visita al monte Herzl para depositar unas flores, en honor del fundador de sionismo, ha levantado ampollas entre los palestinos, mientras luce como un triunfo para los israelíes. Y el patriarca maronita libanés ha sido amenazado por Hezbolá por ir a Israel, país enemigo.